Pocos se mueven como él entre lo elevado y lo mundano. «He prestado la misma atención a Lorca que a Lola Flores, a Pere Gimferrer que a Rosalía, a las golfas que a las marquesas», explica Leer
Pocos se mueven como él entre lo elevado y lo mundano. «He prestado la misma atención a Lorca que a Lola Flores, a Pere Gimferrer que a Rosalía, a las golfas que a las marquesas», explica Leer
Escritor, columnista, reportero, tertuliano, salvaje, tierno… Ángel Antonio Herrera (Albacete, 1965) es tantas cosas que sólo él puede elegir la que mejor le define. «Mi primera y última vocación es la de poeta, sin duda. Mi atención en el mundo emplea siempre una antena lírica y luego eso se resuelve en un artículo, una crónica o un poema. Y ahí me suele salir el fogonazo de la metáfora, lo quiera o no. No puedo esconder el revólver de la metáfora y ya es tarde para enmendarme», reflexiona. La excusa utilizada para entrevistarle es, precisamente, la publicación de ‘Oler a loco’, una antología de su obra en verso.. Al preparar un libro como éste, que cubre más de 30 años de tu vida, ¿has descubierto algo nuevo de ti mismo o todo son recuerdos?. Siempre se descubre algo nuevo de uno mismo; si no, haces poesía previsible, simplona y notarial, pero no sólo en los textos propios sino también en los textos ajenos. Leer es reescribir. Por ahí alguien dijo que el pasado es el futuro que admite cambios. Pues sí, lo suscribo.. ¿Aún crees en el poder del lenguaje en tiempos de memes y emojis?. Yo sólo creo en el poder del lenguaje, en la felicidad del lenguaje, en la magia salvaje del lenguaje. He dedicado mi vida al lenguaje porque mi vocación es la lírica, que es como decir que mi oficio es el diálogo con la palabra. Al que escribe bien o habla bien, yo siempre le doy la razón.. Has logrado algo que, creo, es único en España: pertenecer al mundo de la cultura sin renegar de tu interés en lo social y lo folclórico y permanecer en los platós sin rebajar tu lenguaje. ¿Cuál es el truco?. Nunca premedité nada en mi carrera. Lo que he logrado, mucho o poco, de mayor o de menor mérito, me ha ido sucediendo. Desde muy joven, adolescente casi, siempre tuve una vocación literaria muy fuerte, muy determinada, casi homicida. Eso sí. En cuanto al truco, pues no hay ninguno. Yo he prestado una misma curiosidad o, al menos, una curiosidad parecida a Lola Flores y a Walt Whitman, a Lorca y a Miley Cyrus, a Pere Gimferrer y a Rosalía, a las golfas y a las marquesas, que no necesariamente son lo mismo. Quiero decir que la cultura viene a ser lo que ignoramos.. ¿El tertuliano le paga las facturas al poeta?. Naturalmente. Desde hace ya mucho tiempo, casi demasiado. A mí no me parece mal que el poeta tenga Visa. O aire acondicionado. O piscina, incluso. Es más, le he pagado bastantes facturas a poetas amigos que van jodidos de tesorería. A veces, el dinero es poesía.. Fuiste reportero estrella en los años gloriosos de ‘Interviú’. Cuéntame la mejor historia de aquellos años de un periodismo que ya no existe.. De aquel tiempo, lo que recuerdo muy a menudo es la tribu desbridada y alegre que hacía periodismo. Qué gente, joder, qué gente mitológica. Yo era un chaval y en la redacción de ‘Interviú’ conviví con un reportero que se largó con el Dioni a Brasil y, de regreso, se trajo una peluca del fugado. Ahí la tenía, el tío, mientras escribía los reportajes. Había ilustres del periodismo de investigación que volvían de tres días secretos con los calzoncillos de un confidente etarra. A mi lado tenía su mesa Margarita Landi, que era Agatha Christie, con pistola en el escritorio y un descapotable. Y la crónica de sociedad, que era salvaje, delictiva, incluso, se cumplía en los veranos de Ibiza, Marbella o Mallorca hasta que te pulías el presupuesto. Que era bastante presupuesto, por cierto.. Otros tiempos…. Pues sí. Te lo abrevio con un recuerdo de Raúl del Pozo. Raúl, que a veces andaba por allí, recordó alguna vez que aquellos fueron tiempos en los que el periodista no necesitaba ser un caballero. Pues eso es. Hubo cátedra de forajidos y de ahí vengo yo. Umbral me repitió mucho que el único carnet que se necesitaba para entrar en cualquier sitio era el de ‘Interviú’. Yo