El recibimiento de Jordi Évole a Marc Giró en su aterrizaje en laSexta a través de un Lo de Évole especial y específico para el showman podría ser perfectamente el inicio de un chiste: «Dos catalanes en el metro de Barcelona se meten en un salón de té para llamar a Pedro Sánchez y…». Cada cual que lo termine. . Seguir leyendo
A puntito de caramelo está el estreno de Marc Giró en laSexta con su Cara al show. Pero antes, Marc Giró va a entregarse en cuerpo y alma a atraer a todos los fanáticos, ya sea de un lado o de otro
El recibimiento de Jordi Évole a Marc Giró en su aterrizaje en laSexta a través de un Lo de Évole especial y específico para el showman podría ser perfectamente el inicio de un chiste: «Dos catalanes en el metro de Barcelona se meten en un salón de té para llamar a Pedro Sánchez y…». Cada cual que lo termine.. Pero es que tener a Marc Giró en cualquier programa de televisión es precisamente eso, un chiste, pero un chiste entendido como la mayor caricatura que se puede hacer de todo y de todos. Es difícil o, tal vez no, tomarse en serio a Marc Giró. Y es en esa duda donde radica su talento. ¿Lo que dice y hace, lo dice y hace de verdad? Lo que Marc Giró tiene claro es que pingüino «hace pingüinadas», y si no te gusta lo que hacen los pingüinos, pues no lo mires; no le mires. Tampoco quiere que lo hagas.. Anoche, en Lo de Évole respondió en parte a la pregunta. Y es que Marc Giró dice muy en serio lo que dice, pero lo dice descojonándose de él, de ti, de mí, de todos.. «Alia (sic) jacta es. ¿Alia, alia, alea? Ale, ale, ale». Y así comenzó Lo de Évole, con Marc Giró abriendo la puerta a las mujeres y (dos) hombres del club de lectura al que pertence. Sí, su club de lectura. «¿La mística nace o se hace?». La charla. «Ser ellas mismas es lo que necesitábamos nosotras (…) Qué buena es la lectura para todo». Punto. Y entró Jordi Évole, que llegó tarde, pero que llegó a saco: «¿Hasta aquí os ha soltado su rollo rojo y comunista? ¿Hasta aquí adoctrinas?». La mística, el éxtasis, Santa Teresa… «¡Lo que necesito un orgasmo!».. Y con este arranque, ¿cómo mantiene uno el clímax en más de hora y media de doble capítulo? Pues, simple y llanamente, dejando volar (libre, libre, libre), a Marc Giró. Por si alguien no lo sabía, que seguramente sí lo supiera, Marc Giró no para de rajar, y cuando uno raja, se corre el riesgo maravilloso de rajar demasiado. En el caso de Marc Giró ese es su talento. Raja, raja y raja y acaba diciendo cosas que, aunque no comulgues con ellas, ni con su ideología, ni con él, si las escuchas te hacen pensar. Y si no las escuchas, insisto, a Marc Giró le da exactamente igual. Es decir, que se la repanpinfla porque él no va a cambiar ni un ápice el showman y el estilo de showman que es. Ahora, si te atreves, sigue leyendo.. Anoche rajó de lo lindo. ¿Sabes que Marc Giró solo se ha aburrido inertemente dos veces en su vida (para él inerte es que no es «aburrimiento filosófico»)? Una, cuando le llevaron a Disney. Y otra, cuando un primo suyo, «en el ritual de convertir a un niño en hombre», le llevó al campo del Barça, «cuando todavía jugaba Maradona». Pasó un frío horroroso, no entendía nada, se aburrió soberanamente y, encima, «con olor a salchicha de Fráncfurt todo el rato». Es que Marc Giró es más de salón de té, pastas y traje.. Y de ahí a hacerse un traje y hacer un traje. «Todo mi ser es un disimulo porque soy un adefesio», pero luego «fíjate que culito tengo». Es una contradicción andante, como la vida misma. De hecho, mientras vivían un momento Pretty Woman -«parezco tu puta y tú el que me va a pagar el traje»-, Marc Giró confesó que la decisión de irse a laSexta, además de porque le gustó «el tono» y le cayeron simpáticos los señores de Atresmedia, se reafirmó cuando se dio cuenta que «ahota tengo cabreadas a fachas y los de izquierdas, que es exactamente donde yo quiero estar, con todo el mundo cabreado».. «Aquí el problema no lo tengo yo, lo tiene Atresmedia. Yo ya se lo dije al director de la cadena, «ustedes han contratado un pingüino; saben lo que contratan; y los pingüinos hacen de pingüinos. Así que no me vayas a llamar diciéndome que rebuzne o que dé leche». Yo pido paciencia. Atresmedia sabe lo que tiene, lo que ha contratado y eso esta en el contrato perfectamente». Libertad, libertad, sin ira libertad… Y uno mientras le escuchaba hablando de socialdemocracia, de fascismo, de que «la mierda está y que no la cojamos con la manos», solo podía pensar en el modista que le estaba haciendo el traje, le quitaba los alfileres, le marcaba los patrones y le preguntaba el lugar para el que carga, que ni siquiera él sabe hacia donde, pero «pónmelo a la izquierda».. Monta a caballo, se hace trajes a medida y «ha nacido en democracia», y «esa buena vida la quiero para todos… ¡Muchísimas