A través de la historia de una ecléctica familia, el escritor Hugo Gonçalves explora en la magistral novela ‘Revolución’ el llamado Proceso Revolucionario en Curso (PREC), el año largo en el que la democracia de Portugal estuvo a punto de naufragar. «Fue un periodo trágico, de miedos y esperanzas y violencia en el que, como suele pasar, los extremos hicieron mucho ruido», asegura Leer
A través de la historia de una ecléctica familia, el escritor Hugo Gonçalves explora en la magistral novela ‘Revolución’ el llamado Proceso Revolucionario en Curso (PREC), el año largo en el que la democracia de Portugal estuvo a punto de naufragar. «Fue un periodo trágico, de miedos y esperanzas y violencia en el que, como suele pasar, los extremos hicieron mucho ruido», asegura Leer
Sólo en Lisboa, más de 220.000 personas salieron a la calle el 25 de abril de 2024 para conmemorar los 50 años de la mítica Revolución de los Claveles que terminó con el regimen del Estado Novo, la dictadura inaugurada por Salazar en 1933 que tiñó de gris la vida de Portugal durante casi medio siglo. Una de ellas era el escritor Hugo Gonçalves (Sintra, 1976), que recuerda la efervescencia de un momento histórico. «Es cierto que se hace todos los años, pero me quedé impresionado con la cantidad de gente que bajó a la avenida en esa fecha tan simbólica. Llevé a mi hijo, que tenía tres años, y para mí fue muy importante, un momento muy feliz que espero que recuerde con cariño», explica.. Un año antes, en 2023, el novelista y periodista había publicado en su país Revolución (Libros del Asteroide), una monumental y ambiciosa novela familiar que a través de la vida de tres hermanos con vidas muy diferentes retrata qué paso en Portugal durante 1975, el año posterior a la mítica efeméride y que ha quedado para la historia con el nombre de Proceso Revolucionario en Curso (PREC), unos meses convulsos en los que se sucedieron seis gobiernos provisionales y hubo varios intentos de golpe militar, huelgas, atentados y, sobre todo, una incertidumbre y una participación ciudadana que afectó a todos los ámbitos de la vida pública y privada portuguesa.. «De la Revolución de los Claveles está todo contado, hay como una foto fija en el imaginario popular que habla de esperanza y triunfo, pero esto no fue tan así», sostiene Gonçalves, quien asegura que pese a lo que diga el legendario himno Grândola, Vila Morena, no había tras cada esquina un amigo ni tras cada rostro igualdad, sino muchas suspicacias.. «Fue un periodo trágico, de miedos, de esperanzas, de mucha más violencia de lo que la gente recuerda, de bombas explotando, y en el que, como suele pasar todavía hoy en las redes sociales, y en general, los extremos hicieron mucho ruido», resume el escritor. «Incluso en Portugal existe mucho estereotipo, si eres de una familia de derechas, de quienes querían regresar a la dictadura, ves el PREC de una forma, y si eres de una de izquierdas, de quienes quisieron montar una democracia popular de estilo comunista, de otra. Pero la vida nunca es blanca o negra, siempre hay matices, y eso es lo que quería atrapar en mi novela».. Su exhaustiva investigación del frenético periodo toma forma, como decíamos, a través de la vida de tres hermanos Maria Luísa, Pureza y Frederico, cuyos conflictos y diferentes visiones del mundo colisionan en esos meses locos. «Los tres tienen formas distintas de recibir la libertad y la novedad que arrasó con todo, e ideológicamente son muy diferentes». Maria Luísa es una militante comunista convencida que incluso sufre tortura y cárcel mientras intenta compaginar su militancia y la maternidad. Pureza sólo quiere llevar una vida tradicional de madre y ama de casa dentro del ordden y el mundo en el que ha crecido y no cuestiona y el pequeño, Frederico, simplemente quiere olvidarse de la política y experimentar todo el mundo de posibilidadesd que trae la nueva libertad moral, disfrutar del mundo, de la música, del sexo, y de lo que sea.. «Fue un periodo trágico, de miedos y esperanzas, de violencia y bombas, y en el que, como suele pasar, los extremos hicieron mucho ruido». En la novela, que se centra en ese año pero abarca unas dos décadas antes y después, Gonçalves reconstruye con pericia y veracidad justamente ese clima moral y social, agotador y asfixiante tras casi 50 años de lo que llama «miseria moral». Algo