Hace unos días, justo después de la cena de Nochebuena, mi hija me preguntó por qué cada vez que hablábamos los mayores terminábamos enfadados. Me imaginé que lo preguntaría por cualquiera de las conversaciones que se mantuvieron en la mesa la noche anterior. No supe qué responderle, aunque en el fondo sí sé por qué. De hecho, seguramente lo sepamos todos. Argumentar cualquier cosa ahora mismo es como un ácido reaccionando en un laboratorio. Por eso, aunque no debería ser lo que nos sorprendiera, cuando escuchas argumentos, relatos, explicaciones o historias desde un rostro o voz calmados, un clic resuena en nuestra cabeza.. Seguir leyendo
Antonio Banderas es uno de los rostros casi fijos de El Hormiguero. Las puertas del programa de Pablo Motos siempre están abiertas para él. Y no es sólo por sus musicales, sus obras de teatro o sus películas, sino también porque pocos personajes hay tan coherentes como él
Hace unos días, justo después de la cena de Nochebuena, mi hija me preguntó por qué cada vez que hablábamos los mayores terminábamos enfadados. Me imaginé que lo preguntaría por cualquiera de las conversaciones que se mantuvieron en la mesa la noche anterior. No supe qué responderle, aunque en el fondo sí sé por qué. De hecho, seguramente lo sepamos todos. Argumentar cualquier cosa ahora mismo es como un ácido reaccionando en un laboratorio. Por eso, aunque no debería ser lo que nos sorprendiera, cuando escuchas argumentos, relatos, explicaciones o historias desde un rostro o voz calmados, un clic resuena en nuestra cabeza.. Es lo que sucede cada vez que Antonio Banderas se sienta en un plató para una entrevista. Rostro casi fijo de El Hormiguero, pues es raro que no varias veces en una temporada, cada una de sus visitas al programa de Pablo Motos se podría resumir en eso, en la calma, en la racionalidad, en la moderación, en el diálogo. Da igual si relata cómo fue su infarto y lo que vino después; da igual si lo que cuenta es la falta de pensamiento crítico; da igual si pone sobre la mesa la pérdida de educación y cultura; da igual si habla de política, pues Antonio Banderas nunca representará la crispación que nos invade. No faltará al respeto a nadie, no se alterará ni alterará a nadie, no provocará polémica, aunque lo que diga en boca de otro sería una bomba. Y no lo es porque no es necesario perder la coherencia ni hacer un espectáculo para opinar y argumentar.. Anoche, lo volvió a hacer. Acudió a El Hormiguero para presentar su quinto musical como director, Godspell, su nuevo espectáculo teatral que podrá disfrutarse en el Gran Teatro Pavón de Madrid a partir del 21 de enero. Por supuesto, habló del espectáculo, de su trabajo, de lo que es para él el teatro y, como siempre que acude a El Hormiguero, por muchas veces que ya haya estado, siempre cuenta algo que nunca había contado.. «En los años 60 se estrenó Godspell, en el año 68 concretamente», explicó el actor. «A partir de la guerra de Vietnam surgieron una serie de obras musicales que vienen, de alguna forma, a apoyar la lucha contra esa contienda. El mundo ha cambiado desde entonces para peor y pensé que era necesario contar esto. Godspell es la historia de Jesús, es una obra que tiene muchísima energía, muchísima alegría», añadió.. De hecho, Godspell para Antonio Banderas es mucho más que una producción más. Fue uno de los primeros musicales que fue a ver con su madre, «y me encantó». «Era algo insólito que contaran la palabra de Jesús, los evangelios, vestidos de payasos. Yo ya quería ser actor desde entonces. El personaje llevaba pelo largo y yo decidí dejarme melena para parecerme a él. Mis padres no me dejaban y tenía que esconderme con una gorra, una coleta… Nunca llegué a hacer Godspell», confesó anoche.. Y llegó esa sorpresa que siempre se guarda, ese relato que nunca ha contado y que descubre cual buen cuentacuentos en el tiempo y en el momento adecuados. Le preguntó Pablo Motos por un hecho que pocos conocían: el día que estuvo a punto de morir en su casa de Los Ángeles. Fue hace mucho tiempo, cuando todavía estaba casado con Melanie Griffith.. «Fue muy absurdo», arrancó. «Yo estaba todavía casado con Melanie y teníamos un estudio de grabación en la casa. Melanie se había ido con los niños a Aspen y yo estaba solo. Me puse a componer en el estudio y me metí en una cabina de grabación que estaba insonorizada con una puerta enorme. Al meterme dentro me quedé con el manillar de la puerta en la mano y atrapado, completamente solo en casa. De pura casualidad apareció por el jardín la cocinera que teníamos y me salvó la vida».. Y tras contar lo que nunca había contado, Pablo Motos hiló aquella historia en su casa de Los Ángeles con la actualidad. No es ningún secreto que Antonio Banderas ha vivido muchos años en EE. UU. Conoce el país, su cultura, su política, su sociedad. Y llegó la pregunta, la que en cualquier cena de Nochebuena hubiera supuesto una bronca casi asegurada: «¿Cómo ves la situación política?». Y Antonio Banderas tiró de esa coherencia a la que cada vez estamos menos acostumbrados.. «Yo ya no estoy entendiendo lo que está pasando. La política ha pasado a un lugar muy bajo dentro de mis preferencias. La política está muy ligada actualmente a la violencia y la violencia me está produciendo náuseas, me afecta muchísimo», sentenció el actor. El rostro le cambió, pero no cambió la manera de decirlo.. «No veo a ningún líder mundial que me satisfaga, que me represente». El rostro cambió, otra vez, pero no la manera de contarlo.. «Estamos atravesando un momento crucial. Hay que decirle a la gente joven que lea, porque hay un déficit de atención tremendo. Lo noto en el teatro, y creo que allí está la solución a muchos de los problemas que tenemos. Hay premio después de la lectura, después de adquirir una cultura, y es que dejas de ser manipulable». El rostro cambió, pero no la manera de contarlo. ¡Y cuánta razón tiene!. «¿Y España? ¿Quién es la principal oposición de Pedro Sánchez actualmente?», le preguntó entonces Pablo Motos. El rostro de Antonio Banderas cambió, pero no la manera de contarlo: «Diría que el propio gobierno de Pedro Sánchez de hace cuatro años. Si colocaras a ese equipo en la bancada, en el lugar que ocupa el PP, serían su gran oposición. Yo entiendo que se pueda cambiar de opinión, pero una cosa es cambiar de opinión y otra de principios».
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