El poeta murió asesinado por los sublevados; el artista fue ejecutado por los republicanos… y Margarita, esposa del segundo y la única mujer por la que Lorca sintió una fuerte atracción, sobrevivió a ambos. El 8 de agosto de 1936 fusilaron a Federico, semanas más tarde su amigo Alfonso apareció en una cuneta y todo se derrumbó Leer
El poeta murió asesinado por los sublevados; el artista fue ejecutado por los republicanos… y Margarita, esposa del segundo y la única mujer por la que Lorca sintió una fuerte atracción, sobrevivió a ambos. El 8 de agosto de 1936 fusilaron a Federico, semanas más tarde su amigo Alfonso apareció en una cuneta y todo se derrumbó Leer
Hay biografías que parecen condensar el destino de toda una época. La de Federico García Lorca es una de ellas. Junto a su figura, como satélites luminosos que se apagaron también demasiado pronto, están la de sus amigos, los pintores Margarita Manso y Alfonso Ponce de León. La etapa esplendorosa de juventud de todos ellos coincide con el momento de mayor desarrollo de la llamada Edad de Plata de la cultura española; su madurez, con la devastación provocada por la Guerra Civil y su memoria, durante décadas, con un largo e injusto silencio. Pocas figuras representan de manera tan elocuente la promesa y el fracaso de una generación que creyó posible transformar el arte, la sociedad y el mundo desde una libertad creadora que a duras penas disfrutaron.. En torno a Margarita Manso gravitaron algunos de los nombres fundamentales de la cultura española del siglo XX. Al de Lorca se sumaron los de Salvador Dalí, Maruja Mallo o Luis Buñuel, todos ellos protagonistas de un mismo universo intelectual en el que las fronteras entre pintura, poesía, teatro, música y literatura desaparecieron para dar paso a un lenguaje artístico nuevo.. Aquella comunidad creativa, nacida en las aulas de la Academia de San Fernando, en la Residencia de Estudiantes y en las tertulias madrileñas, sería destruida en apenas unos meses por la violencia política de 1936 y por el estallido de una guerra fratricida que acabó con los sueños de todos. La historia de Federico García Lorca, Margarita Manso y Alfonso Ponce de León constituye uno de los episodios más conmovedores de aquella fractura.. Margarita Manso llegó a Madrid, procedente de Valladolid, siendo todavía una adolescente. Su talento para el dibujo hizo que ingresara muy joven en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde coincidió con Salvador Dalí, Maruja Mallo, Remedios Varo y Alfonso Ponce de León, pero también comenzó a frecuentar el círculo intelectual de la Residencia de Estudiantes, verdadero laboratorio cultural de la modernidad española, donde Federico García Lorca se había convertido en una de las voces más prometedoras de la nueva poesía.. Lorca quedó inmediatamente fascinado por aquella joven pintora de extraordinaria inteligencia, carácter independiente y notable sensibilidad artística, de modo que la afinidad entre ambos fue inmediata. Para ellos el arte no era una simple representación estética, sino una forma de conocimiento y de transformación de la realidad, por lo que pronto construyeron una gran amistad, cimentada sobre una profunda admiración mutua.. Durante años, la figura de Margarita Manso permaneció reducida al papel secundario de ser simplemente una gran amiga del granadino. Sin embargo, las investigaciones desarrolladas en las dos últimas décadas han permitido comprender que su presencia dentro del grupo fue mucho más relevante ya que no era, únicamente, una mera espectadora privilegiada del talento de otros, sino una auténtica creadora artística integrada en el lenguaje de las vanguardias españolas. De hecho, el episodio que mejor simboliza aquella complicidad fue el célebre paseo por la Puerta del Sol, a cabeza descubierta y sin sombrero, protagonizado por Lorca, Dalí, Maruja Mallo y la propia Margarita Manso.. Margarita Manso, una de las artistas más importantes que promovió el movimiento de las ‘Sin Sombrero’, las artistas olvidadas de la Generación del 27.ARCHIVO CONDE MANSO. El gesto, aparentemente trivial, poseía una enorme carga simbólica ya que, en la España de finales de los años veinte del pasado siglo, descubrirse la cabeza en un espacio público suponía desafiar las convenciones sociales y cuestionar las rígidas normas de comportamiento impuestas tanto a hombres como, especialmente, a mujeres.. Aquella acción, que provocó insultos e incluso el lanzamiento de piedras por