Estimulante y necesario para comprender el pasado de nuestra democracia, en este agudo análisis del impacto de los nacionalismos en nuestro país, Félix Ovejero plantea un diagnóstico para un escenario post-procés y post-sanchismo Leer
Estimulante y necesario para comprender el pasado de nuestra democracia, en este agudo análisis del impacto de los nacionalismos en nuestro país, Félix Ovejero plantea un diagnóstico para un escenario post-procés y post-sanchismo Leer
La cuestión nacionalista en España «no se trata de un problema más, junto a la Sanidad o la Educación. Es el problema que atraviesa todos los problemas». Este es el planteamiento que lleva al profesor universitario y ensayista Félix Ovejero (Barcelona, 1957) a analizar el impacto de los nacionalismos subestatales -principalmente, el catalán, aunque también presta atención al vasco- en la España democrática.. Una relación que, según el autor, afecta a la viabilidad y en la función del propio Estado; de ahí que no quepa reducirlo a una cuestión de «sentimientos» o de «identidad». Y esta dimensión del problema exigiría acertar con su diagnóstico. A diferencia de lo que han asumido las izquierdas y, en ocasiones, también las derechas, este ensayo argumenta que el nacionalismo no sería la consecuencia de un genuino «problema territorial», sino que sería la causa de dicho problema.. El agravio no crea el nacionalismo, sino que es el nacionalismo quien fabricaría el agravio para poder existir y para beneficiar a quienes lo impulsan. Por ello, y manteniéndose en el ámbito del debate democrático y de la «batalla de las ideas» -el capítulo final insiste en ello-, Ovejero anima a que los no-nacionalistas no se desvíen de una idea fundamental: «Resulta ingenuo, cuando no deshonesto intelectualmente, pretender ‘integrar’ en un proyecto común a quienes quieren acabar con cualquier proyecto común».. Alianza. 272 páginas. 18,95 € Ebook: 12,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Las tesis de este ensayo se desarrollan en distintos ámbitos. En primer lugar, se cuestiona la interpretación que hacen los nacionalistas de la historia de España, y de cómo esta justificaría sus reivindicaciones. Son de particular interés las páginas que se dedican al franquismo y a la transición: según el autor, no se sostienen ni la tesis de que Cataluña y el País Vasco fueron especial y deliberadamente castigados por la dictadura franquista, ni la que señala que no hubo una verdadera democratización tras la muerte del dictador porque no se aceptó la autodeterminación de las «nacionalidades».. En segundo lugar, se critica la asunción del marco nacionalista por parte de muchos que no se consideran a sí mismos nacionalistas. Nos encontramos aquí con el paradigma orteguiano de la «conllevancia» que, siendo anterior a la etapa democrática, habría encontrado en esta su verdadera cristalización institucional. Porque, para el autor, el marco autonómico esbozado en la actual Constitución forma parte del problema. Al aceptar una parte de la premisa nacionalista -sus agravios eran naturales y legítimos, y al menos en cierta medida debían ser satisfechos-, los constituyentes alumbraron un «sistema de incentivos peculiar que, de diversas formas, facilita los objetivos del nacionalismo y, al alimentarlo, perpetúa el interminable (y falso) ‘problema territorial'».. La conclusión es paradójica: «Los críticos nacionalistas de la Constitución, en realidad, le deben mucho, incluso su propia persistencia política». La argumentación de Ovejero al respecto es sugerente, aunque se podrá objetar que otorga tal dimensión al problema que la mera posibilidad de solucionarlo llega a parecer una quimera. A lo que el autor respondería: la alternativa, el negarse a entender las raíces últimas de lo que ha ocurrido en las últimas décadas, también aboca a soluciones quiméricas.. En tercer lugar, se argumenta que el proyecto nacionalista es esencialmente incompatible con los valores históricos de la izquierda. Continuando algunas de las ideas que expuso en La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita, 2018), Ovejero lamenta que, lejos de reafirmarse en esa incompatibilidad, la «izquierda realmente existente» haya dado carta de naturalidad a los argumentos del nacionalismo.. El autor muestra una notable capacidad para anticiparse a las objeciones de quienes, como este reseñista, consideran que esta es una batalla inútil -puesto que la cultura política de nuestra izquierda asumió hace décadas que los nacionalismos son compañeros de viaje tan legítimos como necesarios, y porque la inmensa mayoría de sus votantes parecen encontrarse cómodos con las contradicciones que esto acarrea-. Ovejero expone buenos motivos para dar esa batalla igualmente; los interpelados verán si quieren escucharlos.. El escritor, articulista y profesor universitario Félix Ovejero.Gorka Loinaz. Siendo valiosos en sí mismos los argumentos de este ensayo, su principal aportación radica en plantear un diagnóstico para una España post-procés y también, muy posiblemente, post-sanchismo. Porque revisar la naturaleza de la cuestión nacionalista no ayuda únicamente a entender lo que ha ocurrido durante los últimos 50 años. También es un aviso acerca de lo que puede ocurrir tras ese próximo cambio de Gobierno que cada vez parece más verosímil.. Sin plantearlo de forma explícita, Ovejero parece estar aportando los materiales desde los que afrontar una nueva inflamación de los nacionalismos subestatales en caso de hallarse ante un Ejecutivo menos sensible a sus exigencias. Por esto es importante que La invención del agravioincluya episodios más recientes -como la crisis de 2017, la política de concesiones y apaciguamiento de Sánchez, la presunta «re-conexión» auspiciada por PSOE y PSC desde 2021, y el auge de Aliança Catalana- en las dinámicas de fondo que analiza. Es muy posible que, dentro de uno o dos años, la lectura de este ensayo resulte aún más reveladora.. Ovejero tiene dos cualidades tan raras como envidiables en un ensayista. En primer lugar, posee un universo de referencias propio, y casi podríamos decir que único. Muchos de sus argumentos históricos y políticos están apoyados en ejemplos provenientes de la teoría económica, de la filosofía de la ciencia o de estudios sobre la función social del lenguaje; cuesta pensar en otros autores que puedan mezclar todos estos ámbitos con solvencia. Esto conduce a su segunda gran cualidad: puede ser leído con provecho incluso por quienes no compartan todas sus tesis. Siempre aprenderán algo y extraerán referencias que seguramente no hallarían en ningún otro sitio.. Todo ello convierte La invención del agravio en una lectura estimulante y necesaria para comprender el pasado, el presente y el futuro de nuestra democracia.
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