En ‘Casos reales’ la dramaturga no busca una verdad absoluta, ni siquiera jurídica, sino una más humilde, construida desde la observación y no desde la rotundidad de lo probado Leer
En ‘Casos reales’ la dramaturga no busca una verdad absoluta, ni siquiera jurídica, sino una más humilde, construida desde la observación y no desde la rotundidad de lo probado Leer
En pocos recintos hallamos una representación más completa de la sociedad y de la condición humana como en un tribunal. Allí se dan cita los distintos órganos del Estado frente al individuo para buscar algo tan sencillo como inalcanzable: un rayo de verdad. Ante ese escenario, como si de un teatro se tratara, un público compuesto por familiares, amigos, conocidos, periodistas y curiosos presencia el combate de dos relatos enfrentados: el de la defensa y el de la acusación. Un duelo de palabras que manifiesta percepciones impares.. La dramaturga Yasmina Reza (París, 1959) lleva más de una década acudiendo a estas salas para observar casos tanto mediáticos como ordinarios: estafas, asesinatos, delitos sexuales o de odio. Su fascinación no es accidental; Francia posee una tradición en disecciones judiciales tanto en el cine (Anatomía de una caída, El caso Goldman, Presunción de inocencia o Saint Omer) como en la literatura (V13 de Emmanuel Carrère). En este libro -dedicado a dos grandes nombres de la crónica judicial francesa: Pascale Robert-Diard (Le Monde) y Stéphane Durand-Souffland (Le Figaro)- se rinde homenaje a esa estirpe.. Traducción de Regina López Muñoz. Alfaguara. 216 páginas. 20,90 € Ebook: 8,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Quien se acerque al nuevo título de Reza esperando un libro de impresiones puramente procesales, lo encontrará solo en parte. En esta suerte de crónicas sintéticas de juicios comunes y mediáticos, primero aporta los datos básicos y luego se desvía hacia el entorno y la personalidad de los implicados a partir de lo que allí se dice y se aprecia.. En su condición de escritora, Reza goza de una libertad más amplia que el periodista de tribunales. A veces reproduce fragmentos de los interrogatorios o expone las pruebas más claras, para luego demorarse en la descripción de atuendos, el físico y los rasgos psicológicos de los personajes del drama: en el receso de una vista, la inmovilidad de un joven acusado, al reunirse con su madre, le recuerda las «estatuillas color escarcha» de los Jardines de Luxemburgo, explorando «el mismo vacío lejano». O un gánster con perfil bajo le evoca una escena de El padrino 2 por su «combinación de hortera y catetismo ascético».. Lo que late es la oscuridad del alma, como cuando se asoma al abismo de una mujer que asesina a su marido de un tiro en la sien, recordando que una pareja es una «formación social que se afana en callar o deformar su realidad», y acerca de la violencia de género señala que el exceso de exposición actual puede llegar a deslumbrar; se detiene en la tragedia de una madre, superada por los cuidados a una hija impedida y un marido bipolar, que decide poner fin a sus días y a los de la menor, describiendo esa resolución como una idea confusa que nace de «noches sin dormir». Incluso analiza al seductor sesentón de las redes cuyas víctimas no lloran la deshonra de haber creído en un avatar falso, sino «la ausencia de milagro».. Casos reales no se agota en los tribunales. La autora intercala microcapítulos personales ambientados en París y Venecia, estampas azarosas, recuerdos y anécdotas intrascendentes que conforman una meditación agridulce sobre la muerte y el paso del tiempo. No somos tan distintos unos de otros, viene a decir.. Lo que une estos momentos fugaces con los juicios es el concepto tras su título original: Récits de certains faits. Los «relatos» no buscan una verdad absoluta, ni siquiera jurídica, sino una verdad más humilde, construida desde la observación y no desde la rotundidad de lo probado. Y son solo algunos, certains -y no faits certains, esto es, hechos indudables-, escogidos por su carga humana o poética.. Esta esencia conecta con lo que Roland Barthes definía como el «relato total» de los faits divers: hechos cotidianos que, al terminar en tragedia, se entienden por sí solos como universos cerrados en que la explicación última se nos escapa. En ellos se esconde el pulso de nuestras obsesiones; el orden bajo el que vivimos es, en realidad, muy quebradizo. Como dijo Delibes, «las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así».
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