Hay actrices a las que el éxito les llega con el ritmo cansino y previsible de una marea baja, y otras que, de la noche a la mañana, se ven empujadas a un tsunami de esos que te cambian la vida. Ana Garcés pertenece al segundo grupo. Durante varios años, su rostro ha sido el refugio diario, el café de la tarde de millones de espectadores en La Promesa, esa maquinaria perfecta de la ficción diaria televisiva que te engulle y apenas te deja espacio para respirar fuera del plató. Pero los ciclos se cierran, las zonas de confort empiezan a apretar y, a veces, la única forma de saber si sabes nadar es tirarte de cabeza.
Tras convertirse en el refugio diario de millones de espectadores en televisión, Ana Garcés se despoja del corsé de época y se lanza al vacío con Oasis, el nuevo y asfixiante thriller veraniego de Netflix
Hay actrices a las que el éxito les llega con el ritmo cansino y previsible de una marea baja, y otras que, de la noche a la mañana, se ven empujadas a un tsunami de esos que te cambian la vida. Ana Garcés pertenece al segundo grupo. Durante varios años, su rostro ha sido el refugio diario, el café de la tarde de millones de espectadores en La Promesa, esa maquinaria perfecta de la ficción diaria televisiva que te engulle y apenas te deja espacio para respirar fuera del plató. Pero los ciclos se cierran, las zonas de confort empiezan a apretar y, a veces, la única forma de saber si sabes nadar es tirarte de cabeza.. Su red de seguridad tiene ahora un nombre nuevo: Oasis, la nueva, ambiciosa y asfixiante apuesta de Netflix, producida por Bambú Producciones. Un thriller que se camufla tras una postal idílica de resort paradisíaco. En este nuevo escenario, Garcés se despoja de los corsés de época para enfrentarse a su papel más maduro, complejo y, sobre todo, indómito.. Hablamos con ella en pleno torbellino promocional, con la frescura de quien sabe que acaba de rodar algo grande, pero mantiene los pies tan clavados en la tierra que asusta.. Pasar de un proyecto de emisión diaria, donde el estudio constante y la velocidad de crucero son tu única realidad, a una producción de formato cerrado implica un choque emocional y profesional mayúsculo. La actriz lo define como un proceso precioso, pero no oculta que el abismo impone. «Me lancé un poco al vacío», confiesa con honestidad al recordar el momento en el que decidió dejar atrás la serie que la vio nacer. Al preguntarle si la incertidumbre le provocó temblores en las piernas, no lo esquiva: «Sí, claro que sí, mucho, mucho. Mucho vértigo, pero bueno, creo que nuestra profesión se basa un poco en eso y hay que saltar, aunque luego después pueda no haber nada».. Ese salto mortal la ha llevado directamente a la joya de la corona de Netflix para la temporada veraniega. Oasis no es el típico duelo entre buenos y malos en un entorno bonito, sino un laberinto psicológico. La premisa arranca en un lugar idílico -playas de ensueño, piscinas infinitas, palmeras y sol- que, poco a poco y sin necesidad de caer en el temido spoiler, va revelando su verdadera naturaleza hasta convertirse en una prisión para sus personajes.. Parte del elenco en Oasis.NETFLIX. Si tuviera que definir este viaje profesional en tres palabras, lo tiene claro: «Impulso, incertidumbre y emoción».. Para Ana Garcés, el valor diferencial de la serie no reside únicamente en la tensión del misterio, sino en la radiografía humana que propone cuando las paredes se estrechan. «El thriller es, digamos, el cebo para el espectador, y luego la serie es una serie de personajes. Yo creo que por el thriller te empiezas a enganchar y te acabas quedando por los personajes», analiza la actriz.. El encierro funciona como un catalizador que obliga a los protagonistas a quitarse las máscaras, revelando una crudeza que contrasta con el lujo del entorno: «Que encierren a muchos personajes de repente les empieza a dar una profundidad y… bueno, un algo humano, que es cómo se comporta cada uno cuando las cosas se empiezan a complicar».. Olvídense de la heroína perfecta que se gana el favor del público en el primer fotograma. Lo que Ana propone en Oasis es una criatura de cocción lenta, un puzle lleno de contradicciones que desafía al espectador. Ella misma lo define como «un personaje que de primeras no es el protagonista que te encanta y te cae genial; es un personaje que va más poco a poco, que tiene muchas capas».. Al desgranar las entrañas de su papel, Garcés dibuja a una mujer magnética pero compleja: «Es una chica fuerte, valiente y bastante noble, pero también muy cabezota y con mucho carácter». Esa personalidad arrolladora supuso el mayor reto interpretativo para la actriz, no solo por la carga dramática de la trama, sino por la exigencia física y emocional de sus secuencias: «Tiene escenas y secuencias con bastante dificultad y, bueno, sobre todo meterte en situaciones límite que la gente normal no hemos vivido y llevar eso a la verdad. Me pareció lo más difícil».. «Creo que hubiera hecho lo mismo si me hubiera encontrado en esa situación (…) También hubiera actuado así si se tratase de mi mejor amiga». Ana Garcés. Existe, además, un juego