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Cuando aparece el fotógrafo, Los Chunguitos están calientes. Tienen unos cuantos chascarrillos todavía por contar. Se mueven como un sonajero, llevan la estela del soniquete. Visten unos abrigones juveniles rellenos de plumas y por las zapatillas blancas sube, como el vapor en un respiradero del Metro, la obsesión que alimenta la nueva etapa. Los cuidados, un brillo, la apariencia fresca, tratan de poner un dique de actitud y estilismo al paso del tiempo. También hay deporte. Taíno -«a mí me pusieron taíno porque tenía el pelo zaíno, como los toros», comenta Jose Salazar- sube la pierna a la altura de la cámara. «Bruce Lee», dice Jere, al que le pusieron Jere por su padrino, un jerezano. Juan Salazar lleva el sobrenombre de Machote. Solo se ha tocado «un poco» la nariz. ¿Machote? «Porque pesé siete kilos cuando nací», justifica. «No exageres», corrije Taíno. «O seis. A mí madre le dijeron ‘ha tenido un machote’. Pues Machote».. A la salida de la cafetería Jere prueba su pasado karateka. Tensa el cuerpo. En tres movimientos, afila el aire con puñetazos de salón.. El 19 de febrero tocan en Las Ventas. Presentan dos cosas. La reaparición de Los Chunguitos como un trío otra vez y un disco con las canciones de toda la vida acompañados de otros artistas conocidos. En este caso, el puñado de feats es un peregrinaje hasta el altar de la canción española, del flamenco por otros medios, el chispazo de una boy band gitana. «Juan Magan, Omar Montes. Omar Montes es mi sobrino, como yo le digo. India Martínez. María Peláe. En el concierto estará Omar Montes y más sorpresas», hablan entre los tres. Así llevan la conversación. Alternándose, interrumpiéndose, apostillándose, contestándose.. 20 años después, Los Chunguitos han vuelto.. -Una piedra en el camino/ me enseñó que mi destino/ era rodar y rodar -canta Taíno-.. -Esa ranchera es muy famosa – confirma Jere-.. -Pero las rancheras me gustaban como las cantaba Rocío Durcal, Dios la tenga en su Gloria. Si no las cantaba ella, a mí no me gustaban -añade Machote-.. Los Chunguitos comparten una palmera de chocolate. Jere pellizca el pastel. Es el primo de los hermanos Salazar. En 1982 sustituyó a Enrique, que murió de cáncer en el mejor momento del grupo. Un año antes pusieron la banda sonora a Deprisa deprisa, la actualización quinqui del neorrealismo italiano, una película de Carlos Saura. «Mira, Carlos Saura escuchó 40 canciones y nos eligió a nosotros. Le gustábamos. Fue la canción ganadora en el festival de Berlín», aclara Juan Salazar. «La película Deprisa deprisa nos dio un subidón. Nos conoció todo el mundo. La fama es buena si la sabes llevar. También es peligrosa si no la sabes llevar como tienes que llevarla. A nosotros no se nos suben las cosas a la cabeza. Estamos dabuti. Normales. Cuando fuimos al estreno de Deprisa deprisa la gente nos comía», comentan entre los tres.. El Jere tuvo otro cáncer. Y salvó aquel matchball con la vida. «Desde entonces no fumo. Mira, yo le dije al Señor ‘te prometo que ya no fumo más’. Me recuperé del cáncer. Y desde ese día no he vuelto a fumar. Antes nos habíamos fumado Sevilla, Vallecas y Badajoz». Los tres recuerdan su último pitillo. «Llevo también 30 años sin beber. En la playa de la Carihuela tiré el cigarro. Hice así», cuenta Machote, «y ese fue el último». El día a día de Los Chunguitos es, más o menos, así. «Desayuno. Me voy a entrenar. Hago deporte. Andar por el parque una horita. Levantar pesas. Fumar es criminal. Mira cómo está Sabina. Me encanta, eh, pero que no puede cantar. Te quema la garganta. La voz. Vas cumpliendo años. Ya tenemos una edad. Nos vemos bien. Hay