Algarabía se estrenó anoche con la expectación que generan las grandes producciones o las colaboraciones insólitas. Este espectáculo cumplía las dos y el espacio escénico del Museo Universidad de Navarra (MUN), que coproduce el montaje junto a las fundaciones Khawla Arts & Culture y ADMAF (Fundación de Abu Dhabi para la música y las artes), estaba a tope y, para la función de esta noche, tampoco hay entradas.. Seguir leyendo
Algarabía se estrenó anoche con la expectación que generan las grandes producciones o las colaboraciones insólitas. Este espectáculo cumplía las dos y el espacio escénico del Museo Universidad de Navarra (MUN), que coproduce el montaje junto a las fundaciones Khawla Arts & Culture y ADMAF (Fundación de Abu Dhabi para la música y las artes), estaba a tope y, para la función de esta noche, tampoco hay entradas. Seguir leyendo
Algarabía se estrenó anoche con la expectación que generan las grandes producciones o las colaboraciones insólitas. Este espectáculo cumplía las dos y el espacio escénico del Museo Universidad de Navarra (MUN), que coproduce el montaje junto a las fundaciones Khawla Arts & Culture y ADMAF (Fundación de Abu Dhabi para la música y las artes), estaba a tope y, para la función de esta noche, tampoco hay entradas.. Según palabras de sus creadores y artífices, se trata de un espectáculo de música, danza y poesía que genera el encuentro entre las culturas árabe y española. La primera idea, se cumple: el montaje de 80 minutos convoca en escena texto, proyecciones, composiciones musicales en directo y movimiento. Flamenco, habría que decir. Sobre todo, flamenco, tanto en lo coreográfico como en lo musical.. Así que esa otra idea que atraviesa la promoción y la concepción de este espectáculo, que lo define como un lugar para la convivencia de las dos culturas, no se cumple tanto. La danza flamenca y la música de Manuel de Falla, de quien se están celebrando en 2026 los 150 años de su nacimiento, arrasan en presencia escénica de una manera evidente. También incómoda y delicada, si se pone en contexto el espectáculo con la situación política actual, en la que gran parte del mundo árabe sufre al occidente privilegiado con guerras y genocidio. Así que lo que quería ser un diálogo acaba en monólogo, con alguna acotación de la Asia Occidental. Desde luego, del todo insuficiente y desequilibrado, teniendo en cuenta, además, la herencia andalusí que dejaron en los orígenes del flamenco, aunque también están los que defienden que no hay tal relación como si el flamenco hubiera nacido por combustión espontánea.. Así como la dirección y dramaturgia de la obra llega firmada por Ignacio García y Jihad Mikhael, y lo musical tiene asesoría de Aya El Dika Mawla, también presente en algunos pocos momentos en escena con la interpretación del laúd, lo cierto es que en la danza, tanto en la coreografía como en asesoría, solo figura Jesús Carmona. Dado el resultado, hubiera hecho falta el homónimo árabe del prestigioso bailaor, que velara por la riqueza de las numerosas danzas de procedencia árabe que existen, como el dabke, perteneciente al folclore de Palestina y Líbano, que ha devenido en danza de la resistencia.. Un momento de ‘Algarabía’, el espectáculo de gran estrenado anoche en el Museo de la Universidad de Navarra, con coreografía de Jesús Carmona.Raúl Villegas. Obviar esta última en un espectáculo con la danza tan protagonista, donde se apela a la convivencia de oriente y occidente, en un momento como el actual, crea una profunda caries escénica. Y aunque en alguna ocasión se apunta corporalmente a las similitudes, sobre todo en los brazos, entre el movimiento corporal del flamenco y algunas danzas árabes, es tan anecdótico que casi pasa desapercibido. Como también pasan tímidamente los cuatro jovencísimos bailarines de Egipto, Siria y Marruecos, que no son profesionales sino estudiantes del Sharjah Performing Arts Academy, pero sostienen sus intervenciones. Aunque atropellados por el nivel de los profesionales del lado del flamenco (Carmona, Lucía Campillo y Pablo Egea, sobre todo). Solo al final, los cuatro bailarines invitados efectúan una pequeña coreografía más cercana a la danza contemporánea que a un folclore árabe concreto o general.. Los actores libaneses Rafic Ali Ahmad y Cynthya Karam, son realmente estupendos y desbordan emociones con la contención justa cuando están en escena: él desde la fuerza; ella, desde lo poético. Karam, además, canta un par de temas que saben a muy poco, al ser intervenidos por el flamenco (musical o presencialmente) antes de que terminen. El número del mantón, en el que la bailaora parece querer arropar a la cantante, en un intento de fusión o encuentro de culturas, no funciona y llega como si el atuendo intentara aprisionarla.. Resulta difícil entender cómo el personaje de Cynthya Karam, que encarna a Farah, una botánica árabe que llega a la Alhambra para investigar la herencia andalusí, y que figura como protagonista de la historia, acaba relegada a un papel secundario demasiadas veces, mientras el personaje de Carmona, un joven florista que se encuentra con ella, acaba siendo el centro de atención. Aunque al principio unos sobretítulos sobre proyecciones, (maravillosas las de caligrafías árabes) sitúan la acción, esto no vuelve a pasar y la historia no se entiende por sí misma en algunas escenas como la del enfado de los enamorados.. Cynthya Karam y Jesús Carmona, en un momento de ‘Algarabía’.Raúl Villegas. La joven Orquesta Sinfónica de Navarra, formada para la ocasión por 80 universitarios, y el vestuario de Yaiza Pinillos, que ha realizado teniendo en cuenta los diseños ideados también por jóvenes estudiantes de Pamplona, sobrepasan lo esperado y suman, en muchos sentidos, a la velada.. El término “algarabía”, título del espectáculo, viene del árabe arabiyaah, que en un principio se tradujo como “propio del árabe, de la lengua árabe” y acabó significando (en español) algo así como enredo o ruido confuso de varias personas hablando a la vez. Y atestigua bastante bien las fragilidades que recorren la obra. Algarabía viajaba a Abu Dhabi en abril, pero según nos informan desde el MUN, la actuación en la capital de los Emiratos Árabes, se retrasa hasta noviembre por la situación internacional. Hay tiempo si se quiere revisar el desequilibrio escénico y paliar la deuda con la cultura árabe que lo acaba atravesando.
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