A María Pujalte la hemos visto convertida en implacable detective, en una presa que casi la lleva a ganar el Goya, en camarera de piso de un hotel de lujo, de periodista, hasta de abogada, pero será ahora en Antena 3 cuando los espectadores la podrán ver en el papel de una jueza «un tanto oscura» y con «un camino muy peculiar», del que la actriz no quiere hablar demasiado, no se vaya a descubrir el pastel que esconde la magistrada.. Seguir leyendo
Tras el éxito en Atresplayer llega a Antena 3 Perdiendo el juicio, una serie en la que lo que parece a primera vista cambia rápidamente con el paso de los capítulos. No es una ficción judicial ni María Pujalte es una juez normal. «No puedo hablar mucho de ella, pero desde luego tiene un camino muy peculiar», asegura la actriz
A María Pujalte la hemos visto convertida en implacable detective, en una presa que casi la lleva a ganar el Goya, en camarera de piso de un hotel de lujo, de periodista, hasta de abogada, pero será ahora en Antena 3 cuando los espectadores la podrán ver en el papel de una jueza «un tanto oscura» y con «un camino muy peculiar», del que la actriz no quiere hablar demasiado, no se vaya a descubrir el pastel que esconde la magistrada.. Pujalte, que sabe muy bien cómo desviar los tiros de los periodistas, juega al despiste durante la entrevista. Intenta quitar importancia a su personaje en Perdiendo el juicio, la serie de Atresmedia y Boomerang TV que, tras su éxito en Atresplayer, llega esta noche a Antena 3, asegurando que es «un papel pequeñito», que «tampoco tuve que preparármelo mucho» y que el verdadero intríngulis de la serie está en la abogada Amanda Torres, protagonizada por Elena Rivera.. Tiene razón, Amanda es la protagonista y sobre la que gira esta ficción, un drama jurídico que narra el momento en el que Amanda, una prestigiosa abogada, sufre un grave estallido de su TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Además, le sucede durante un importante juicio. A partir de ese momento, su carrera cae en picado y tendrá que afrontar nuevos retos y, prácticamente, una nueva vida. Este es el punto de partida, en el que en parte tiene mucho que ver María Pujalte. Pero la serie se aleja en cada episodio de las ficciones judiciales a las que el espectador está acostumbrado para adentrarse en las piedras que todo ser humano tiene que sortear cada día en su vida.. «No es una serie judicial al uso», afirma Pujalte, e insiste: «No es una serie donde tú tengas que hacer un personaje, que tengas que informarte muchísimo de lo que es el procedimiento judicial. De hecho, cree que se trata más de todos los problemas psicológicos de la protagonista. Todos sabemos cómo son las series judiciales porque las hemos visto muchas veces, pero Perdiendo el juicio está en otro universo», sentencia.. Tanto es así que María Pujalte reconoce que, para sumergirse en el papel de la juez Paloma, tuvo que partir de cero, pues la actriz «nunca» ha estado en un juicio «ni tampoco he estado cerca de un tribunal». No estaba familiarizada con nada de este ambiente y solo sabía que «los jueces imparten justicia». Tampoco le hacía falta mucho más gracias, como ella misma reconoce, a los guiones de Javier Holgado, Susana López Rubio y Jaime Olías, pues «estaba todo claro desde el principio».. «El guion te dice el tono en el que quieren contar la historia, la información que quieren dar y lo que quieren mostrar del personaje», asegura. Vuelve María Pujalte a jugar al despiste: «Además, para empezar, mi intervención es muy pequeña. No tienes que hacerte una preparación, aunque…»; y vuelve a poner la miel en los labios: «Aunque es impactante». «Un poco locura», sentencia a continuación. Se refiere María Pujalte a ese guion que «alejará bastante a los espectadores de la realidad».. Se podría decir que la juez Paloma es la excepción que confirma la regla en la magistratura, aunque es solo una pequeña pieza de un puzle en el que el dibujo final lo traza el papel de Elena Rivera. María Pujalte lo explica con la imagen tan siempre recurrente del mazo que, además, en esta serie juega un papel muy importante. «Es verdad que a los guionistas les gustaba que diera con el mazo, pero en realidad ese recurso está al servicio de lo que es el martilleo interior que vive Amanda. De lo que le cuesta a ella seguir adelante con su vida, de sus problemas mentales… Creo que el mazo tiene que ver con la sensación interna del personaje. Y, bueno, que la juez Paloma es bastante mandona», asegura entre risas. Para empezar, «yo me informé y el mazo no se usa», añade.. La actriz María Pujalte.DAVID RAMÍREZARABA PRESS. La historia de Amanda en Perdiendo el juicio, aunque llevada al extremo con su trastorno obsesivo compulsivo (TOC), es la historia de los límites a los que puede llegar cualquiera en un momento de su vida. Amanda era una abogada brillante, que formaba un exitoso matrimonio-empresa con César, pero su vida descarriló de un día para otro cuando, en pleno juicio, se le disparó un trastorno obsesivo compulsivo. Tras ello, decidió retirarse a una casa en el campo, pero la detención de su hermana, acusada de asesinato, le obliga a salir de su letargo.. Desde ese momento se convierte en una apestada de la profesión y no le es nada fácil volver a encontrar un trabajo, en parte por ese episodio oscuro y, en parte, porque no es sencillo convivir ni trabajar con sus continuas manías. Amanda no quiere abandonar la abogacía y se ve obligada a aceptar una oferta de trabajo en un decadente bufete muy alejado de sus expectativas, el que gestiona Gabriel (Manu Baqueiro), donde comparte casos con un grupo de profesionales en horas bajas que nada tienen que ver con los estirados abogados con los que estaba acostumbrada a tratar y entre los que se encuentra su exmarido (Miquel Fernández). Esta es la trama central de Perdiendo el juicio: tres abogados, dos de ellos que «han tocado fondo y que se reconocen en su desgracia», y un caso que se abrirá y cerrará en cada capítulo.. «Una misma historia la puedes contar en el género de la comedia, del drama, del melodrama, de la comedia extrema… Cualquier cosa puede ser contada desde muchos tonos». Entre medias, en cada capítulo, decenas de historias y un eje común que se mantiene en toda la serie y que es el caso de asesinato en el que está involucrada la hermana de Amanda. Es Pujalte la que asegura que «a los actores nos gusta jugar» y que hasta lo más dramático o lo más cómico «se puede contar». «Una misma historia la puedes contar en el género de la comedia, del drama, del melodrama, de la comedia extrema… Cualquier cosa puede ser contada desde muchos tonos y quería que Perdiendo el juicio fuera así», dice. Es decir, una serie «de consumo» en la que se pudiera «mezclar a la vez el suspense con la comedia».. Es imposible, dado el papel que desempeña en la ficción de Atresmedia, no preguntarle por lo que sintió al ponerse la toga, subirse al estrado y juzgar, aunque no fuera real. Pujalte se pone medianamente seria, esquivando de nuevo los disparos de, tal vez, las preguntas no tan cómodas. Le preguntamos por la justicia, por cómo se vio en el papel de juzgar a alguien. Pujalte no lo duda al contestar: «Es mucho más difícil ser juez que actriz. No todos estamos preparados para juzgar. El problema, además, es cuando alguien se dedica a hacer algo para lo que no está capacitado. Eso es lo difícil y es lo grave. Los jueces son gente muy preparada, que estudia mucho y que tienen un ejercicio de profesionalidad grande. No lo puede hacer cualquiera. La Justicia son palabras mayores».
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