En una España viviendo una de sus peores crisis económicas -el IPC estaba al 14%-; en una España que sufría los años del plomo de ETA; en una España de gran agitación social, la semana del 23 de febrero de 1981 comenzó con un intento de golpe de Estado y terminó con el secuestro del futbolista más importante del momento, Quini. El 1 de marzo de aquel año, Quini, tras marcar tres goles de los seis con los que venció el Barça al Hércules, tenía que haber ido al aeropuerto de El Prat a recoger a su mujer y a sus niñas que regresaban de pasar unos días en Gijón. Nunca apareció. . Seguir leyendo
Por cien millones es la historia de uno de los secuestros más famosos de la historia de España, el de Enrique Castro ‘Quini’. Pero, sobre todo, es la historia de Alfonso, Raúl y Salva, tres currantes en paro, que descubrieron, por las malas, dos cosas: que la vida no es como las películas, y que ser malo, cuando eres bueno, no es tan fácil como parece
En una España viviendo una de sus peores crisis económicas -el IPC estaba al 14%-; en una España que sufría los años del plomo de ETA; en una España de gran agitación social, la semana del 23 de febrero de 1981 comenzó con un intento de golpe de Estado y terminó con el secuestro del futbolista más importante del momento, Quini. El 1 de marzo de aquel año, Quini, tras marcar tres goles de los seis con los que venció el Barça al Hércules, tenía que haber ido al aeropuerto de El Prat a recoger a su mujer y a sus niñas que regresaban de pasar unos días en Gijón. Nunca apareció.. Cuando Quini salía del portal de su casa, tres hombres encapuchados le secuestraron, le metieron en su propio coche, le preguntaron cómo se conducía un automático, Quini se lo explicó y después se vio dentro de una caja de madera rumbo a un lugar desconocido, rumbo a Zaragoza. Tres hombres, tres mecánicos de Zaragoza en paro, tres «muertos de hambre» habían secuestrado al pichichi de La Liga. Solo el pago de cien millones devolvería la libertad al jugador.. Aquel secuestro, que durante semanas ocupó todas las portadas de la prensa, todos los programas de televisión, que a punto estuvo de paralizar La Liga, conmocionó a una España a la que pocas cosas conseguían sorprender; pocas, menos el secuestro de Quini. Y es esta historia la que Nacho G. Velilla ha querido llevar a la pequeña pantalla en la serie Por cien millones, que llega hoy Movistar Plus+.. Una serie de tres capítulos en la que G. Velilla vuelve a sacar el mejor de sus talentos: «Buscar la intrahistoria que hay detrás de un gran titular». Porque el director no ha hecho una serie para contar lo que ya se ha contado, visto, oído o recordado, G. Velilla se puso a investigar y descubrió que los secuestradores eran tres mecánicos en paro de Zaragoza, que él también es de Zaragoza, que podía hablar con familiares y conocidos de los secuestradores, con los policías que llevaron a acabo la investigación, y «me di cuenta que había una historia muy atractiva, muy sorprendente y muy a medida de lo que yo hago, que no son las historias típicas de héroes, sin las historias de antihéroes».. Vito Sanz interpreta a Raúl, uno de los secuestradores de Quini.MOVISTAR PLUS+. Aunque el secuestro de Quini es una de las historias de aquella España que ha ido saltando de generación en generación, en el imaginario de la sociedad la historia de estos tres hombres quedó para el olvido. Hoy, son muchos a los que les preguntas por el secuestro de Quini y reconocen recordarlo, pero culpan a ETA o las Grapo. Cierto que la policía en un principio creyó que podría ser una banda terrorista, incluso, la mafia marsellesa, pero la realidad, que es la cuenta Por cien millones, fue mucho más simple, más sencilla y más real: «Tres muertos de hambre» que secuestraron a Quini «por necesidad».. Por cien millones es la historia del secuestro de Quini, pero es sobre todo la historia de Alfonso, Raúl y Salva, tres currantes en paro, que quisieron salir de una situación económica desesperada y descubrieron, por las malas, dos cosas: que la vida no es como las películas, y que ser malo, cuando eres bueno, no es tan fácil como parece.. En el papel de Quini, un Agustín Otón que podría ser perfectamente el hijo olvidado del futbolista, dado el gran parecido que guarda con él. De hecho, Otón confiesa que desconocía por completo la historia, al igual que Vito Sanz (Raúl), Gabriel Guevara (Salva) y Natalia Huarte (la mujer de uno de los secuestradores), y que cuando empezó a buscar fotografías de Quini tuvo claro que «esto lo tenía que hacer yo».. Es curioso y a la vez beneficioso que varios miembros del elenco de Por cien millones no conociesen un