Por motivos prácticos, nos vemos a la hora del aperitivo en un hotel cercano a la estación de Chamartín, en Madrid. Se acaba de bajar del tren que la ha traído desde su domicilio en Valencia. Después, ha quedado a comer con una amiga, que la llevará, a las 16.30 a tomar el tren de vuelta a casa. Así es, o así parece, Carmen Arce Martínez. Una mujer que, a sus 70 años, no tiene prisa ni pausa. Quiere aprovechar, y disfrutar, cada minuto de una vida, la suya, que ella ve normal y cualquiera, desde fuera, extraordinaria. Pero estamos aquí, frente a frente, al lado de un señor, huésped del hotel, que asiste, callado y sin perder ripio, al fascinante relato de esta elocuente señora que, además, viene documentadísima. Antes de que me presente, es ella la que, casi, me canta mi currículo: “Los domingos eres vecina de página de Manuel Vicent, que es también valenciano. Cuando voy a hablar con alguien, trato antes de saber quién es, por respeto”. Qué señorío.. Seguir leyendo
Por motivos prácticos, nos vemos a la hora del aperitivo en un hotel cercano a la estación de Chamartín, en Madrid. Se acaba de bajar del tren que la ha traído desde su domicilio en Valencia. Después, ha quedado a comer con una amiga, que la llevará, a las 16.30 a tomar el tren de vuelta a casa. Así es, o así parece, Carmen Arce Martínez. Una mujer que, a sus 70 años, no tiene prisa ni pausa. Quiere aprovechar, y disfrutar, cada minuto de una vida, la suya, que ella ve normal y cualquiera, desde fuera, extraordinaria. Pero estamos aquí, frente a frente, al lado de un señor, huésped del hotel, que asiste, callado y sin perder ripio, al fascinante relato de esta elocuente señora que, además, viene documentadísima. Antes de que me presente, es ella la que, casi, me canta mi currículo: “Los domingos eres vecina de página de Manuel Vicent, que es también valenciano. Cuando voy a hablar con alguien, trato antes de saber quién es, por respeto”. Qué señorío. Seguir leyendo
Por motivos prácticos, nos vemos a la hora del aperitivo en un hotel cercano a la estación de Chamartín, en Madrid. Se acaba de bajar del tren que la ha traído desde su domicilio en Valencia. Después, ha quedado a comer con una amiga, que la llevará, a las 16.30 a tomar el tren de vuelta a casa. Así es, o así parece, Carmen Arce Martínez. Una mujer que, a sus 70 años, no tiene prisa ni pausa. Quiere aprovechar, y disfrutar, cada minuto de una vida, la suya, que ella ve normal y cualquiera, desde fuera, extraordinaria. Pero estamos aquí, frente a frente, al lado de un señor, huésped del hotel, que asiste, callado y sin perder ripio, al fascinante relato de esta elocuente señora que, además, viene documentadísima. Antes de que me presente, es ella la que, casi, me canta mi currículo: “Los domingos eres vecina de página de Manuel Vicent, que es también valenciano. Cuando voy a hablar con alguien, trato antes de saber quién es, por respeto”. Qué señorío.. Seguir leyendo
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