Tom Schulman (Nashville, Tennessee, 75 años) lleva casi cuatro décadas conviviendo con John Keating, el protagonista de la película por la que ganó el Oscar al mejor guion en 1990. El excéntrico profesor de literatura que imaginó para El club de los poetas muertos, dirigida por Peter Weir, quedó asociado al rostro y carisma del actor Robin Williams (1951-2014), pero el personaje ha continuado su camino más allá de la gran pantalla. En 2016 se estrenó en Nueva York su adaptación al teatro del guion que había escrito originalmente para el cine y ahora esa versión llega a España, en una producción que se estrenó el viernes 11, en el teatro La Latina de Madrid, donde podrá verse hasta el 8 de noviembre. Para su autor, regresar a aquel relato también ha servido para descubrirlo de otra manera.. Seguir leyendo
El ganador del Oscar al mejor guion en 1990 adapta su célebre historia al teatro y reivindica la poesía como una forma de detenerse a pensar en un mundo cada vez más acelerado
Tom Schulman (Nashville, Tennessee, 75 años) lleva casi cuatro décadas conviviendo con John Keating, el protagonista de la película por la que ganó el Oscar al mejor guion en 1990. El excéntrico profesor de literatura que imaginó para El club de los poetas muertos, dirigida por Peter Weir, quedó asociado al rostro y carisma del actor Robin Williams (1951-2014), pero el personaje ha continuado su camino más allá de la gran pantalla. En 2016 se estrenó en Nueva York su adaptación al teatro del guion que había escrito originalmente para el cine y ahora esa versión llega a España, en una producción que se estrenó el viernes 11, en el teatro La Latina de Madrid, donde podrá verse hasta el 8 de noviembre. Para su autor, regresar a aquel relato también ha servido para descubrirlo de otra manera.. De entrada, la adaptación al teatro le ha obligado a hacer algunos ajustes. “En el escenario tienes que reducir, no puedes tener tantos personajes”, explica. Algunos caracteres se condensan y, según Schulman, el proceso terminó reforzando la relación entre Keating y el director del colegio donde da clases, que adquiere más notoriedad que en la película. El guionista, que ha visto a distintos actores asumir el papel en producciones internacionales, considera que cada uno debe encontrar su propia manera de encarnar al profesor, sin imitar a Robin Williams.. Escena de ‘El club de los poetas muertos’, en la producción teatral española.JAVIER NAVAL (PENTACIÓN). Lo fundamental, dice, es que Keating consiga conectar con sus alumnos. Que consiga transmitir en escena el vínculo que establece con los estudiantes, a los que traslada con métodos poco convencionales su pasión por la poesía, el significado del carpe diem -aprovecha el momento- y la importancia vital de luchar por alcanzar los sueños. Le importa más “lo que dice” que “cómo lo dice”, y ese será el gran reto a superar del actor Juanjo Artero (Madrid, 61 años), quien da vida a Keating en la producción española, dirigida por Juan Luis Iborra.. Casi 40 años después del estreno de la película, Schulman considera que la relación entre jóvenes y padres sigue siendo esencialmente la misma, pero percibe diferente el contexto educativo. Desde Estados Unidos observa un deterioro general del sistema y un desplazamiento de las humanidades a favor de la tecnología y de la preparación para conseguir un trabajo. En ese escenario, imagina que “un profesor como Keating tendría hoy más dificultades para mantener la atención de sus alumnos”.. La poesía ocupa precisamente el centro de esa batalla por la atención. Para Schulman, su importancia reside en que permite detenerse frente a la velocidad de otros medios, ofrece tiempo para pensar y absorber las ideas. “La poesía nos conecta con los sentimientos más profundos”, sostiene. Es también la herramienta de Keating para que sus alumnos conecten con aquello que deben aprender y con lo que sienten.. Tom Schulman, en el teatro La Latina de Madrid, este lunes.Víctor Sainz. Una de las expresiones más famosas de la película, “carpe diem”, adquiere para Schulman un significado más incómodo del que suele tener como lema o consigna motivacional. “El carpe diem es realmente sobre la muerte”, dice, recuerda que la vida es limitada. “Aprovechar el presente no significa abandonar las responsabilidades ni usar la frase como excusa para beber o consumir drogas”. La historia de Neil Perry, el alumno protagonista, contiene precisamente esa advertencia: perseguir la propia pasión puede tener un precio terrible. “Hay que equilibrar lo que necesitamos hoy” con “la posibilidad y la esperanza de que tengamos una vida larga”, sostiene.. Al reescribir la historia, Schulman encuentra otra discusión contemporánea: la inteligencia artificial. Considera que puede ser útil para investigar, pero no para escribir. Confiesa que ha experimentado con ella para analizar textos propios y, sin embargo, no quedó satisfecho con las sugerencias que le dio la IA. “La alegría de escribir es dejar que algo salga de tu propia cabeza”, apunta.. La idea podría funcionar como una última lección de Keating. El profesor pedía a sus alumnos que encontraran su propia voz; Schulman defiende ahora algo parecido para quienes escriben. En un mundo capaz de generar textos en segundos, la creación sigue siendo, para él, un acto personal y humano.
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