Antes de la caída estaba el lanzamiento. Después de la caída estaban los bolos en el suelo. Y entre una cosa y la otra, un hombre llamado Culete acababa de firmar uno de esos momentos que explican por qué El Grand Prix sigue siendo uno de los pocos programas capaces de generar televisión completamente imprevisible. No un instante viral buscado, ni una frase ingeniosa preparada para circular por las redes sociales, sino uno de esos accidentes maravillosos que sólo pueden producirse cuando la televisión y un concurso de pueblos deciden aliarse.
Culete, vecino de Quintanar del Rey, convirtió un lanzamiento completamente caótico en una proeza imposible: cayó al suelo, derribó cinco bolos y dejó a Ramón García pronunciando una frase que ya forma parte de la historia del programa: «Nunca había visto un lanzamiento igual en la vida»
Antes de la caída estaba el lanzamiento. Después de la caída estaban los bolos en el suelo. Y entre una cosa y la otra, un hombre llamado Culete acababa de firmar uno de esos momentos que explican por qué El Grand Prix sigue siendo uno de los pocos programas capaces de generar televisión completamente imprevisible. No un instante viral buscado, ni una frase ingeniosa preparada para circular por las redes sociales, sino uno de esos accidentes maravillosos que sólo pueden producirse cuando la televisión y un concurso de pueblos deciden aliarse.
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