Hay una frase de madre con la que todos nos hemos criado y que hoy todos repetimos: la educación no está reñida con nada. Debería ser la frase que nos moviera siempre, pero para muchos o bien no la han escuchado nunca, o bien por un oído les ha entrado y por el otro les ha salido. Anoche, en First Dates, dicha frase adquirió más importancia que nunca, pues nadie está obligado a que tu cita te guste, pero una cosa es una cosa y seis media docena.
First Dates está más que acostumbrado a que muchas de las citas no salgan bien. No siempre se hace match, pero no pasa nada. Un buen rato, una cena, salir en la tele y a casa. Sin embargo, anoche el programa se enfrentó a uno de los peores momentos que se recuerdan
Hay una frase de madre con la que todos nos hemos criado y que hoy todos repetimos: la educación no está reñida con nada. Debería ser la frase que nos moviera siempre, pero para muchos o bien no la han escuchado nunca, o bien por un oído les ha entrado y por el otro les ha salido. Anoche, en First Dates, dicha frase adquirió más importancia que nunca, pues nadie está obligado a que tu cita te guste, pero una cosa es una cosa y seis media docena.. Lidia Santos recibió anoche en el restaurante de First Dates a Blanca, una mujer de 74 años, cocinera y peluquera jubilada, que más que acudir al programa para encontrar el amor, fue a First Dates para encontrar a alguien con el que compartir su vida.. A Blanca ir a First Dates le hacía una ilusión loca, tanta que hasta se fue a la peluquería para ponerse trenzas africanas; tanta, que pese a la lesión que tiene en la rótula tras caerse en la ducha, nada le iba a impedir vivir la aventura de estar en el programa. Nada, pero sí alguien, «el ogro», como describió Blanca a su cita tras el bochornoso momento que tanto Blanca como First Dates tuvieron que vivir.. Nadie obliga a que si vas a First Dates y tu cita no te gusta tengas que jurarle amor eterno. De hecho, aunque el programa ha unido a miles de personas, son más las que se han ido compuestas y sin novio o novia. Es decir, que haya match entre una pareja no es una exigencia, es más bien un éxito inesperado que First Dates siempre celebra.. Están más que acostumbrados a vivir esos momentos en los que las citas llegan a la sala final y cuando la redactora o el redactor pregunta si les gustaría tener una segunda cita responden un «no» que hace que tiemble el misterio. Pero una cosa es decir «no» y otra muy distinta es humillar a tu cita por el simple hecho de que «yo no soy un Adonis, pero esto…».. La cita de Blanca de anoche era Juan, un encargado de obra jubilado, de Burgos, y que avisó desde el principio que a él lo que piensen los demás se la repampinfla. ¡Vaya si se la repampinfla! Pero una cosa muy distinta es que lo que digan otros no te importe y, por supuesto, esto te haga más libre, y otra muy distinta es ser un maleducado desde el primer pelo de la cabeza hasta el último dedo del pie.. Blanca llegó con toda la ilusión del mundo, esperando poder encontrar esa persona con la que compartir viajes y todo lo que surgiera. A Blanca, como relató anoche en First Dates, le gusta hacer de todo, pero le gusta hacerlo con alguien al lado; si no, no lo hace. Así que esperaba que la persona que entrase por la puerta para conocerla fuera alguien al que también le gustase hacer cosas, que no fuese calvo, que fuese un pelín más joven que ella… Tampoco estaba pidiendo la luna.. En el otro lado del restaurante de First Dates estaba esperando Juan. Hay que reconocerle una cosa: a sincero no le gana nadie. No es que contase mucho de la mujer que esperaba encontrarse, más bien contó cómo era él y cómo era su carácter, probablemente para avisar de que si pasaba lo que finalmente pasó nadie se sorprendiera.. Blanca se sentó en la barra de Matías, pidió un Bitter Kas y esperó. Al poquito llegó Juan. Efectivamente, como bien dijo él, no era un Adonis. Lidia Santos le abrió las puertas de First Dates y