El fuego de su nueva novela, ‘En todo hay una grieta y por ella entra la luz’, está, como siempre, en el tono, pero también en el asunto, algo así como el daño colectivo procedente de un aluvión de sufrimientos individuales Leer
El fuego de su nueva novela, ‘En todo hay una grieta y por ella entra la luz’, está, como siempre, en el tono, pero también en el asunto, algo así como el daño colectivo procedente de un aluvión de sufrimientos individuales Leer
Cada vez que leo un nuevo libro de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975), me quedo convencido de que ése va a ser el que prefiera para siempre entre todos los suyos, y debe de ser porque en cada uno de ellos da un paso más audaz y autoexigente en su insólito camino narrativo, aunque lo cierto es que casi todo lo que caracteriza su obra, y que lo convierte en una de las personalidades más enigmáticas y lúcidas de la actual literatura en español, estuvo allí desde el principio.. Esa identidad creativa suya no es algo que él vaya descubriendo o conquistando sino, como mucho, desplegando, ya que era más bien el punto de partida. Se trata de una amplitud, más que una ambición, que está en su naturaleza, y que tiene algo de urgencia tranquila, de ímpetu sereno. Algo que necesita fervientemente ser dicho, pero sin prisa, de forma siempre pensativa y a veces incluso obsesiva.. Anagrama. 232 páginas. 18,90€ Ebook: 11,99€. Puedes comprarlo aquí.. Los libros que se propone Pron, deliberadamente difíciles, son de alguna manera libros que no se dejan escribir, que se resisten, pero al final se imponen y se dan con una fuerza tan grande como la de su aparente naturalidad. Y si bien estamos acostumbrados a leer libros con mucho corazón a los que sin embargo les falta alma, proyectos bienintencionados pero sin verdadero tejido literario, a los de Pron podría sucederles lo opuesto, pues los rodea una especie de frialdad extraña que después queda totalmente desmentida, un aire como extranjero y casi arisco que acaba convertido en calidez.. El fuego de su nueva novela está, como siempre, en el tono, pero también en el asunto, algo así como el daño colectivo procedente de un aluvión de sufrimientos individuales. El espíritu post-pandémico, la confusión climática, las migraciones desesperadas, Donald Trump no como síntoma sino como símbolo, o las cosas que eran buenas y que necesitábamos una vez que han pasado por toda suerte de corrupciones, pillajes y abaratamientos dan cuerpo impreciso a una novela armada sobre digresiones. Y esa estructura, vertebrada en notas al pie, la hacen, supongo, difícil de leer en un dispositivo electrónico, lo cual bastaría para que me cayese bien.. El Nueva York que se retrata aquí («no está bien iluminada», «no es exactamente un sitio, sino una velocidad»…) recuerda mucho al de Teju Cole en Ciudad abierta: es esa misma salmodia, esa prosa alucinada y sublime que tan bien ejerce de banda sonora de nuestro inerte tiempo, tan lleno de posibilidades como de miedo, duelos y frustración.
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