“Mi madre era un ángel, pero también tenía un demonio. Lo que más llegaba a la gente era lo primero. Pero también había en ella una inclinación hacia lo oscuro, hacia lo inquietante, como si deseara ponerse a prueba y romper con todos los límites y convenciones”. Así comienza No soy Verónica Forqué (Vergara, 2026), la biografía de la fallecida actriz escrita por su única hija, María Iborra Forqué, y Antonio Álamo, publicada este jueves 7 de mayo. Un libro que le ofrecieron a la intérprete hacer en vida, pero para el que no aceptó ofertas. Ahora es su vástaga la que toma la palabra, la que intenta resumir en más de 300 páginas su trayectoria profesional, relatar capítulos inéditos de su vida y hablar sin tapujos de lo que ocurrió en las horas previas a que se quitara la vida, el 13 de diciembre de 2021. De momento, María Iborra Forqué prefiere que hable su libro; ella no quiere hablar con la prensa.. Seguir leyendo
María Iborra Forqué repasa la vida de la cuatro veces ganadora de un Goya, y recuerda sin tapujos sus dificultades para quedarse embarazada, la adicción a los porros, los efectos de su paso por ‘MasterChef Celebrity’ y la dramática muerte de la intérprete en 2021
“Mi madre era un ángel, pero también tenía un demonio. Lo que más llegaba a la gente era lo primero. Pero también había en ella una inclinación hacia lo oscuro, hacia lo inquietante, como si deseara ponerse a prueba y romper con todos los límites y convenciones”. Así comienza No soy Verónica Forqué (Vergara, 2026), la biografía de la fallecida actriz escrita por su única hija, María Iborra Forqué, y Antonio Álamo, publicada este jueves 7 de mayo. Un libro que le ofrecieron a la intérprete hacer en vida, pero para el que no aceptó ofertas. Ahora es su vástaga la que toma la palabra, la que intenta resumir en más de 300 páginas su trayectoria profesional, relatar capítulos inéditos de su vida y hablar sin tapujos de lo que ocurrió en las horas previas a que se quitara la vida, el 13 de diciembre de 2021. De momento, María Iborra Forqué prefiere que hable su libro; ella no quiere hablar con la prensa.. Forqué creció en una familia de artistas. Sus padres eran el reputado director José María Forqué y la escritora y actriz Carmen Vázquez-Vigo. Aunque tuvo claro desde pequeña que lo suyo era la interpretación, no fue hasta después de cumplir la mayoría de edad que comenzó a formarse para ello —aunque ya había participado en proyectos sin acreditar—. Pero antes de dar un paso en su carrera profesional, con el que quería “enamorar a su padre” —escribe su hija—, pasó una adolescencia marcada por el activismo. “Ella va al Liceo Italiano, uno de los pocos colegios laicos, si no el único, que había por entonces. No obstante, todas las mañanas les hacen cantar el Cara al Sol, el himno fascista por antonomasia. Con apenas 15 años la expulsan del colegio por hacer activismo político en contra de Franco y a favor de Mao», afirma Iborra Forqué.. La información que da forma al libro la ha podido recuperar gracias a los diarios que la actriz empezó a escribir siendo una niña. Reconoce que es una “suerte” tener estos escritos, ya que en sus últimos años de su vida Forqué decidió ir desprendiéndose de muchas cosas: “Tiró casi todos los recortes de críticas, entrevistas y reportajes de los periódicos y revistas que había guardado. También se deshizo de sus premios, de los Goyas, de la Biznagas, de los Sant Jordi, de los Feroz y demás. A la mierda. Y quiso tirar a la basura hasta su nombre, especialmente su nombre”. Pero sí hubo objetos que guardó: “No se deshizo de algunas de sus fotos, de unos pocos recortes de prensa, de las cenizas de sus seres queridos, de sus libretos de teatro y de sus diarios”. Y ahora pertenecen a su hija, quien quiere que todos se puedan acercar más a la persona que se escondía detrás del personaje.. Gracias a estos extractos de sus cuadernos personales, el lector conoce los amores y desamores de Forqué, las relaciones más estables y cómo conoció al que se convertiría en el amor de su vida y padre de su hija, Manuel Iborra. “El encuentro que tenía que ser”, así describe Forqué