Aena estrena su «musculoso» premio en una gala de estilo ‘hollywoodiense’ con ‘performances’ artísticas y con una destacada representación institucional, aunque faltó Óscar Puente, de cuyo ministerio depende el galardón Leer
Aena estrena su «musculoso» premio en una gala de estilo ‘hollywoodiense’ con ‘performances’ artísticas y con una destacada representación institucional, aunque faltó Óscar Puente, de cuyo ministerio depende el galardón Leer
Más que una gala ha sido un show con performances, una danza por Ucrania, el monólogo en espíritu de la abuela de Marcos Giralt Torrente y un solo de piano. Solo faltaba que apareciera Willy Wonka con sus cinco billetes de oro, aunque únicamente el pequeño Charlie ganaba su fábrica de chocolate. En este caso, la ganadora del millón de euros del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana ha sido Samanta Schweblin. Como finalistas con sus respectivos 30.000 euros quedan Enrique Vila-Matas, el propio Giralt Torrente, Nona Fernández y Héctor Abad Faciolince.. Si en la surrealista fábrica de Willy Wonka todo puede pasar, en la gala de Aena también: como maestros de ceremonias la curiosa pareja formada por la ex top model Martina Klein, con un glamouroso traje dorado, y el veterano periodista Josep Cuní. El ritmo de la gala hs pretendido ser hollywoodiense: el jurado presidido por Rosa Montero ha desfilado casi como en una pasarela mientras sonaba una música muy a lo gangsta rap, a lo Snoop Dog. Han dejado el sobre verde extraterrestre en el centro del escenario «para crear expectativa», en palabras de Cuní, durante la cena: ahí estaba el nombre del ganador.. En la sala noble de las antiguas atarazanas, con sus impresionantes arcos góticos, se han repartido cinco escenografías, como una desordenada sala de estar (botellines de cerveza vacíos, papeles por el suelo, blisters de pastillas, una piel de plátano…) y un cuarto rosa de niña pequeña con sus peluches de conejitos y unicornios rosas. Un poco como la instalación My Bed de Tracey Emin pero que correspondía a la novela de Schweblin. Había un set por cada novela. Y se sucedieron cinco intervenciones artísticas, cada una inspirada en las novelas finalistas, empezando por el monólogo de la actriz Nieves Soria, que ha encarnado a Josefina Malvido, la abuela de Giralt Torrente que aparece en Los ilusionistas (Anagrama). Los seis cuentos de Schweblin de El buen mal (Seix Barral) han quedado resumidos en una bella composición musical del joven pianista Álex Gassent.. Más difícil era dar voz a Ryo, la hija de la protagonista de Canon de cámara oscura (Seix Barral) de Vila-Matas, que no dice ni una palabra en la novela pero que la actriz Lola Blasco, una Premio Nacional de Literatura Dramática, ha personificado en una performance digna del Macba. O de otra novela vilamatiana: Kassel no invita a la lógica.. ¿Y cómo resucitar al comandante Ramiro, protagonista de Marciano (Random House) de Nona Fernández? Con un dibujo en vivo del artista Patricio Hidalgo y la voz del chileno Benjamin Leiter. La tragedia de la guerra de Ucrania, que Abad Faciolince vivió en directo y cuenta en Ahora y en la hora (Alfagura) ha tenido forma de coreografía con Alina Sokulska, bailarina ucraniana afincada en Barcelona.. La ceremonia de Aena ha reunido a una nutrida representación de autoridades socialistas: el president Salvador Illa (que el día anterior ya había recibido a los finalistas en una visita institucional en el Palau de la Generalitat), el alcalde Jaume Collboni y el ministro Jordi Hereu (también ex alcalde de la ciudad). Faltó el de Transportes, Óscar Puente, bajo cuyo paraguas opera Enaire, la sociedad pública que ostenta la titularidad estatal de Aena en un 51%. Eso sí, el CEO de Aena, Maurici Lucena alabó el apoyo de Puente al premio. Y defendió la creación de este galardón, «una musculosa iniciativa de mecenazgo», que sin embargo ha levantado cierta controversia en el mundo cultural: «Una pregunta que ha surgido una y otra vez es: ‘¿Qué se le ha perdido a Aena en el terreno de los premios literarios?’ No puedo evitar una cierta estupefacción». Y puso como ejemplo el mismísimo Nobel, creado por Alfred Nobel, inventor de la dinamita.. No ha sido la típica gala literaria. Pero es que el Aena tampoco es el típico premio literario: ha aterrizado con mucho ruido mediático y marketing. Solo los años -las décadas, más bien- dirán si se queda en pirotecnia o, como ambiciona el gestor aeroportuario, se consolida como una marca literaria, el equivalente hispanoamericano del Goncourt francés o el Booker anglosajón.
Literatura // elmundo
