En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precaria
En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precaria
16 fotosSáhara OccidentalEn los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precariaEl viento del desierto agita las lonas de las jaimas levantadas junto a las casas y mueve la arena, que se cuela por los rincones. Es imposible barrerla del todo de las escuelas, los dispensarios o los hogares donde viven unas 173.000 personas, según datos de Naciones Unidas. El paisaje pedregoso de la hamada argelina, un desierto dentro del desierto, un erial donde apenas crece la vida y las temperaturas alcanzan extremos, ha visto nacer, crecer y morir a varias generaciones de saharauis en los campamentos de refugiados de Tinduf, en el suroeste de Argelia. Concebidos como asentamientos temporales, se han convertido en el escenario de uno de los exilios más prolongados del mundo. Desde hace medio siglo son el hogar de quienes huyeron tras la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y de sus hijos y nietos, que han crecido sin apenas conocer otra tierra que este rincón del desierto argelino. Sus habitantes, que dependen en gran medida de una ayuda humanitaria cada vez más mermada, han levantado colegios, hospitales, escuelas de cine e incluso piscifactorias para intentar construir una vida en un lugar pensado para ser provisional. En la imagen, una vista general del campamento de Auserd, el 29 de abril de 2026. Mònica TorresLa población saharaui vive exiliada desde mediados de los años setenta en los cinco campamentos de refugiados bautizados con los nombres de las ciudades que dejaron atrás en la antigua colonia española del Sáhara Occidental: Bojador, Dajla, El Aaiún, Auserd y Smara. Un territorio, controlado en la actualidad en un 80% por Marruecos, del que decenas de miles de personas se vieron obligadas a huir tras la retirada española de la que fue su provincia número 53 y el inicio de la ocupación marroquí a finales de 1975, tras la llamada Marcha Verde, con la que el rey Hasán II ordenó el asalto popular sobre la colonia española. En la imagen, dos mujeres acompañadas de dos niñas con batas escolares posan en el campamento de refugiados saharauis de Auserd, en la provincia argelina de Tinduf. Mònica TorresLa vida en los campamentos depende, en gran medida, de una ayuda humanitaria cada vez más precaria. La distribución de alimentos, la atención sanitaria, el agua potable o el acceso a la educación siguen siendo posibles gracias al apoyo de organizaciones internacionales, aunque los recortes en la financiación ponen cada vez más presión sobre la población refugiada. “En noviembre del año pasado la Media Luna Roja Saharaui presentó el plan de respuesta humanitaria. Se necesitan 177 millones para cubrir las necesidades entre 2026 y 2027. Todos los planes de respuesta que se han presentado previamente nunca las han llegado a cubrir en todas las
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