En ‘Antigüedades’, su novela más reciente, la escritora da lo mejor de sí sin abandonar los temas de los que siempre se ha ocupado, como el judaísmo y la condición humana Leer
En ‘Antigüedades’, su novela más reciente, la escritora da lo mejor de sí sin abandonar los temas de los que siempre se ha ocupado, como el judaísmo y la condición humana Leer
Lloyd Wilkinson Petrie se dispone a escribir sus memorias un 30 de abril de 1949, «a instancias de los administradores de la Temple Academy, una institución exclusiva para chicos que vio pasar a su último alumno hace treinta y cuatro años», escribe al comienzo de Antigüedades, novela más reciente de Cynthia Ozick (Nueva York, 1928).. Aunque también novelista, la estadounidense es reconocida sobre todo por sus cuentos (Lumen publicó una selección de Cuentos reunidos, además de varias de sus novelas, como El chal, Cuerpos extraños o Los últimos testigos) y es una lúcida ensayista, como se demuestra en Metáfora y memoria y en Críticos, monstruos, fanáticos y otros ensayos literarios, ambos en Mardulce.. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. Alpha Decay. 112 páginas. 17,90 €. Puedes comprarlo aquí.. Esta novela que lanza Alpha Decay – que ya publicó el ensayo ¿A quién pertenece Anna Frank?-, es un trabajo que podría ser despachado como menor teniendo en cuenta la edad de Ozick. Sería un error tremendo: en Antigüedades hay una escritora dando lo mejor de sí, que sigue ocupándose de los asuntos que reaparecen en su obra, como el judaísmo con todas sus ramificaciones.. Inventa a un narrador, Lloyd Petrie, que se entrega a sus 80 años a la tarea de redactar sus memorias para complementar la Historia oficial de la institución, que existe: una caja fuerte de J.P. Morgan & Co. alberga un ejemplar de la misma junto a otras reliquias de la institución. Así que Lloyd Petrie se entrega a su ejercicio de evocación y se sumerge en sus memorias como alumno de la institución.. Pronto emerge el recuerdo del padre, muerto cuando él tenía 10 años -le dejaron salir de la institución y acudir al funeral-, arqueólogo amateur durante un breve lapso en 1880 junto a un primo suyo, William Matthew Flinders Petrie, que existió, fue un eminente egiptólogo. El personaje de Ozick, Lloyd Petrie, guarda celosamente el cuaderno que su padre rellenó en el viaje a Egipto junto a algunos objetos que se trajo de allí y a los que les supone portadores del peso de la historia, cuanto menos. Se acuerda también de Ben-Zion Elefantin, un compañero de internado, figura fantasmagórica, cuyo recuerdo le asalta desde la ternura y el misterio.. Antigüedades no son solo las memorias de Lloyd Petrie, son también las circunstancias en que trata de escribirlas: con la decrepitud de los otros residentes, los trabajadores que se van de allí y finalmente, la reubicación de los residentes porque la institución es deficitaria y hay un comprador del edificio. Están también las malas pasadas de la edad, como los saltos en la memoria, las jugarretas de los otros residentes, que tratan de inutilizarle la máquina de escribir, y las preguntas sobre nuestra propia vida que nunca logramos responder y cuyo misterio quizá sea lo que nos mantenga con vida, tenga que ver con el amor o el mito, con lo íntimo o con lo comunitario.
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