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La película ‘Cuerpo criminal’ explora las jerarquías invisibles del cine a partir de la experiencia de actores extras en una producción extranjera rodada en el país
EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.. Andrea Camponovo, actriz y productora boliviana, conoció de cerca cómo funcionaba la industria del cine cuando hace varios años participó en una película extranjera de acomodado presupuesto filmada en el país andino. Era un papel pequeño, pero un gran paso en su carrera que recién comenzaba a arrancar en un contexto limitado para el cine como es el de Bolivia. “Me llamó la atención que los actores locales y figurantes teníamos comida diferente a la de los extranjeros. También había diferentes espacios para nosotros y otros exclusivos para los altos mandos. Estaba acostumbrada a producciones bolivianas donde el trato era más horizontal”, recuerda a este medio.. Su experiencia fue el germen de la película Cuerpo criminal, dirigida por quien entonces era su pareja y ahora esposo y compañero de equipo, Martín Boulocq. “Andrea tuvo una observación simple pero aguda: en ese set había dos clases de personas. Los que importaban para la película y los que no. Eso no era maltrato, era la estructura normal de una producción, pero justamente me dio la idea: ¿qué pasaría si hago una película donde esa jerarquía se invierte?”, cuenta por teléfono Boulocq a El PAÍS sobre la producción que tuvo su premier mundial en marzo en el Festival de Málaga, y que se proyecta en mayo en Argentina durante el Festival Cine de las Alturas. A Bolivia, además, llegará este semestre.. Cuerpo criminal se encasilla en el género de no ficción: imágenes documentales combinadas con escenas y diálogos montados. A sus creadores se les ocurrió mostrar las dinámicas de poder dentro de un rodaje hace unos 15 años, pero no podían desarrollarla hasta que surgiera el contexto que querían retratar: un rodaje financiado y administrado por capital extranjero que ocurriera en Bolivia. Se presentó una oportunidad cuando el amigo de Boulocq y también cineasta, Rodrigo Bellot, le ofreció hacer el detrás de cámara de una película de terror rodada en un bosque de Tarija, al sur de Bolivia, y producida por compañías estadounidenses: Buey rojo sangre.. Miguel Michel encarnado el papel de monstruo villano en la película ‘Buey rojo sangre’.MaravillaCine. El presupuesto no era tan holgado como el de la película en la que Camponovo participó más de una década atrás; no tenía catering diferenciado ni espacios excluyentes, pero se podían atisbar ciertas jerarquías. “No dudé en aceptar la propuesta con una sola condición: que me diera libertad para hacer otra película desde detrás de escena. Solo sabía que debía seguir a los extras y que ellos serían mis protagonistas”, apunta Boulocq. Se fijó en dos de ellos, ambos locales. Uno es el fisicoculturista Miguel Michel, quien presta, sobre todo, su cuerpo para hacer de la bestia y villano de la película. El otro es el campesino Marcos Mercado, quien tiene apenas unos segundos en pantalla y su verdadero aporte es prestar un par de toros para las grabaciones.. Cuerpo criminal es claro en su discurso desde el principio de la película. Una de las primeras escenas muestra a Camponovo, quien también fue productora y actriz en Buey rojo sangre, hablando sobre esa película en un programa de radio. “¿Por qué escogieron Tarija?”, le pregunta la conductora. “Es mucho más económico filmar aquí que en Estados Unidos”, le responde Camponovo. Los marcos legales flexibles, menores costos operativos y un favorable tipo de cambio pueden hacer que un rodaje cueste hasta un 50 % menos en países del sur global.. La intención de Boulocq era desvelar una forma de trabajo en producciones mainstream que, según dice, pocas veces es discutida. “Quiero que sea como una especie de reflejo de cómo funcionan las estructuras más grandes, las empresas, las instituciones o la geopolítica. No soy alguien que tenga la verdad, sino que quiero enseñar cómo funcionan un tipo de películas”. Construye su discurso a partir de las incomodidades que puedan surgir en sus protagonistas. Otra de las secuencias iniciales muestra cómo, para hacer el molde de su rostro para una máscara, el fisicoculturista Michel es embarrado, nariz y boca incluidas, con un material parecido a la arcilla.. Michel dice a EL PAÍS haberse sentido “honrado” y muy feliz de haber participado tanto en Buey rojo sangre como en Cuerpo criminal. Hay algo, sin embargo, que le dejó un “mal sabor de boca” en la primera: “No tengo mucho diálogo y se concentraban sobre todo en la imagen de mi cuerpo. Quería participar un poco más en el rodaje, pero esos eran los lineamientos de Rodrigo [Bellot] y no quería decepcionar a Martín ni Andrea”. Michel, en la película de terror, es un monstruo robusto que encarna la vigorosidad de un buey.. Miguel Michel siendo cubierto con un material parecido a la arcilla para crear un molde con su cabeza.MaravillaCine. En la escena final de ese filme, la que asume como “la más difícil de haber hecho”, aparece desnudo. “Me marcó más allá de la película. Fue incluso difícil mostrarse así en la premier en Tarija, donde no están acostumbrados a ese tipo de cine, es una ciudad pequeña”. El momento no le quitó las ganas de participar potencialmente en una siguiente filmación, pero también tiene algo claro: “Hay que tener mucha paciencia, son muchas horas esperando”.. La experiencia hace eco con la que sufrió Camponovo años atrás en aquella producción extranjera, como cuenta: “Se manejaba con mucho cuidado el tiempo de los actores con mejores roles: valía mucho el tiempo de esas personas. Si una escena se atrasaba, les avisaban con previsión para que no tuvieran que esperar horas en el set. En cambio, nosotros, los figurantes, había días en los que nos llamaban a las 6.00 de la mañana y, llegando, nos decían que nuestra escena recién iba al mediodía”.. Michel todavía no ha visto Cuerpo criminal, pero tiene altas expectativas con la película porque rodaron escenas en el gimnasio en el que es entrenador y grabó varios diálogos. “Martín quiso mostrarme más a mí como persona, lo que hago diariamente, y Rodrigo [Bellot] era más apegado a lo que él quería en el rodaje, algo más de gringos. Martín aportó un poco más de la forma que yo soy”.
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