En su novela más reciente, ‘Una casa sola’ la escritora argentina deja que este edificio sea la voz narradora para contar su historia, centrada especialmente en la desaparición de la familia que la habitaba Leer
En su novela más reciente, ‘Una casa sola’ la escritora argentina deja que este edificio sea la voz narradora para contar su historia, centrada especialmente en la desaparición de la familia que la habitaba Leer
Lucero, la Lorena y sus cuatro hijos han desaparecido, parecen haberse esfumado de la casa en la que vivían, que no era suya, sino del Patrón, que era también quien les daba trabajo. La casa está en el monte, cerca de un lago, el Mosca, en la provincia de Entre Ríos. Dejaron todo en la casa, hasta los perros, cinco en la época, que después de días de espera infructuosa, también se marcharon.. Random House. 160 páginas. 18,90 € Ebook: 9,99 €. En la novela más reciente de Selva Almada (Entre Ríos, 1973), Una casa sola, se cuenta la historia no de la familia de Lucero, sino más bien la historia de la relación con la casa, porque -y aquí es donde viene la pirueta de Almada- la casa es la narradora y no se limita solo a contar la historia de la familia, sino que se remonta a sus orígenes y también a lo que vino, hasta diez años después de que la familia se esfumara.. «Pero quiero empezar contando los tiempos de antes. Muchísimo antes de los Lucero, una parva de años antes, añares ha. Yo todavía no era una casa, ni un reparo, ni un refugio, mi cuatro paredes de adobe y un techo de ramas, pero ya era, si se entiende, parte de esta misma tierra sobre la que el espinal se extendía leguas y leguas, mucho más allá de lo que alcanzaba la vista de cualquier hombre», habla la casa.. La radical apuesta de hacer de la casa la narradora de la novela se lleva con naturalidad, sin alardes y sin acercarse en ningún momento al ejercicio gimnástico demostrativo. Porque la apuesta es radical no solo en lo que implica, sino en cuanto a de dónde viene: de la raíz misma, es decir, de una profundidad con la que Selva Almada cumple. Habla la casa porque es importante el territorio y cómo lo cambian quienes lo habitan y sufren las injusticias.. Lucero llegó solo a la casa: «[…] la primera vez que él entró sentí ganas de que se quedara. Entró como con un respeto. Puede parecer una tontería, pero me acuerdo que se sacó la boina que traía puesta y la colgó en un clavo que había en la pared. Después abrió la ventana y se quedó mirando para afuera. Salió, juntó leña, prendió la cocina. Armó una escoba con ramas de chicla y barrió el piso, sacó las telas de araña que colgaban del techo. Calentó agua y se sentó abajo del alero a tomar mate. Como si siempre hubiera vivido aquí».. Primero él solo y luego él y su familia hacen que la casa sea un hogar; por eso se detiene en su historia, que le sirve a Almada para atisbar la novela que podría haber sido de haber seguido el camino del policial, es decir, de la investigación de lo que le pasó a Lucero y su familia, que es la historia del campesinado de provincia. Una casa sola es una novela completamente atravesada por la clase: es eso lo que explica que una familia pueda desaparecer sin que nadie se preocupe demasiado.. Hablar de desaparecidos en Argentina tiene una carga que resuena en la novela aunque el asunto no vaya por ahí. Hay otras voces convocadas: las de los muertos en la casa y alrededores, fantasmas de diferentes épocas y condiciones hacen su aparición para traer con ellos una parte de la historia, privada y común, del país.. Una casa sola no resuelve el misterio -no lo pretende-, muestra las injusticias y la desigualdad sin ser nunca un panfleto. A pesar de su brevedad es una novela compleja, llena de capas y matices en lo narrativo pero también en lo estilístico.
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