gracias! ¡Viva España!». Es tan contradictorio que termina siendo totalmente concorde.. Y el chiste continuó. Creo que ha habido pocos programas de Lo de Évole en los que se haya vivido una situación tan caricaturesta y a la vez tan costumbrista como la de Jordi Évole preguntando a Marc Giró si puede mojar un pastelito en el té, mientras Marc Giró repite «lo va a mojar» y Jordi Évole intenta mojarlo sin que se le caiga dentro y después comérselo sin que se le desparrame por el rostro. «Dos catalanes en un salón de té…». Ahora, lo sigues tú, o mejor, Marc Giró: «Si todo se lo come así, joder… ¡Qué ansias!».. Marc Giró, durante Lo de Évole.ATRESMEDIA. «Yo no tengo odio de clase. Quizás he transitido por el odio y la envidia de clase. Yo he sido víctima de mis propios artículos -se gastó el dinero de tres meses en una bolsa de Louis Vuitton-. Yo quería eso», desveló sin ningún apuro, porque ese es Marc Giró, no esconde lo que fue, lo que es, lo que quiso y lo que quiere.. De pequeño pensaba que era gitano, porque las vecinas de su portal le agarraban de los mofletes y le decían «que guapo este gitano»; tuvo un perro, un galgo escocés, según su madre, que solo respondía al nombre de Lope de Vega, y, tras coger el Covid y pasar 20 días hospitalizado se dio cuenta de que era alcohólico y se dijo a sí mismo que aquella resaca que le duró el tiempo que estuvo ingresado no la iba a volver a pasar. «El alcohol me alejaba de la alegría y de las penas… A este paso me lo follo (a Évole)». Tal cual.. Estaba hablando de su alcoholismo y de repente ve a Jordi Évole echar en su vaso el agua del suyo y ¡boom! «Estoy en laSexta porque he dejado de beber, porque yo he trabajado alcoholizado. Estamos en un en torno alcoholizado». Y así terminó el primer capítulo, con Marc Giró chupándose los dedos a escondidas.. Llegó el segundo. Se podría decir que el de la chicha, aunque la chicha de anoche estaba en haber descubierto lo que nunca hubiera imaginado de Marc Giró. Lo demás es la rajada de siempre, la que ya no sorprende, y si lo hace es por cómo lo raja. Que es de izquierdas, que es insolente, sanchista, contradictorio, con cierto aire a Doc (el de Regreso al futuro), a Einstein, a la Pasionaria y al hijo perdido de la reina Isabel II, es lo de siempre.. Admitió entender a quienes «se hacen fachas»: «Es que es comodísimo». Y lanzó un dardo a aquellos que dicen -ojo la paradoja- que ya no se puede decir nada: «Eso siempre lo dice alguien que tiene una columna en La Vanguardia o El País. ¿No se puede decir nada? Si tú estás diciendo todo el día lo que te sale de los mismísimos huevos».. Jordi Évole y Marc Giró, en el metro de Barcelona en Lo de Évole.ATRESMEDIA. Porque, para Marc Giró ser progresista, «ser de izquierdas» es una carrera de fondo: «Esto de ser progresista o de izquierdas nunca se acaba». Y sí, para él «es agotador». Y para Jordi Évole es «fascinante».. Marc Giró, no, ser de izquierdas. Es su mejor arma: hablar, hablar, rajar, rajar y que el de enfrente, el que se supone que es el entrevistador entre en un trance de adoración, embobamiento, letargo…. Como fascinante es para Marc GiróPedro Sánchez. No podía estar Marc Giró y no aparecer Pedro Sánchez. Pocos fans tan públicos, siendo personajes públicos, como Marc Giró lo es de Pedro Sánchez. Y, oye, Marc Giró no lo oculta, no lo esconde, no lo distorsiona. Lo dice, y punto. Sí, Jordi Évole llamó a Pedro Sánchez, y Pedro Sánchez cogió el teléfono; y habló con Marc Giró y alabó la nueva televisión pública que «se ha convertido en un trampolín de talentos». «Te deseo mucha suerte y que no te cambie el tiempo porque lo que transmites es autenticidad, es valentía». Marc Giró no tardó ni medio minuto en hacerle caso: «¿Es verdad que cuanto más de izquierdas es Pedro Sánchez, también internacionalmente, mejor le va y mejor nos va?».. Respuesta: «Hay cosas de sentido común que solo defienden personas progresitas, personas de izquierdas… Pero respondiendo a tu pregunta, creo que la izquierda representa en muchas cosas el puro sentido común». Y el chiste que en ese momento era, «dos catalanes y un presidente en un salón de té al que los dos catalanes le preguntaron si iría a sus respectivos programas de televisión; y el presidente respondió y prometió que… sí», pasó a ser «dos catalanes en el metro se cruzan con un hombre que llama capullo a uno de ellos y el otro grita «y yo qué, que soy maricón». Se escribe solo.. Fue como el político de provincia que se va puerta por puerta para hablar con sus votantes y con los indecisos, incluso, con los no votantes. Creo que eso es lo que busca Marc Giró, que le quieran o no, pero tal como es. Y al que no le guste que no mire. El que no quiera pingüinos que no vaya a ver pingüinos. Sencillo.
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