gente que tiene nuestra edad y parece nuestro padre. Entre los tres juntamos 200 años. Lo que vale aquí es la cabeza. Como tengas mal la cabeza, estás mal. Y si te cuidas se nota en el pelo y en la cara», dice la hidra.. El nombre de Los Chunguitos lo puso el padre. Iban pasando el platillo por la calle Echegaray, por la calle Victoria y por El Corte Inglés de Sol. La historia es de sobra conocida por cualquiera que haya tarareado Me quedo contigo: Los Chunguitos surgieron de la nada, como todos los talentos espontáneos. «Obrero no iba a ser. O arquitecto», comenta Machote. «Si hay que poner un ladrillo lo pongo», añade Taíno. «Pues se cae el ladrillo», contesta Jere. «Le pongo Pegolán», vacila Taíno. «Era inevitable cantar porque nos nace de dentro. Aprender se puede aprender, pero falta chispa». No tratan de disimular su desprecio por quienes, cuando cantan, suenan a guiri. «Como no lo lleves dentro no vales para nada. Cuando te pare tu madre ya tienes que nacer con ello. No hemos estudiado nada. Ni falta que hace».. La canción Me quedo contigo estaba dirigida a una chica. Cómo no. El fondo de su discografía esconde otras canciones, también dirigidas a chicas, pero no precisamente de amor. «Te voy a contar una cosa», suelta Juan Salazar, Machote. «Me quedo contigo la escribí pensando en una chica, pero El amor la hizo bella me la pidió una chica a mí. No es muy conocida esta canción». Jose, su hermano, no está muy seguro de lo que va a contar. Escucha preocupado. «Era una chica fea», continua Juan. «Así de claro. ‘Nunca he estado con nadie’, me decía. ‘A ver si me puedes hacer una canción. Escribí El amor la hacía bella. Dice Estaba siempre triste y vivía acomplejada/ porque al nacer tenía defectos en la cara».. La letra de la canción queda suspendida. Los Chunguitos, a pesar de parecer tan adaptados a los vericuetos de los autocuidados y la promoción televisiva, pertenecen a los 80. De hecho todavía están allí. «Madre mía. Fue una de las épocas más bonitas que ha visto España. Había mucha gira. La gente era diferente. Se vivía más tranquilo. No había nada. Ni móviles. Se vivía más la música que ahora. Porque la gente se llevaba a su corazón las canciones. Se identificaban con ellas. Ahora se canta sin sentimiento. Y se vivía mejor antes. Estoy convencidísimo». Los tres participan en el chute de nostalgia. ¿Pero maldad ha habido siempre, no? «Ahora todo el mundo quiere dinero. Robar, robar y robar. Y envidias. El mundo está desfasado. Es un desastre. Hay que tener cuidado por el centro de Madrid. Antes dejabas el coche abierto con el casette y todo y no pasaba nada, ahora te quitan hasta los tornillos».. Quizá Los Chunguitos gozaran de una protección extra en aquella época. Quizá han idealizado un momento donde todo les iba bien. Quizá tienen muy visto el presente. «Hace tres años fuimos a Nueva York. Nos montamos en el helicóptero, pasamos por el río Hudson. Es una pasada. Madre. Viendo la estatua de la libertad allí», comenta Taíno. De paseo por Brooklyn tomó una de esas decisiones que se toman en Brooklyn: «Fui a bautizarme. Nos pusieron a todos de blanco. Parecían ángeles. Mi hermano Juan empezó a llorar. Lo sentí así. Quería bautizarme allí».. El mundo es que está fatal. Los Chunguitos no lo ven claro. «Llegará un momento en que llegará Dios y nos llevará con él. Amén». Jere da cuenta del Apocalipsis. Establece dos momentos diferentes del final que llama Arrebatamiento y Gran Tribulación. «Hay que decirlo claro. Me tendrían que dejar de presidente. Un gitano de presidente. ¿No ha sido presidente un negro, por qué no puede serlo un gitano?».
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