su primera quedada en persona con el guionista el 5 de enero de 1982. Unos días antes, ella había soñado que él la llamaría por teléfono. Luego efectivamente la llamó, quedaron y, a partir de entonces, mantendrían una relación a distancia.. Verónica Forqué con su hija, María Iborra Forqué, el 5 de julio de 2018 en Madrid. Europa Press Entertainment (Europa Press via Getty Images). A pesar de la exigencia autoimpuesta en lo que respectaba a su trabajo, ella quería ser madre, pero no fue fácil. A finales de agosto de 1987 se quedó embarazada, pero después de un mal presentimiento acudió al ginecólogo, quien solo le pudo confirmar la noticia: “No hay niño. Es un huevo hueco, es así como le decimos, un huevo sin embrión”. Días después, le realizaron un legrado uterino en el hospital. “Mi madre me tuvo a mí con 34 años, lo que para entonces, en 1990, era una edad bastante avanzada para ser madre, casi al límite. Pero es que ella lo había intentado todo y… nada”, recuerda Iborra. Según revela, antes de quedarse embarazada de ella sufrió otros dos abortos naturales. “Al principio éramos dos. Quiero decir: mi madre iba a tener gemelos, o mellizos. Pero, a la tercera semana, uno de los corazoncitos dejó de latir y solo quedó el mío (…) Así que lo primero que yo hice en esta vida fue comerme a mi hermano”, explica en la biografía sobre la protagonista de Kika, película de Pedro Almodóvar por la que se llevó el Goya a mejor actriz en 1994.. Si hubo algo que marcó en todos los sentidos los últimos años de vida de la actriz, ganadora de otros tres premios Goya a lo largo de su dilatada carrera, fue la depresión. “Ahí estaba, Verónica Forqué: la mujer a la que el éxito nunca le había dado la espalda, había sido poseída por la depresión”, afirma su hija. El 31 de diciembre de 2014 fallecía su único hermano, Álvaro Forqué. “Se acostó en el sofá, se hizo un porro y se murió”, explicaba la intérprete la muerte. “En la mesita, al lado del sofá, había un cenicero con un porro a medio terminar. No era un porro cualquiera, era el último que se había fumado, y también era el primero de los muchos que ella se iba a fumar a partir de entonces”, escribe ahora Iborra, reconociendo el problema que su madre desarrolló posteriormente con esta droga. También encontraron cuatro botes con marihuana en casa de Álvaro y se los llevaron: “Solía decir que eso la mantenía cerca de él”.. Unos meses después de superar el primer episodio de depresión, Forqué tomó la decisión de romper su relación sentimental con Iborra después de 30 años juntos. “Mi padre no se lo podía esperar, le pilló totalmente por sorpresa. El amor, aparentemente, se había acabado. Se mostraba muy segura, pero si hablaba de mi padre, se le ponían los ojos llorosos. Considero que fue una decisión errónea tomada desde la fragilidad (…) Pero el amor entre ellos no se acabó jamás”, escribe. En un corto margen de tiempo, la actriz dejaba de contar en su vida con dos de las personas más importantes de su vida: su hermano y su pareja. “A pesar de parecer muy segura de la decisión que había tomado, lo cierto es que, tal vez, no estaba preparada para ello. Perdió el centro. A ella la relación con mi padre la hacía tomar tierra. Lo necesitaba”, añade su hija.. Verónica Forqué en un fotograma de la película ‘Kika’ (1993). Rue des Archives (Rue des Archives / Cordon Press). En 2018 moriría también la madre de la intérprete, a la que cariñosamente llamaban Teté. “Después del suicidio de mamá, cuando yo estaba deshaciendo la casa, me encontré con una bolsa de Ikea y, en su interior, las cenizas de Teté. También se encontraban los añicos de su urna funeraria. Entonces me acordé de que, hace algún tiempo, mi madre me había contado que, cuando regresaba en coche del tanatorio, dio un frenazo y la urna se rompió. Lo que no podía imaginarme es que se había limitado a meter las cenizas y lo que quedaba de la urna en una bolsa de Ikea. Creo que es una señal de que mi madre ya estaba perdiendo su equilibrio”, revela.. La pandemia también marcaría para siempre su vida. Se vio obligada, como todos, a confinarse en casa y a pausar las funciones