que ya hizo en 2021 cuando publicó Deus Pátria Família, ambientada en el verano de 1940, cuando el Estado Novo vivía su periodo más reluciente. «En aquel entonces, Salazar había apartado a toda la oposición, de izquierdas y derechas, y se acababa de inaugurar la gran Exposición del Mundo Portugués, un evento de corte imperialista y de estética muy fascista a mayor gloria del régimen», contextualiza el escritor. «Sin embargo, Lisboa era una ciudad muy pobre rodeada de barrios de chabolas, la mortalidad infantil era altísima y menos del 1% de la población iba a la universidad. Había un contraste increíble entre la propaganda del régimen y la realidad».. Una realidad que con el paso de los años nunca fue a mejor y que, finalmente, se hizo insostenible. «Lo que logró la dictadura fue instaurar, como te decía, un clima de miseria moral. La pobreza se entendía como algo noble, honorable, y se acuñaron expresiones populares como esa de que en Portugal se comía con una sardina para seis. Se sentenció a todo un pueblo», lamenta Gonçalves, que se pregunta a qué horizontes podía aspirar una sociedad donde si eras hijo de un campesino o pescador se te decía que tenñis que seguir ese camino. «Todo eso cambió poco a poco, la gente que era niña y joven a finales de los 60 vivió de lejos cosas como Mayo de 68, los swinging sixties en Gran Bretaña o el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, unido a cosas como las drogas, la minifalda y el rock and roll y comenzó a despertar».. Manifestación en el Barrio Alto de Lisboa durante el conocido como «verano caliente» de 1975.ALFREDO CUNHA. Entonces, todo se precipitó. No es fácil explicar por qué fue justo en 1974 cuando el sistema implosionó, pero sí hay pistas. Desde 1961 las varias guerras coloniales del país habían costado la vida a más de 10.000 jóvenes y desde 1965 más de un millón de portugueses emigraron a países como Francia, Venezuela o Suiza, muchos por los Pirineos, huyendo de la miseria y el reclutamiento. «Esa generación que tenía unos 30 y pico años, que fue la que hizo la revolución, sentía que había perdido el tren de la historia, que vivía en un país anclado en el pasado y tenía ganas de vivir en un futuro que otros lugares ya estaban viviendo, de otra forma», reflexiona el autor.. Otro aspecto que aborda Revolución, además de lo dicho, es el clima de represión y terror estatal que, contra lo que pueda pensarse, era en los estertores de la dictadura tan o más rígido que en el pasado. Algo que refleja muy bien la historia de Maria Luísa, el primer personaje concebido por Gonçalves. «Me interesaba explorar cómo puede alguien que empieza con ideales buenos, derribar una dictadura con honestidad, valor y coraje, terminar siendo una terrorista ciega, incapaz de ver nada que no sea la causa», comparte el escritor, quien confiesa que se documentó mucho con documentales y libros sobre miembros de ETA. «También quería reflejar cómo, durante mucho tiempo el Partido Comunista fue la única organización en Portugal capaz de afrontar, aunque poco, la dictadura. La mayoría no eran estalinistas monolíticos, sino gente que sólo quería combatir el régimen».. Una lucha que podía costar cara. La novela narra con crudeza escenas de tortura cometidas incluso meses antes del fin del régimen. «Las dictaduras, al contrario que los yogures, no tienen versión light, y la portuguesa incluso se endureció hacia el final», asegura. Leer un libro prohibido o besar a tu pareja en la calle podía costarte la cárcel, y los asesinatos de la policía política no fueron nada infrecuentes, igual que castigos como la tortura del sueño o la tortura de la estatua y otras artimañas psicológicas. «La brutalidad que aplicaban cuando detenían a alguien era suficiente para que existiera una especie de terror en el aire, fomentado también por las delaciones de miles y miles de informantes insospechados, como se descubrió cuando se abrieron los archivos del PIDE, la policía secreta. «Curiosamente, investigando cientos de testimonios he descubierto que lo que daba más miedo daba a la gente en la cárcel no era que te pegaran, sino estar sólo. Es muy perverso quitarle a alguien su humanidad hasta el punto de que te pida que le pegues para no estar sólo».. «Las dictaduras, al contrario que los yogures, no tienen versión ‘light’, y la portuguesa incluso se endureció