Sandra Barneda, casi sin darse cuenta, dio anoche la mejor definición para describir por qué el paso de Julia por La isla de las tentaciones ha sido una tortura. «Eres demasiado mental», le dijo la presentadora. Esta frase, que puede parecer una tontería, es la que explicaría todo. Explicaría por qué Julia ha vivido La isla de las tentaciones como un castigo; explicaría por qué no se ha integrado; explicaría por qué se convirtió en un ánima descarnada que deambulaba por Villa Deseo sin timón y sin rumbo.
Julia y Luis, más Julia que Luis, nunca debieron entrar a La isla de las tentaciones. Nunca sabremos por qué decidieron acudir a un reality, en el que sabían a lo que se iban a enfrentar, pero en el que nunca quisieron jugar, especialmente Julia. Anoche Julia y Luis pusieron fin a su paso por La isla de las tentaciones, y solo se puede decir -por el bien de ellos- «a Dios gracias»
Sandra Barneda, casi sin darse cuenta, dio anoche la mejor definición para describir por qué el paso de Julia por La isla de las tentaciones ha sido una tortura. «Eres demasiado mental», le dijo la presentadora. Esta frase, que puede parecer una tontería, es la que explicaría todo. Explicaría por qué Julia ha vivido La isla de las tentaciones como un castigo; explicaría por qué no se ha integrado; explicaría por qué se convirtió en un ánima descarnada que deambulaba por Villa Deseo sin timón y sin rumbo.. El paso de Julia por La isla de las tentaciones ha sido como una prueba de laboratorio a la que ella se quiso someter, probablemente, para demostrar que se puede participar en La isla de las tentaciones y controlar todo lo que suceda. Se equivocó. De hecho, se estrelló contra ella misma, pues lo que se genera en La isla de las tentaciones es imposible de controlar porque no es raciocinio, son sentimientos y emociones, desde las más básicas, como puede ser el sexo, hasta las más complicadas, como puede ser enfrentarse a una infidelidad o a que tu pareja se dé cuenta de que no le quieres o que tú te des cuenta de que no quieres a tu pareja.. Julia y Luis se equivocaron de cabo a rabo. Luis, tal vez, sí quería vivir la experiencia de La isla de las tentaciones en su plenitud, pero Julia no. Julia quería vencer al programa, y la vanidad acabó por matarla. Porque sí, lo de Julia estaba oculto detrás de lo habitual: «quiero confiar en mi pareja, quiero que mi pareja me demuestre que me prioriza, quiero ver a un Luis que piensa en nuestra relación». La realidad, como han demostrado estas cuatro semanas, es que Julia, en ese «mental» que dijo anoche Sandra Barneda, preparó su paso y el de Luis por La isla de las tentaciones como el que se prepara una oposición, pero esto no es un examen al uso, porque las variables son infinitas, tantas como sentimientos tiene el ser humano.. Por eso anoche, Julia y Luis acabaron con su experiencia en La isla de las tentaciones. Era la crónica de una muerte anunciada, prácticamente, desde el primer minuto en el que arrancó la primera grabación de La isla de las tentaciones. En cuestión de 10 días o menos, Julia tuvo una hoguera de confrontación, dio plantón al programa en su segunda hoguera y convocó anoche su hoguera final. ¿Por qué? Porque La isla de las tentaciones pudo con ella. Porque, pese a toda esa preparación mental y psicológica que al parecer hizo con Luis antes de entrar, las emociones no se pueden controlar. Te puedes controlar tú, pero no puedes controlar lo que hay a tu alrededor. Julia no podía controlar a Luis porque Luis no estaba y porque Luis eligió dejarse llevar y olvidar todo lo aprendido y practicado.. Durante estas semanas he pensado muchas veces cómo sería esa preparación. Julia es estudiante de Psicología, con lo que me la imagino, en modo coach, diciéndole a Luis cómo se debe gestionar una atracción, cómo se debe actuar si todos juegan y él no debe jugar, en