Costa-Gavras lleva seis décadas resistiendo su cine al happy end estadounidense. El director griego, un pintor de las convulsiones sociales y políticas del mundo en la gran pantalla, ha hablado con EL PAÍS a sus 92 años sobre el mundo actual: uno de los más polarizados de la historia reciente.. Su legado. Tras una veintena de películas, si Costa-Gavras solo pudiera quedarse con una sería Hanna K, una obra del pasado sobre judíos y palestinos, dice, “que podría ayudar a entender un poco mejor el presente”.. Un cine con resistencia a tomar partido. Pese a su impulso de mostrar el mundo a través de la gran pantalla, se resiste a una obra “partisana o dogmática”: “Mis películas son arte, no discurso intelectual ni político”.. Aunque con cercanía a la izquierda. Reconoce que su corazón sigue “un poco escorado a la izquierda”, pero se siente decepcionado: “En Francia, donde he pasado casi toda mi vida, la izquierda política ha entrado en una deriva ridícula”.. Su preocupación por la sociedad: “Vivimos en un escenario preapocalíptico. Nuestra codicia está destruyendo el planeta y nuestra incapacidad para el diálogo está destruyendo la democracia”.. Un dardo a Trump. “Es la personalidad que mejor define nuestra época, porque ha demostrado que no necesita dialogar con nadie, transigir con nadie ni respetar ninguna regla para hacerse con todo el poder”.. Y su eterna necesidad de crear. “¿Por qué iba a dejarlo? El cine no me parece una profesión, sino una pasión, así que no veo razones para renunciar a él”, dice antes de confesar que está escribiendo sobre los meses que decidieron el destino de Grecia al final de la Segunda Guerra Mundial.. ©Foto: Laura León. Si quieres saber más, puedes leer aquí.. Seguir leyendo
Costa-Gavras lleva seis décadas resistiendo su cine al happy end estadounidense. El director griego, un pintor de las convulsiones sociales y políticas del mundo en la gran pantalla, ha hablado con EL PAÍS a sus 92 años sobre el mundo actual: uno de los más polarizados de la historia reciente.Su legado. Tras una veintena de películas, si Costa-Gavras solo pudiera quedarse con una sería Hanna K, una obra del pasado sobre judíos y palestinos, dice, “que podría ayudar a entender un poco mejor el presente”.Un cine con resistencia a tomar partido. Pese a su impulso de mostrar el mundo a través de la gran pantalla, se resiste a una obra “partisana o dogmática”: “Mis películas son arte, no discurso intelectual ni político”.Aunque con cercanía a la izquierda. Reconoce que su corazón sigue “un poco escorado a la izquierda”, pero se siente decepcionado: “En Francia, donde he pasado casi toda mi vida, la izquierda política ha entrado en una deriva ridícula”.Su preocupación por la sociedad: “Vivimos en un escenario preapocalíptico. Nuestra codicia está destruyendo el planeta y nuestra incapacidad para el diálogo está destruyendo la democracia”.Un dardo a Trump. “Es la personalidad que mejor define nuestra época, porque ha demostrado que no necesita dialogar con nadie, transigir con nadie ni respetar ninguna regla para hacerse con todo el poder”. Y su eterna necesidad de crear. “¿Por qué iba a dejarlo? El cine no me parece una profesión, sino una pasión, así que no veo razones para renunciar a él”, dice antes de confesar que está escribiendo sobre los meses que decidieron el destino de Grecia al final de la Segunda Guerra Mundial.©Foto: Laura LeónSi quieres saber más, puedes leer aquí. Seguir leyendo
8/11/2025 . Entrevista con el director de cine franco-griego Costa-Gavras en el Alcázar de Sevilla – ©Laura León —–PIEFOTO—– Costa-Gavras, retratado en el transcurso de la entrevista mantenida en el Alcázar de Sevilla, ciudad cuyo Festival de Cine Europeo le ha rendido homenaje recientemente.foto: laura león. Costa-Gavras lleva seis décadas resistiendo su cine al happy end estadounidense. El director griego, un pintor de las convulsiones sociales y políticas del mundo en la gran pantalla, ha hablado con EL PAÍS a sus 92 años sobre el mundo actual: uno de los más polarizados de la historia reciente.. Su legado. Tras una veintena de películas, si Costa-Gavras solo pudiera quedarse con una sería Hanna K, una obra del pasado sobre judíos y palestinos, dice, “que podría ayudar a entender un poco mejor el presente”.. Un cine con resistencia a tomar partido. Pese a su impulso de mostrar el mundo a través de la gran pantalla, se resiste a una obra “partisana o dogmática”: “Mis películas son arte, no discurso intelectual ni político”.. Aunque con cercanía a la izquierda. Reconoce que su corazón sigue “un poco escorado a la izquierda”, pero se siente decepcionado: “En Francia, donde he pasado casi toda mi vida, la izquierda política ha entrado en una deriva ridícula”.. Su preocupación por la sociedad: “Vivimos en un escenario preapocalíptico. Nuestra codicia está destruyendo el planeta y nuestra incapacidad para el diálogo está destruyendo la democracia”.. Un dardo a Trump. “Es la personalidad que mejor define nuestra época, porque ha demostrado que no necesita dialogar con nadie, transigir con nadie ni respetar ninguna regla para hacerse con todo el poder”.. Y su eterna necesidad de crear. “¿Por qué iba a dejarlo? El cine no me parece una profesión, sino una pasión, así que no veo razones para renunciar a él”, dice antes de confesar que está escribiendo sobre los meses que decidieron el destino de Grecia al final de la Segunda Guerra Mundial.. ©Foto: Laura León. Si quieres saber más, puedes leer aquí.. Anterior. Siguiente
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