secuestro que mantuvo en vilo a la sociedad y del que después se han escrito decenas de reportajes y se han hecho documentales. Y decimos beneficioso porque todos ellos llegaron a la serie con los ojos del que no juzga. Unos ojos que son necesarios para entender la forma de contar la historia de Nacho G. Velilla, para comprender que los secuestradores no eran malas personas, pero también para comprender por qué eligieron a Quini y por qué el futbolista se convirtió en una especie de salvador para ellos.. «Es una historia maravillosa e interesantísima», afirma Otón. Y es la manera en la que ha elegido Nacho G. Velilla contarla la que la hace tan interesante. Uno espera que por ser la historia de un secuestro se trate como un thriller o una tragedia, Nacho G. Velilla lo cuenta como una comedia, pero una comedia que ha encontrado el equilibrio perfecto para mantener el respeto por lo que realmente fue una tragedia, pero que es tan surrealista que contarla de otra manera no hubiera captado la historia en sí.. «No somos delincuentes, somos pobres», es la frase que mejor ilustra Por cien millones y que corresponde a la declaración en la que uno de los secuestradores confesó el secuestro. Y es real, pues G. Velilla escarbó en toda la documentación existente: declaraciones ante la policía, las sesiones del juicio, las transcripciones de las llamadas de los secuestradores, lo que se vivió dentro de la familia de Quini y lo que, una vez descubiertos, se vivió en las familias de los secuestradores.. Porque en esta historia los únicos que nunca han querido hablar (y aún siguen sin hacerlo) son Salva, Alfonso y Raúl. Después de ser acusados, juzgados, condenados y perdonados por Quini, los tres hombres desaparecieron de esta historia. De ahí, que la visión de Por cien millones resulte «interesantísima», pues lo que cuenta nunca se ha contado, «y todo lo que ocurre, aunque parezca inventado, es real», dice el director.. Nacho G. Velilla, director y creador, con los actores que dan vida a los secuestradores de Quini.MOVISTAR PLUS+. Recuerda, como señalan Raúl Arévalo y Vito Sanz, a aquellas películas de Luis García Berlanga, como El Verdugo, en el que «se cuenta una historia muy nuestra y muy compleja desde la comedia». «Es verdad que se corre el riesgo de relativizar el conflicto y es ahí donde vas un poco con cuidado. Pero Nacho tenía muy claro el equilibrio entre las dos cosas. Hay unos elementos con los que puedes contar esta historia sin que sea tampoco traumática», explica Sanz, el cual revela que a él le gusta «contar cosas serias de esta manera».. «Hemos respetado los hechos reales, respetando la figura de Quini, la historia que nos ha contado la Policía, los familiares, pero también haciendo un ejercicio de introducir al espectador en el contesto real que estos tres hombres vivieron en esa época, de una angustia, de una crisis económica tan convulsa, que eso nos hace navegar fácilmente en la historia, y contarla con cierto respeto», asegura Nacho G. Velilla.. Porque para el director, Por cien millones es «un ejemplo muy claro de que la comedia es tragedia más tiempo». El secuestro de Quini es una historia que se vivió como una tragedia porque evidentemente era una tragedia para la familia, para Quini, para la sociedad española, para los policías, «a los que hemos entrevistado 45 años después y lo siguen viviendo con amargura», pero «cuando te documentas, entiendes mejor a los secuestradores; no entiendes lo que hicieron ni empatizas con ellos, pero sí entiendes su situación de angustia».. «Lo que me llama mucho la atención es que muchos de los titulares de aquella época, los de la crisis de la vivienda, la crisis del petróleo, desgraciadamente se leen muy similares a día de hoy». Nacho G. Velilla, director. A la angustia a la que se refiere el director es la otra pata de esta ficción: el retrato de la sociedad española de aquella época: «Lo que me llama mucho la atención es que muchos de los titulares de aquella época, los de la crisis de la vivienda, la crisis del petróleo, desgraciadamente se leen muy similares a día de hoy».. A Quini le secuestraron «por ser buena persona», porque «ETA secuestraba y a los pocos días tenía el dinero», pero como los propios secuestradores aseguran en la serie «si al trabajo criminal le quitas el criminal, solo te queda el trabajo, y nosotros somos unos currantes».. «Yo sí creo que la necesidad te puede llevar a hacer una locura», asegura Agustín Otón. «Empatizas un poco con esa humanidad, con esa necesidad», concluye Vito Sanz. Secuestrado y secuestrador, como la historia misma.
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