aún lo tengo por ahí.. Ángel Antonio Herrera posa para la entrevista.Sergio Enríquez-Nistal. Hablemos de tu leyenda. ¿Ha sucedido algo en la vida nocturna de Madrid de los últimos 40 años que no hayas vivido? ¿Fuisteis tan salvajes?. Fui un profesional de la noche. Antes, de la noche de la calle; ahora, de la noche domiciliar. Yo la noche la he encontrado enseguida, incluso de día. En lo que no entré nunca fue en todo el desmadre de la droga, al que asistí, pero sin participar. Ni coca ni tripis ni nada. Bueno, algún porro, pero con poco entusiasmo. De aquello me salvó la escritura, como de tantos otros riesgos serios, porque yo quería estar bien al día siguiente para escribir y eso me hizo un marginal de la prudencia, digamos, según iban llegando las peores horas. Mi afán de escritor o de cronista me pedía no perder la salud. Y eso lo logré. Yo he hecho todo en la vida para escribirlo.. ¿Queda algo de aquella magia y aquel desenfreno o ya todo es plástico y sucedáneos?. A mí me queda la memoria, o la nostalgia, según los días. Ahora todo es Instagram y bótox. Por ahí va la felicidad moderna, que por supuesto no existe. Ahora la gente sale a cenar, pero en realidad sale a hacerse una foto con la lubina del menú para salir en las redes.. Tu amistad con Joaquín Sabina es conocida. Te dedicó ‘Calle Melancolía’ en sus conciertos de despedida en Madrid. ¿Qué ha supuesto su adiós para ti?. Pues una tristeza de la que aún no me he repuesto del todo. Ahora sí me ha dejado en ‘Calle Melancolía’ para siempre, el cabrón. Sabina tiene el mejor cancionero en castellano y, a menudo, sus letras se me han anticipado en contar los peores ratos de mi biografía. Y los mejores. Ir a un concierto de Sabina era ir a cantarle a él lo nuestro, que lleva su firma. Y a ser Sabina un par de horas. A mí un concierto de Sabina siempre me pareció un buen sitio donde quedarse a vivir. Pues ya me he quedado sin ese sitio.. Siento revelar públicamente que hace poco que cumpliste los 60 y lo estás llevando regular. ¿Por qué? ¿Qué te agobia? ¿Qué te da miedo?. Pues me agobia, me amarga y me jode eso mismo, los 60 tacos. Me consuela un poco que mi padre no llegó a mi edad, con lo que ya estoy viviendo de más, si lo miras desde cierta buena voluntad. Tengo una buena salud póstuma, digamos. Pero, claro, ahora me acorralan a menudo los terrores nocturnos y me desvelo mucho. En mi barrio ya me conocen en la farmacia tanto como en los bares, ¿cómo no te vas a agobiar? La vida está ahí, intacta, cada mañana, pero cada mañana la vida está más lejos.. Tienes una larga carrera y la has ejercido, a veces, en medios más conservadores que tu discurso, que tira a progresista y ácrata. Esto, que dice algo bueno de ti y de esos medios, se da ya poco o muy poco.. Yo siempre he ido a lo mío, a colocar mi palabra, mi lenguaje, da igual que sea en el periódico o en un libro. O en un plató y en un estudio de radio. Valoro altísimamente la voz propia y la voz propia supone dar un susto, a menudo, a los jefes o también a los lectores, porque escribir es un territorio de la libertad y la opinión también debe serlo, obviamente. Lo demás es burocracia. Decía Pessoa que el poeta es un fingidor. Yo creo que es un infractor. Y también el columnista tiene que ser un infractor.. ¿Nos hemos vuelto locos con la dichosa polarización?. Pues sí. Empezando por el uso machacón e insoportable de la propia palabra, que es técnica, casi agropecuaria, y por tanto fea. A mí me gusta «cainismo», que es más exacta con nuestro cabreo tabernario de toda la vida, pero, claro, yo soy un pedante [risas]. Ahora es moda no escuchar porque la gente no quiere debate y supone que oponerse es argumentar.. Para acabar, y sólo por molestarte un poco, le he pedido a la IA que te haga una pregunta y se ha puesto poética. No me puedo resistir a compartirla: «Ángel, tú que eres un dandi del adjetivo, ¿cuánto hay de personaje y cuánto de refugio en esa imagen de tipo que no se quita las gafas de sol ni para mirar el abismo?».. Me gusta mucho porque no tiene ningún sentido. Es absurda la frase, para mal. Como tantas cosas de la IA. La IA es una novia borracha.
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