El que se ha presentado a una oposición sabe lo que son la noche anterior y los minutos previos a sentarse y que te entreguen el examen. El que no lo haya vivido, imagine los nervios y la inquietud de una entrevista de trabajo en la que se juega su futuro. Y ahora sume estos dos momentos, porque es lo que se vive y se siente cuando uno intenta convertirse en concursante de Pasapalabra.. Seguir leyendo
Seguro que si es seguidor de Pasapalabra alguna vez se ha preguntado cómo se elige a los participantes del concurso más difícil y millonario de la televisión. EL MUNDO se ha colado en uno de los castings públicos del programa. «Es una oposición en toda regla», asegura el equipo
El que se ha presentado a una oposición sabe lo que son la noche anterior y los minutos previos a sentarse y que te entreguen el examen. El que no lo haya vivido, imagine los nervios y la inquietud de una entrevista de trabajo en la que se juega su futuro. Y ahora sume estos dos momentos, porque es lo que se vive y se siente cuando uno intenta convertirse en concursante de Pasapalabra.. Del casting de Pasapalabra se ha hablado y dicho mucho, pero solo el que lo ha vivido sabe lo que es. Existen dos maneras de dar el primer paso hacia un futuro millonario, o no. La primera, que te llamen porque ya has participado en algún que otro concurso y tu perfil encaja con lo que busca el programa; la segunda, que le eches valor, horas de estudio y te presentes a alguno de los castings públicos que la productora hace casi cada mes por toda España. Quien escribe estas líneas decidió echarle más morro que estudio para presentarse a uno de ellos, sorprendida por la preparación de quienes se presenta y por las virtudes, más allá de los conocimientos, que uno debe tener para convertirse en concursante de Pasapalabra.. Es una mañana soleada y fría en Madrid; son las 8.30 de la mañana. En la puerta del centro CaixaForum, una veintena de personas espera a que el guardia de seguridad de la puerta dé paso a «los que han venido a esto del concurso». Una se coloca la última, mientras observa a los que tiene delante. La mayoría va con sus apuntes en mano o con el móvil. Repasan las palabras y las definiciones que no terminan de quedarse en su memoria después de semanas, meses, incluso, años de estudio. «Yo me he fabricado mi propia aplicación», cuenta Laureano, un joven argentino afincado en España desde los cuatro años. «Lo que hago son muchos Roscos y las palabras que falló las meto en la aplicación y me las voy estudiando». Este es el nivel.. Uno de los participantes del casting de Pasapalabra, repasando antes de entrE. M.. Hay gente de Vitoria, de Valencia, hasta de Viena; sí, de Viena. Pero también los hay a los que les ha apuntado su mujer: «A mí me ha dicho, cógete la moto y te vas al CaixaForum a hacer la prueba. A ver si suena la flauta». Hay expertos, novatos, especialistas en castings, expertos en concursos televisivos, pero todos son fans de Pasapalabra. «Hay algunos que han venido tantas veces que son hasta conocidos por el equipo», nos dicen las encargadas del casting.. Los hay jóvenes, muy jóvenes; mayores, muy mayores; hay muchos hombres, pocas mujeres, aunque, según van pasando las horas, la cuota femenina se hace cada vez más presente. «Me he presentado muchas veces; la primera vez hace ocho años que fui a hacerlo a una universidad de aquí de Madrid. Si consiguiera el bote donaría el bote a la asociación de salud mental de Alcorcón, APASEV. Yo estudio con Apalabrados y me presento porque quiero saber cómo va mi memoria», nos cuenta José Carlos.. Los más veteranos -hay algunos que con ésta ya se han presentado ocho veces- dan consejos a tutiplén mientras esperan a que alguien del equipo les venga a buscar. Diego José Ortiz Sanz es uno de esos veteranos, más que conocido por el equipo de Pasapalabra. Viene con sus apuntes en la mano, camina de un lado a otro. «Me he presentado a cuatro castings y en el último acerté 23 de las 25 palabras de uno de los Roscos. Pero es que aquí no es solo eso, influyen muchas cosas, porque luego tienes que pasar la prueba de cámara que depende mucho de tu fotogenia», dice. «Os recomiendo», avisa a todos los presentes, que «cuando vayais a la prueba de cámara os vendáis como si estuvierais en una entrevista de trabajo».. ¡Y llega el momento! Hay que bajar a la planta -1. Allí hay dos salas preparadas. En la primera, pupitres individuales con la separación adecuada para que nadie pueda copiar al de al lado. De frente, la mesa del tribunal, las mujeres que van a corregir una a una la primera prueba, la escrita. «Esto es una oposición en toda regla», nos advierte Montse Ramos, coordinadora del departamento de casting del concurso más visto de la televisión.. Todo está preparado, cada participante listo, sentado, boli en mano y ansioso, muy ansioso. Cada miembro del tribunal va entregando una