de espejos inevitable entre la actriz y el personaje. Aunque Ana Garcés asegura que su criatura en la ficción tiene mucho más temperamento que ella, reconoce que hay un cordón umbilical invisible que las une a la hora de tomar decisiones drásticas: «Su manera de actuar concuerda mucho con la mía. Yo creo que hubiera hecho lo mismo si me hubiera encontrado en esa situación (…) También hubiera actuado así si se tratase de mi mejor amiga».. Cambiar radicalmente de registro es más fácil si el salto se da rodeada de los tuyos. Que Bambú Producciones capitanee este proyecto de Netflix ha sido el colchón emocional y profesional que la actriz necesitaba para lanzarse sin mirar abajo. «Primero, por el lado personal, a mí me encanta todo lo que hace Bambú. Hacer otro proyecto de Bambú sabía que iba a suponer estar en un sitio donde me iba a encontrar a gusto», explica con agradecimiento. «Y luego es una productora que hace las cosas muy bien (…) Saber que iba a hacer algo que tiene que ver con el thriller, que a ellos además se les da genial… De repente estar ahí, para mí ya me parecía un éxito».. El rodaje, un despliegue de seis meses en un entorno paradisíaco, ha dejado una huella profunda en su memoria. Lejos de la presión asfixiante de los rodajes diarios a contrarreloj, Oasis le ha devuelto el espacio para saborear el oficio desde otra perspectiva. «Yo ya estaba acostumbrada a un ritmo muy, muy alto, y cuando llegué a Oasis pues se graban muchas menos secuencias, mucho menos texto, las secuencias son mucho más cortas… Es otro formato», comenta comparándolo con su etapa anterior. «Me encontré ahí con un disfrute total desde el juego, con mucho más tiempo para las secuencias… Fue otra forma de prepararlos y yo lo disfruté muchísimo».. Ver los primeros retazos del metraje ha sido para ella una especie de epifanía, un recordatorio de por qué se dedica a esto a pesar de las inclemencias de la profesión: «A mí me evocaba al rodaje, a los días que estuvimos rodando en ese resort, en esas playas, en esa piscina, y recordaba las ganas que tenía de trabajar, las ganas que tenía de estar ahí, lo bien que me lo pasé, lo afortunada que yo me sentía… Y claro, mientras lo veía lo recordaba y decía: ‘Es que he elegido la mejor profesión… es que a mí esto me hace feliz'».. Escuchar a Ana Garcés es asistir a una lección de madurez precoz. Entrar en los salones de millones de hogares cada tarde con su Jana era un súper poder que muy pocos actores consiguen en toda su carrera, y a ella le ocurrió casi al empezar. Confiesa que tardó en asimilar la magnitud de lo que le estaba pasando y que fue consciente «muy tarde», hasta que lo vio en la calle.. Paco Tous y Verónica Sánchez, en una escena de Oasis.NETFLIX. Lejos de instalarse en la autocomplacencia o en el discurso edulcorado del «todo es maravilloso», Ana Garcés mira de frente a la realidad de su generación y de un sector que suele ser una picadora de carne. «Yo tengo muchos amigos que son actores y que lo están intentando, y que los están intentando y que son infinitamente mejores que yo, y no les ha llegado esa oportunidad», reflexiona. «Claro que soy consciente y me parece un acontecimiento… Jamás pensé que iba a llegar a eso y mucho menos a esa edad».. Por eso, cuando se le menciona el equilibrio entre la suerte de estar en el lugar adecuado y el esfuerzo de sostener un peso tan grande sobre los hombros, su respuesta huye de la falsa modestia para reivindicar el sudor propio: «Me siento superprivilegiada, pero también merecedora».. Terminar un proyecto de esta envergadura genera siempre una extraña mezcla de alivio y duelo, un vacío difícil de llenar tras convivir durante medio año en una burbuja de intensidad creativa. «Por un lado, hay una satisfacción enorme porque tú, la primera vez que lees un guion, no sabes ni por dónde vas a empezar, y cuando se acaba es como: ‘Dios mío, hemos sacado esto adelante'», confiesa. «Pero por otro lado, es una pena horrible porque en los rodajes se crea una familia y se crean unos vínculos muy fuertes, y de repente acabarlo y que eso se rompa de golpe… da mucha pena».. Ahora que el público la va a descubrir en un registro completamente ajeno al melodrama de época, Ana Garcés confía en que Oasis sirva también para mostrar su versión más auténtica, despojada de las exigencias del guion diario. Quiere que el espectador vea «mi lado más juvenil» porque «yo al final era más joven de lo que se me podía ver en La Promesa».. De cara a lo que está por venir, cuando el tsunami de Netflix amaine, la actriz no cierra ninguna puerta. Aunque devora el misterio en su vida privada, el cuerpo le pide experimentar. Y es que a Ana Garcés le gusta «hacer de todo», aunque «no estaría mal probar algo de comedia»».. Para cerrar, la actriz se somete al juego de completar dos máximas que resumen dónde viene y hacia dónde se dirige. La primera, sobre su pasado: «Salir de La Promesa me enseñó que el mundo está lleno de oportunidades». La segunda, sobre su presente: «Oasis representa para mí todo lo que creo que voy a echar de menos de mi juventud».
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