a partir de ese momento todo lo que sucedió fue una concatenación de mala educación, soberbia y mala leche que llevó al programa a tener que disculparse con Blanca y, de rebote, a los espectadores.. Fue ver a Blanca y a Juan se le cambió el gesto. Lo que viene siendo que se le torció. «El físico es de una persona muy mayor, el pelo se puede llevar como quiera, pero a mí no me gusta…», confesó Juan fuera de cámara. La situación al conocerse fue de tal tensión que hasta Matías, el barman de First Dates, no sabía ni qué hacer ni qué decir. «Siéntate y ponte cómodo», le dijo a Juan. «Si yo estoy cómodo», le respondió con toda la sequedad del mundo mientras se mantenía de pie, detrás de uno de los taburetes de la barra y a 20 metros de Blanca. Ni la miró, ni se acercó a ella, ni le preguntó absolutamente nada. Solo pidió una botellita de agua.. Aceptó sentarse y de su boca salió un «bueno, ¿qué tal?», como el que dice «parece que hoy no llueve». Blanca respondió con toda la educación del mundo, intentando incluso entablar una conversación que parecía imposible. Juan miraba al infinito, Blanca le miraba a él, esperando no sé muy bien qué, porque Juan había dejado claro con su gestualidad que iba a ser un muro infranqueable. Hasta aquí nada que no se haya visto antes en First Dates; el verdadero bochorno llegó después cuando Lidia Santos volvió junto a ellos para llevarles a su mesa.. «Vamos pasando a la mesa», les dijo a Juan y a Blanca. Y en ese instante, como si en el taburete de Juan le hubieran puesto un millón de chinchetas, este saltó cual resorte y contestó: «No». La cara de Lidia Santos era la cara de todos. Ni se esperaba la respuesta ni se esperaba que Juan actuase de esa manera. A Blanca no le sorprendió. El comportamiento de él, llamándola de usted, diciendo que de Burgos a Gijón había demasiada distancia… «Era como si estuviera en el limbo», lo describió muy acertadamente Blanca. «Es que no me entra por ningún lado», insistía Juan.. Pero fue ese no el que evidenció que cuando uno es como es ni las cámaras de televisión te frenan. «¿Por qué no?», le preguntó Lidia Santos, intentando entender qué era lo que estaba pasando. «Porque no», respondió de nuevo tajante Juan. «¿Pero qué te pasa?», insistió la jefa de sala de First Dates.. A Juan le dio entonces un ataque de tos y entre tos y tos se cubrió asegurando que había mucha distancia. «Una mujer que me entra por los ojos, pues bien, e intento lo que haga falta, pero así no (…) Me la pueden poner bañada en oro, que me da igual», explicó detrás de las cámaras. «Que no, que me voy», y se fue. «Déjale que se marche», le dijo Blanca a Lidia Santos viendo el momento tan malo que estaba pasando Lidia. Y llegó Juan, abrió la puerta y se largó con esa frase terrible de «yo no soy un Adonis, pero…». A Juan nunca le ha preocupado lo que digan los demás, y ahora tampoco.. «Blanca, lo siento mucho. No esperábamos esta reacción de Juan», le dijo Lidia Santos. Lo único que le podía decir. «No te preocupes. No me gustaba nada. Es un sinvergüenza. Estaba encantada de que marchara. Yo tengo más educación que él y soy una señora de los pies a la cabeza. Él no tiene educación de ningún tipo. Que un hombre haga eso es lo último que puede hacer», soltó Blanca con más razón que un santo.. Pidió ella si había otro pretendiente, pero no, no lo había. Mejor, porque si llega a aparecer otro como Juan… Blanca se fue igual que vino, pero demostrando aquello de las madres de «la educación no está reñida con nada». A Juan debe de ser que no se lo enseñaron.. Lo que más rabia dio es que Blanca, que llevaba años sin prácticamente salir de casa por no querer ir sola a los sitios, le había echado valentía y había ido a First Dates para encontrar esa compañía que tanto necesitaba. Pudiera haber ido otro pretendiente con el que tampoco encajase, pero no hubiera vivido la humillación a la que le sometió Juan.
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