Hay un aire a caballo entre lo melancólico, lo reflexivo y lo misterioso en Colin Farrell que encaja a la perfección con un papel que huele a uno de los mayores aciertos de su carrera. De inicio, pocos apostaban por una propuesta tan arriesgada como una serie neo-noir ambientada en Los Angeles sobre un detective solitario e impenetrable con un giro de ciencia ficción, pero lo cierto es que Sugar ha calado. Tanto que Farrell no esconde su deseo de firmar cinco temporadas cuando acaba de arrancar la segunda, algo inusual teniendo en cuenta la aversión de muchos actores a vaticinar su futuro. «Creo que podría aguantar otras tres temporadas sin problema, llegar a cinco en total, terminar de contar la historia de Sugar y ponerle el lazo. Eso sería precioso», dice el actor irlandés.
Colin Farrell vuelve a ponerse en la piel de John Sugar, el investigador que desafía las reglas del cine negro desde una mirada profundamente humana
Hay un aire a caballo entre lo melancólico, lo reflexivo y lo misterioso en Colin Farrell que encaja a la perfección con un papel que huele a uno de los mayores aciertos de su carrera. De inicio, pocos apostaban por una propuesta tan arriesgada como una serie neo-noir ambientada en Los Angeles sobre un detective solitario e impenetrable con un giro de ciencia ficción, pero lo cierto es que Sugar ha calado. Tanto que Farrell no esconde su deseo de firmar cinco temporadas cuando acaba de arrancar la segunda, algo inusual teniendo en cuenta la aversión de muchos actores a vaticinar su futuro. «Creo que podría aguantar otras tres temporadas sin problema, llegar a cinco en total, terminar de contar la historia de Sugar y ponerle el lazo. Eso sería precioso», dice el actor irlandés.Farrell destila la confianza de quien sabe que se ha topado de bruces con algo muy valioso. Se ha quitado, además, la presión de haber soltado la bomba que escondía la primera temporada y salir airoso del arriesgado giro de guion, cuando la serie de la que es productor ejecutivo, además de protagonista, reveló que detrás del detective John Sugar, con su apariencia impecable de Humphrey Bogart moderno, su Corvette clásico de los 60 y el perro callejero que le acompaña, se escondía un extraterrestre de piel azul con más misterios aún por aclarar.»Ya no hay que guardar el secreto, y eso es un alivio», dice a EL MUNDO el dublinés de 50 años. «El origen de Sugar vuelve a la historia de forma significativa hacia el final de la temporada, pero en esta entrega me centré en explorar nuevas facetas de quién es él, quién cree que es, quién desearía ser y de qué se avergüenza. Tú simplemente tratas esto como una historia y mantienes el rumbo, explorando nuevas avenidas del personaje».La segunda temporada arranca con un Sugar radicalmente diferente. Todos sus compañeros de planeta han regresado a casa y él se queda solo en la Tierra por primera vez. «Es un hombre profundamente aislado», explica Farrell. «Y eso cambia todo: cómo se mueve, cómo se relaciona, cómo lidia con el deseo y con la violencia». El escenario también cambia: de los barrios acomodados de Bel-Air y los Palisades de la primera entrega, a Koreatown y el este de Los Ángeles.»Va a ser muy diferente en términos del tono», analiza mientras juega con su melena de manera incesante. «Él va a enfrentarse a experiencias humanas que no tuvo que afrontar en la primera temporada, en particular el deseo, y también la atracción que ejerce sobre él la violencia, alguien que en principio rechaza pero que se ve envuelto en ella una y otra vez, incluso por elección propia en un momento de esta segunda entrega».De Sugar se queda con su decencia irreductible. «No es ingenuo. Ha visto la violencia de cerca. Pero mantiene una fe genuina en la bondad humana, lo cual es muy difícil de sostener cuando ves lo que pasa en el mundo. Eso es lo más dramático de él, y resulta que también es lo más intere
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