qué debía pensar, en qué debía recapacitar. Vamos, lo que ha hecho ella durante las cuatro semanas de emisión de La isla de las tentaciones 10.. Julia se ha pasado las cuatro semanas de su habitación al salón, del salón a la habitación. Prácticamente no ha interactuado, siquiera, con sus compañeras. Lo intentó, pero esa fortaleza mental de la que tanto presumió anoche le falló por completo. Decía que necesitaba «estar sola». Realmente, necesitaba no enfrentarse a lo que no se puede controlar.. Mientras tanto, Luis se dejaba llevar con Nieves. Jugaba con ella, demostraba su conexión, hacían manitas, arrumacos, charlas que iban más allá de la simple atracción física, pero seguía pensando en Julia. Lo único en lo que no pensó, porque realmente no podía, era en todas esas lecciones que Julia le había dado antes de entrar en La isla de las tentaciones.. Julia se equivocó. Se equivocó al pensar que podía controlar La isla de las tentaciones, que podía «domesticar» a Luis antes de que llegasen, que, como el perro de Pavlov, si le enseñaba qué tenía que hacer para ir a por la comida, Luis lo aprendería y no le faltaría bocado. Pero los sentimientos humanos son lo único que no se puede controlar. Es lo único que nos diferencia de la IA, de ser robots, de ser unos autómatas. Por eso, cuando Julia se dio cuenta de que de nada había servido la preparación previa, se hundió y, cual tsunami, sus miedos, sus emociones, sus sentimientos arrasaron con su mente.. Muchas veces decimos que La isla de las tentaciones es el mejor estudio en tiempo real de las emociones de los seres humanos en pareja. Era una mentira hasta que llegaron Julia y Luis. Ellos han sido las mejores variantes de este estudio, porque han roto con todas las hipótesis; todas las que Julia había apuntado en su raciocinio.. Ni siquiera anoche, cuando pidió la hoguera final para poder ver las imágenes con Luis, Julia dejó que los sentimientos pudieran más que la razón. Intentó mantenerse fría, gélida, diría yo. Hasta tal punto que cuando ambos dijeron que se querían ir juntos, Sandra Barneda tuvo que empujarla para que le demostrase a Luis sus emociones, para que le dijera que le quería y por qué le quería. Pero ni con esas. La declaración de amor de Julia, aunque real, era un témpano de hielo, que Luis aceptó porque Luis la conoce.. «No confías nada en mí», diría una y otra vez Luis. «¿Tendría que confiar? Eres un puto cerdo», repitió también una y otra vez Julia. La tensión iba en aumento, según iban viendo imágenes. Reproches y ataques, pero medidos y controlados. Julia no iba a dar ningún espectáculo. Luis le echaba en cara que tendría que haberse dejado llevar más en esta aventura y Julia, por su parte, apuntaba que se ha olvidado de todo lo que tenía fuera: «Te crees que la relación que tenemos es un juego como el que has hecho allí». «Te vas a arrepentir toda la vida», le dijo Luis, que le ha reprochado que no haya visto todo «su paso».. Julia le insistía que todo esto era muy grave para ella y Luis, restándole importancia (o, al menos, excusándose en que ya sabían a lo que iban), intentaba calmar los ánimos. «No me veía capaz de superar esta situación», le dijo Julia al revelarle que no había acudido a la última hoguera. La isla de las tentaciones le había vencido.. Julia nos ha sorprendido tanto porque nunca en La isla de las tentaciones se ha tenido a una chica que analizase de manera tan aséptica el reality. Julia nos ha sorprendido porque, pese a que ha habido muchas parejas que han roto, que han seguido, que se han tirado los trastos a la cabeza y se han perdonado, o que han caído y, si te he visto, no me acuerdo, Julia ha sido la primera que, como en la peli de los ochenta Juegos de guerra, quiso ganar a la máquina. Pero, esta vez, Julia no pudo parar los misiles. Game over.
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