En ‘Aby’, su primera incursión en la narrativa, la poesta francesa Marie de Quatrebarbes explora los entresijos psíquicos del mítico historiador alemán y el contexto en el que se enmarca su pionero trabajo Leer
En ‘Aby’, su primera incursión en la narrativa, la poesta francesa Marie de Quatrebarbes explora los entresijos psíquicos del mítico historiador alemán y el contexto en el que se enmarca su pionero trabajo Leer
Si el siglo XIX conoció la admiración por las ruinas, el siglo XX se adentraría en ellas. En su reflexión acerca del Ángel de la Historia, Walter Benjamin observó el aspecto terrorífico del paso del tiempo y el rastro de devastación que deja tras de sí. La ruina es la consecuencia de la vida, la huella fehaciente de nuestra mortalidad. Pero también, a través de sus grietas -decía Benjamin-, penetra la luz de la esperanza y del sentido. Nada es exactamente lo que parece, nada es definitivo.. Traducción de Vanesa Gª Cazrola. Periférica. 160 páginas. 18 € Ebook: 12,99 €. De todo ello nos habla la poetisa francesa Marie de Quatrebarbes en Aby, su primera incursión en la narrativa, que acaba de publicar entre nosotros la editorial Periférica. En esta breve novela, la autora reconstruye el derrumbamiento psíquico que sufrió, tras la I Guerra Mundial, Aby Warburg. Siguiendo sus informes psiquiátricos, Quatrebarbes acompaña al gran historiador del arte en su camino hacia la locura y en su posterior y lenta recuperación.. La brillante prosa de la autora se adentra en la demencia de su protagonista en forma de chispazos luminosos. La electricidad, a lo largo del libro, se convierte en una metáfora obsesiva, a veces caótica, que actúa como principio compositivo del texto. Así leemos, por ejemplo: «Mientras en el valle, tejido con una fina hierba verde, los insectos revolotean bajo los árboles, verdaderos ejércitos de ramas eflorescentes, Aby hace equilibrios sobre un terrón de azúcar empapado de agua bajo el lacado cielo de esa mañana que se ha pasado contemplando el mundo en el preciso instante de su nacimiento».. Lo que Quatrebarbes entiende es que la locura de Warburg no fue casual, sino que reflejaba, en cierto modo, el sentido abisal de su vida y también el de su época. El pensador que había consumido su existencia reflexionando sobre el papel ordenador de los símbolos, se encontró de repente sumergido en un caos informe, carente de símbolos y, por tanto, de auténtico sentido. Alrededor del sanatorio, la autora hace confluir los mitos dominantes de aquel periodo histórico: del psicoanálisis de Sigmund Freud a la teoría de la relatividad, de las vanguardias artísticas al inconsciente colectivo.. «Es preciso que uno sea Dios -leemos en la novela-, un surrealista o un loco para que, colocado de frente ante un espejo, se vea la propia espalda». A superar estas paradojas, suspendidas entre la lucidez y el abismo, se empeña esta joven escritora cuya voz brilla con rara elegancia.
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