y las grabaciones que ya tenía agendadas. A partir de entonces, el consumo de marihuana solo fue en aumento: “Era un no parar desde la mañana a la noche. El uso de la marihuana, al principio, la hizo un poco desordenada, que es algo que ella nunca se había permitido ser”. Su forma de ser fue cambiando con el paso del tiempo, llegando a afectar incluso al trabajo. “Cada fin de semana, donde se concentraban la mayoría de las funciones, los altercados se fueron haciendo más frecuentes. Sus compañeros nunca sabían qué era lo que podía pasar, a qué atenerse”, subraya Iborra. Se presentaba minutos antes de comenzar la función, se inventaba frases, cambiaba el guion, empezó a fumar en el escenario e incluso llegaba a cuestionar a los actores que la acompañaban.. En 2021 abandonó Las cosas que se que son de verdad, su última obra de teatro, para participar en MasterChef Celebrity: “Desde la producción debían darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Ellos supieron verlo y jugaron su peligroso juego, sin ser plenamente conscientes de los terribles dragones a los que se iba a enfrentar mi madre”, denuncia en las páginas del libro. Un concurso que Forqué decidió abandonar afirmando que no podía más, que afectó negativamente a su imagen —“¿De verdad mi madre se merecía eso?»— y que fue el detonante de todo lo que ocurriría en diciembre de ese año. “Era el fin, el principio del fin”, asegura ahora Iborra.. Verónica Forqué en los premios Forqué, el 14 de enero de 2016, en Sevilla. Aitor Alcalde (Getty Images). “Verónica Forqué no quería ayuda; lo que ella quería era morirse. Yo veía cómo ella se alejaba cada vez más de la vida, se estaba muriendo, delante de mis ojos, y yo no podía hacer nada”. A partir de ese momento, no quisieron dejarla sola. Su última aparición pública fue el 29 de noviembre de 2021, cuando acompañó a su amigo y diseñador Eduardo Navarrete en la presentación de su nueva colección. Al día siguiente, Forqué intentó quitarse la vida por primera vez. Menuka, la mujer que la acompañaba en casa, se la encontró después de ingerir varias cajas de pastillas. “No sé cómo sobrevivió. Ya en el hospital salió fuera de peligro, logró reponerse”, recuerda su hija. Le propusieron internarla, pero el psicoanalista de la actriz se negó y propuso vigilarla durante las 24 horas del día, explica también.. Llegó el 13 de diciembre de 2021. Como cada mañana, su hija entró a su habitación para preguntarle qué tal se encontraba y para avisar de que se iba a ausentar unas horas, pero que Menuka estaba en casa. “Me pregunto si, cuando yo salí, ella ya lo tenía planeado o, mejor dicho, si ya había decidido que iba a ser ese día”, cuenta Iborra. Esa misma mañana, la intérprete sacó todos los pañuelos del armario y los extendió en su cama, algo que extrañó a la cuidadora: “Ahora sabemos la causa: mi madre estaba valorando cuál de ellos sería el más adecuado”. Horas después de irse de casa, Menuka la llamó, llorando, para avisarle de que su madre se había suicidado.. “Mi madre se suicidó con un pañuelo. Era un pañuelo de seda, gris azulado con flores azules y granates, que se llevaron los forenses como un elemento de prueba y nunca me devolvieron. Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer. Enfrente de ella había un espejo, y seguramente se miró en él, y respiró profundamente, como para coger fuerzas, antes de dejarse caer para ahorcarse”, revela detalladamente su hija. Casi cinco años después de su fallecimiento, Iborra todavía guarda las cenizas a la espera de saber qué hacer con ellas. “Iban en una urna biodegradable. La idea era —y es— que pudieran ser enterradas y servir de abono a alguna planta. Mi madre era una apasionada de las plantas, así que pienso que será bonito que renazca como un árbol. Aún no he realizado ese plan; lo haré cuando tenga un terreno que sea mío”.. Si necesita ayuda, tiene pensamientos o ideaciones suicidas puede llamar al 024; al teléfono de la Esperanza (717 003 717) o escribir por WhatsApp al 666 640 665. También ofrece asistencia la Fundación ANAR (900 20 20 10).
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