hacia el final». Si bien el escritor condena estas prácticas, no idealiza nada y narra como la ortodoxia comunista fue un problema en 1975, pues cuando la Revolución no siguió el rumbo que querían todo se radicalizó. «Esa gente que hablaba de libertad, cuando el resultado de la Revolución fue una democracia al estilo occidental y no un régimen como el soviético fueron incapaces de aceptar la voluntad de la mayoría. Antes decían que el pueblo estaba siendo oprimido, pero ellos no le dejaban tener opinión», recrimina Gonçalves, cuyo personaje refleja lo duro de darte cuenta de que tras tantas renuncias y privaciones has tirado varias décadas a la basura.. La otra cara de la moneda la representa Pureza, casada con un cargo del régimen, que, tras la revolución debe salir de Portugal y recalar en Madrid. «Muchas veces una persona no se plantea si la sociedad en la que vive está bien o mal, sino que simplemente vive como le han enseñado. Es verdad que hay mucha política en el libro, pero yo no soy activista, sino escritor, y lo que me interesa es la literatura, los matices», defiende Gonçalves. «Por eso quise mostrar cómo también durante el PREC se cometieron muchas injusticias, como obligar a exiliarse a mucha gente que no eran fascistas, sino, en muchas casos, gente de cierta clase social, o que trabajaba honradamente para el Gobierno. Pureza sólo quería ser esposa y madre y de pronto debe dejar su país. Me interesaba contar su historia sin el filtro ideológico, simplemente esa parte humana».. Ese tipo de detalles son lo que convierten Revolución en una vibrante crónica de esos meses que fueron descritos como una época sin tiempo y sin sueño. «Se vivía al día, todo en directo. Como tantas fuerzas sociales se oponían todo era muy intenso, la gente se despertaba durante la noche para escuchar las noticias en la radio porque las cosas cambiaban en una hora. Todos los días había en la calle un mítin, una huelga, una manifestación», explica. «Y claro, llegaron muchas ideas nuevas. Aunque es cierto que entonces todo era político, he querido reflejar también el cambio de las costumbres, de la mentalidad de la gente. Por ejemplo, cuando se estrenó El último tango en París, ya en 1978, habia colas de manzanas enteras, porque la sexualidad había cambiado, había hambre de novedades. Fue como abrir una olla a presión».. «De momento la democracia no está en peligro, pero quizá sí es inevitable que la historia se repita. La clave es no aceptar las mentiras». También, claro, hubo una lógica reacción a todo esto, pues como reconoce, «Aunque el cuento del 25 de abril suene hermoso, una dictadura no puede desaparecer de un día para otro, ni se cambian la moral y las costumbres de una sociedad por arte de magia. Yo mismo, tuve profesores en el colegio de curas que parecían caricaturas de la dictadura. Gente que te amenazaba y decía: ‘te pego una hostia que te quedas dibujado en la pared’. Fue algo gradual, pero la clave fue el compromiso de la mayoría de la gente por mirar al futuro», reflexiona Gonçalves que cuenta de las miles de anécdotas recopiladas que incluye en el libro. «Trata sobre un hombre que siempre aparcaba el coche montado en la acera y cuando volvía tenía siempre una multa que rompía y tiraba. Así muchos días, hasta que uno se encontró un un papelito con un mensaje del policía que decía: ‘Mira, no es así como vamos a construir una democracia’. Le impresionó tanto que lo guardó toda su vida y nunca volvió a aparcar mal», comparte divertido.. Hoy, 50 años después de todo esto, el escritor considera que aún quedan ciertos restos de aquel espíritu comunitario, si bien piensa que su país, quizá como toda Europa, adolece de falta de empatía y de pérdida de civismo, dos de las causas de la degradación de la democracia. «De momento la democracia no está en peligro, pero quizá sí es inevitable que la historia se repita. Lo que no consiento, y en parte, para eso está la literatura es, más que el olvido de todo esto, la mentira, la desinformación», explica. «Seas de derechas o de izquierdas, no puedes decir, como se hace, que en la época de Salazar se vivía mejor. Eso es lo que debemos recordarles a los jóvenes no sólo desde los libros, sino con educación».. Traducciónde Rita da Costa. Libros del Asteroide. 528 páginas. 26,95 € Ebook: 13,99 €. Puedes comprarlo aquí.
Literatura // elmundo
