Leticia Baselgas tiene un caldín. Así es como llama a esa curiosidad perenne —un caldo burbujeante, a fuego lento, lleno de elementos— por comprender algo que le atrajo desde niña: la cultura tradicional, lo que se llamaban los bailes “regionales”, la identidad asociada a todo ello. Su peripecia vital, que incluye un doctorado en Historia del Arte, ha sido una dialéctica con esas expresiones culturales, sobre las que ha ido cambiando de postura, desde los grupos de baile, los grupos etnográficos o la asociación Muyeres (que reivindica la pandereta y el papel femenino en la música tradicional) hasta una última fase con la creación, junto a su pareja Rubén Bada, del grupo de post folk L-R, ahora en pausa. Ahí mezclaron otras músicas, especialmente el blues, el rock, los sonidos fronterizos o el jazz, con lo asturiano. Pandereta y guitarra eléctrica. “¡Ahora hay más pandereteras que nunca!”, dice.. Seguir leyendo
Leticia Baselgas tiene un caldín. Así es como llama a esa curiosidad perenne —un caldo burbujeante, a fuego lento, lleno de elementos— por comprender algo que le atrajo desde niña: la cultura tradicional, lo que se llamaban los bailes “regionales”, la identidad asociada a todo ello. Su peripecia vital, que incluye un doctorado en Historia del Arte, ha sido una dialéctica con esas expresiones culturales, sobre las que ha ido cambiando de postura, desde los grupos de baile, los grupos etnográficos o la asociación Muyeres (que reivindica la pandereta y el papel femenino en la música tradicional) hasta una última fase con la creación, junto a su pareja Rubén Bada, del grupo de post folk L-R, ahora en pausa. Ahí mezclaron otras músicas, especialmente el blues, el rock, los sonidos fronterizos o el jazz, con lo asturiano. Pandereta y guitarra eléctrica. “¡Ahora hay más pandereteras que nunca!”, dice. Seguir leyendo
Leticia Baselgas tiene un caldín. Así es como llama a esa curiosidad perenne —un caldo burbujeante, a fuego lento, lleno de elementos— por comprender algo que le atrajo desde niña: la cultura tradicional, lo que se llamaban los bailes “regionales”, la identidad asociada a todo ello. Su peripecia vital, que incluye un doctorado en Historia del Arte, ha sido una dialéctica con esas expresiones culturales, sobre las que ha ido cambiando de postura, desde los grupos de baile, los grupos etnográficos o la asociación Muyeres (que reivindica la pandereta y el papel femenino en la música tradicional) hasta una última fase con la creación, junto a su pareja Rubén Bada, del grupo de post folk L-R, ahora en pausa. Ahí mezclaron otras músicas, especialmente el blues, el rock, los sonidos fronterizos o el jazz, con lo asturiano. Pandereta y guitarra eléctrica. “¡Ahora hay más pandereteras que nunca!”, dice.. Seguir leyendo
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