El escritor explica en ‘Mierdificación’ qué supura a través de internet y cómo las grandes empresas tecnológicas han acabado con el idealismo: la red ya no es una estructura que posibilita la conexión entre iguales, afirma, y eso lo define todo Leer
El escritor explica en ‘Mierdificación’ qué supura a través de internet y cómo las grandes empresas tecnológicas han acabado con el idealismo: la red ya no es una estructura que posibilita la conexión entre iguales, afirma, y eso lo define todo Leer
Me gusta mucho la afirmación de que «no hay nada tan poderoso como una idea a la que le ha llegado su momento». La he visto escrita en cientos de lugares y, pese a toda la inteligencia de internet, no consigo confirmar si el autor es realmente Victor Hugo, si es Gustave Aimard o un simple pastiche. Pasa igual que con el poema de «Primero vinieron a por los comunistas etc.». Se sigue atribuyendo a Bertolt Brecht cuando en realidad lo escribió Martin Niemöller. ¿Cómo es esto posible, si vivimos en el cénit del acceso a la información? Son nuestras paradojas del siglo XXI.. Traducción de Enrique Maldonado. Capitán Swing. 376 páginas. 25 € Ebook: 12,99 €. En el siglo pasado, hubo varias teorías a las que quizá les está llegando ahora su momento. De forma digital, claro. Y aunque a lo mejor no seamos ni conscientes. Me acuerdo de Erving Goffman (1922 – 1982), que esbozó en su momento la teoría de las instituciones totales, donde la identidad individual se reconfigura bajo la vigilancia y el control de las normas institucionales. Y, por otro, de Martin Seligman (1942), quien elaboró la idea de indefensión aprendida, a través de un experimento en perros que demostró que un exceso de autoritarismo puede desincentivar la capacidad individual por cambiar una situación concreta.. En el contexto digital en el que aleteamos, y no solo, todos tardamos en darnos cuenta de las realidades hasta que alguien les pone nombre. En este caso, el tecnólogo y activista Cory Doctorow (Canadá, 1971) encendió la luz en 2023 en su blog con el término Enshitification o, como se ha traducido al español, Mierdificación. El término de Doctorow tuvo tracción con rapidez y en 2024 el autor amplió su idea en un artículo de opinión en el Financial Times que obtuvo una gran atención, lo cual le ha llevado a divulgar sobre la idea en diversos foros hasta publicar el libro sobre esta tesis en 2025, que ahora se traduce al español: Mierdificación. Qué hacer ante la apropiación de Internet por las grandes tecnológicas (Capitán Swing, 2026).. La tesis central del libro es sencilla. Doctorow plantea que las plataformas digitales masivas han traicionado los principios idealistas del internet primitivo de los 90 (Barlow, etc.) y que ahora viven y mueren siguiendo un ciclo biológico (el Mierdoceno) más o menos predecible: primero son buenas para los usuarios, buscando su captación para, a continuación, abusar de ellos para favorecer a los clientes comerciales (anunciantes o vendedores). Finalmente, abusan de ambos para quedarse con todo el valor. Los cuatro ejemplos de plataformas que detalla en profundidad son Amazon, Facebook, Apple y Twitter.. El escritor canadiense Cory Doctorow.Landon Shroder. Creo que cualquiera que hayamos usado estas herramientas digitales sabemos de lo que está hablando. Y que no se trata únicamente de una metáfora gruesa. Mierdificación ilustra con claridad no solo el zeitgeist digital de 2026, sino que expresa un debate más profundo sobre regulación, capitalismo tardío y el «ser» del ciudadano occidental frente a unas instituciones digitales que lo contaminan todo y de las que no podemos escapar. ¿Merece la pena el intento? ¿Hay posibilidad de salida? ¿Estas cárceles digitales nos han desanimado a buscar alternativas, como demostró Seligman?. Como en cualquier ensayo, siempre es más sencillo dibujar el retrato que ofrecer soluciones o alternativas reales. El libro de Doctorow triunfa en la descripción del contexto, en la cantidad de datos que nos comparte (porque agrega mucha información dispersa) y, por qué no decirlo, en su estilo cachondo e irreverente de bloguero burlón. Pero las alternativas que propone son poco más o menos que un acto de fe en las buenas intenciones individuales y, de forma indirecta, en la posición ultrarregulatoria de la UE, como ya indicaba Anu Bradford en Imperios digitales (Shackleton, 2024). Es curioso esto porque hace unos días, por ejemplo, en la plataforma Bettereu, Grok -la IA de Elon Musk- ha revisado la regulación de la UE y determina que el 89% se debería eliminar. De nuevo, las plataformas globales están en contra de las leyes.. Pese a ese tinte pesimista, y que personalmente desactivo con una relectura a los datos de Hans Rosling (Factfulness), Doctorow nos pide que miremos las estructuras actuales para rebelarnos, nos dibuja un mapa para que sepamos dónde golpear. Su tecnopesimismo se expresa con ligereza (nada de Lanier o Shoshanna Zuboff) y está bastante argumentado.. La posición de Doctorow, por otra parte, es una reacción a ese idealismo un tanto ingenuo que proclamaban los apasionados del ciberespacio de los 90, entre los que él se incluye (y cuyo ataque sistemático a los derechos de autor es algo cuestionable). Por ello algunos de los pasajes de su libro están teñidos de un agrio desencanto. «He visto el espíritu del mundo a caballo», afirmaba Hegel en 1806 cuando vio pasar a Napoleón Bonaparte. Pues algo parecido. Ni la historia es un proceso determinista hacia el progreso, ni la razón del siglo XIX o el internet del siglo XX nos van a salvar de nuestra propia naturaleza. ¿Es este un motivo para el desánimo? Ni mucho menos. Doctorow apunta en este libro a un público amplio para cobrar conciencia colectiva del riesgo y hacer una llamada a la acción. Cree que internet sigue siendo una herramienta esencial pero que está siendo saboteada. Y desde el suflé que estamos viviendo con la IA no tenemos línea de horizonte al que apuntar.. Por último, y como no es habitual subrayarlo, quiero hacer una mención explícita al estupendo trabajo editorial que realiza siempre Capitán Swing, tanto en sus traducciones como en sus ediciones. En este contexto actual de mierdificación editorial (si se me permite), con tanto aluvión editorial, autoedición apresurada y novedad inane publicada sin cuidado de ningún tipo, da gusto ver las guardas estampadas, el golpe seco y reserva uvi de la cubierta, el papel ahuesado, la encuadernación cosida y el marcapáginas que acompaña al ejemplar, por no hablar de la cuidadísima traducción, que captura sin erratas el estilo callejero de Doctorow. A lo mejor estos son los puntos de partida para salir del Mierdoceno. Pura coherencia, ¡ninguna mierda!
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