hoja en la que hay que rellenar tus datos personales, tus aficiones, si has participado en algún concurso o programa de televisión y las razones por las que has decidido ser «candidato a Pasapalabra».. Llega el momento de la explicación: «Os vamos a entregar dos Roscos completos. Tenéis 10 minutos para completarlos. Podéis empezar por el que queráis, pasar de uno a otro y organizaros cómo mejor os parezca. Dejad las hojas boca abajo y no les deis la vuelta hasta que os digamos». Un silencio sepulcral se apodera de la sala. Un candidato levanta la mano: «¿Se puede tachar y volver a escribir?». Sí, se puede. Un consejo: «Aunque penséis que no es la palabra correcta, ponedla. Los errores no bajan puntos e igual sí que es la correcta». «¿Preparados? El tiempo comienza ya». La suerte está echada.. «Con la A: se dice de la persona que carece de nacionalidad legal». Primera palabra del primer Rosco. Algunos escriben a lápiz para después comprobar, borrar y confirmar en bolígrafo. Lo que no saben es que va a ser difícil que le dé tiempo. Cuando el equipo de casting grita «os quedan cinco minutos», un escalofrío te recorre la columna vertebral. ¿Cómo es posible que hayan pasado ya cinco minutos si todavía no he terminado el primer Rosco? Empiezas con el segundo, pero los nervios te apoderan. Tu cabeza empieza a decirte que no vas a llegar, las palabras que hace dos minutos tenías claras se nublan y todo son dudas. Efectivamente, sin estudiar esto es una odisea.. Empiezas a recordar los consejos de los veteranos, de los que venían preparadísimos, esos que te decían que no son Roscos difíciles, pero que si dudas, no llegas. «Os quedan tres minutos», gritan ahora. En tu cabeza para cada definición aparecen cinco palabras diferentes. Tu cerebro se bloquea, pensando en si será una, otra o intentando recordar esa palabra que tienes en la punta de la lengua, pero que por culpa de los nervios no termina de salir.. «¿Cómo es la palabra que empieza por E y que es la longitud total de una embarcación medida desde la proa (parte delantera) hasta la popa (parte trasera)?». Te rindes. Lo peor es cuando alguno de tus ‘contrincantes’ se levanta de la silla porque ya ha terminado. Piensas: «¿Cómo lo ha hecho?». La respuesta es fácil: estudiando. «Os queda un minuto» y frente a ti una decena de huecos en blanco. Suena la alarma: «¡Tiempo!». «Por favor, ¿me podrías decir si esta palabra es la correcta? Es que me ha vuelto loco toda la prueba», pregunta uno de los participantes a uno de los miembros del tribunal. Le mira y sonríe. «¡Menos mal!».. Hemos sido la primera tanda de los muchos que esperan fuera y que irán pasando a lo largo del día. Son seis horas de casting, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde. Por esa sala pasarán decenas y decenas, por la siguiente, la de la prueba de cámara, también; por la que solo pasan unos pocos elegidos es por la tercera. Es la sala de los, digamos, «maestros», los que han realizado una prueba escrita cum laude. Es en ella donde se les somete a la prueba final: un Rosco grabado de tres en tres. Es decir, tres participantes, cada uno con su propio Rosco, que no compiten entre sí, pero que en realidad sí lo hacen.. «Yo creo que me ha salido muy bien», asegura Diego José. «La prueba de cámara me han dicho que no la haga porque ya me tienen más que fichado, a ver si subo a la de arriba».. Cuatro participantes del casting de Pasapalabra durante la prueba de cámara.E. M.. Rocío Arcos tiene 58 años. Ha venido con su marido, que también se ha presentado. Le han entregado el número el número 4. «Mi sueño era entrar en un casting», explica. «Veo el programa de toda la vida. Lo vemos todas las tardes y voy apuntando todas las palabras que no consigo. Para nosotros, la hora de Pasapalabra es sagrada. No se coge ni el teléfono». Salimos y nos reencontramos con el hombre al que le envió su mujer.. -¿Cómo ha ido?. -Pues, para no haber estudiado nada y estar aquí de chiripa, me ha salido bastante bien.. Casi todos salen con la misma idea, «lo hayan bien o mal; la gente tiene mucha autoestima», nos dicen entre risas.. En la planta noble, la de la prueba con Roscos reales, la puerta está cerrada a cal y canto. Una vez entran tres, nadie puede pasar. No engañan cuando aseguran que es como un Rosco real. Tres son los concursantes, tres son los que salen. Aquí no hay un ganador, al menos de momento.. Cuenta el equipo de casting que tienen miles y miles de perfiles. «No se tira ninguno. Todos se guardan, pero lo que no podemos decirles es cuándo les vamos a llamar. Puede ser en una semana, un mes, o incluso, en varios años. Ten en cuenta que hacemos dos castings al mes, que se presentan cientos de personas y que esos cientos puede estar el futuro ganador de Pasapalabra». Spoiler: la que escribe, no pasó la prueba cum laude.
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