parte de algunos viandantes hacia los artistas acabaría convirtiéndose, décadas después, en el emblema de las llamadas Sin sombrero, expresión con la que hoy se identifica a las artistas olvidadas de la Generación del 27.. Lorca desarrolló hacia Margarita Manso un afecto extraordinariamente intenso que no contradice en nada la documentada homosexualidad del poeta. De hecho, compartió con ella largas conversaciones sobre pintura y literatura y encontró en su sensibilidad artística un espacio de complicidad excepcional.. Además, a ella le dedicó su poema Remansos (en un claro juego de palabras que aludía al apellido de Margarita), publicado en la portada del número cuatro del mes de abril de 1927 de Verso y Prosa, Boletín de la joven literatura, editado en la tipografía murciana San Francisco: «me miré en tus ojos pensando en tu alma, adelfa blanca. Me miré en tus ojos pensando en tu boca, adelfa roja. Me miré en tus ojos, pero estabas ciega, adelfa negra». No será el único poema que dedique el granadino a Manso, pues su Muerto de amor, perteneciente al Romancero Gitano, reza versos hermosos destinados a ella: «lleno de manos cortadas y coronitas de flores, el mar de los juramentos resonaba, no sé dónde. Y el cielo daba portazos al brusco rumor del bosque, mientras clamaban las luces en los altos corredores».. Mientras tanto, otro joven pintor iba consolidando igualmente una estrecha amistad con el poeta granadino. Alfonso Ponce de León, que también pertenecía a aquella brillante generación formada en la Academia de San Fernando, estaba dotado de un extraordinario dominio técnico y su pintura evolucionaba, con determinación, hacia un realismo mágico que causaba furor en Europa. Sus retratos y composiciones poseían una inquietante atmósfera, suspendida entre la precisión académica y el simbolismo moderno, situándolo como una de las figuras más originales de la pintura española de entreguerras.. Lorca apreciaba profundamente su talento y ambos compartieron tertulias, amistades y proyectos culturales durante los años más fértiles de la vida intelectual madrileña. Es significativo comprobar como, antes de la radicalización política de la década de 1930, las afinidades estéticas pesaban mucho más que las diferencias ideológicas y los artistas convivían en un mismo espacio creativo donde la discrepancia política no anulaba la amistad personal.. Precisamente en ese ambiente nació la relación sentimental entre Margarita Manso y Alfonso Ponce de León. Lorca, que continuaba siendo amigo de ambos, fue testigo de un romance que terminó en matrimonio en diciembre de 1933. Todo parecía anunciar una brillante carrera artística para los cónyuges y un esperanzador futuro sentimental. Sin embargo, España avanzaba ya hacia un escenario de creciente polarización política y social.. Con el paso de los años, Alfonso Ponce de León fue aproximándose a Falange Española en contraste con el compromiso republicano que mostraban buena parte de otros amigos, entre ellos García Lorca. Esa diferencia, sin embargo, no alteró las relaciones personales dentro del grupo, ya que todavía era posible separar la amistad de la militancia política.. Alfonso Ponce de León, pintor del realismo mágico que militó acabó en una cuneta de MadridVicente F. Calatayud. Sin embargo, el golpe militar de julio de 1936 desencadenó una violencia que destruyó no solo vidas humanas, sino también el tejido intelectual más brillante que había conocido España desde finales del siglo XIX. Federico García Lorca fue detenido en Granada y fusilado entre Víznar y Alfacar durante la madrugada del 18 de agosto de ese mismo año. Las circunstancias exactas de su asesinato siguen siendo objeto de estudio, pero el significado histórico resulta indiscutible ya que con su muerte desaparecía no solo el poeta más universal de su generación, sino uno de los símbolos de la modernidad cultural española.. Apenas unas semanas después, la tragedia también alcanzó a Alfonso Ponce de León. Madrid, que permanecía bajo control republicano, se convirtió en el escenario propicio para iniciar una persecución desaforada contra militantes y simpatizantes falangistas. Ponce de León fue detenido por los milicianos a finales de septiembre de 1936 y durante varios días nadie supo de su paradero. Finalmente, su cadáver apareció abandonado junto al de otros ejecutados en las inmediaciones de una carretera de la provincia de Madrid, una de las innumerables cunetas convertidas durante aquellos meses en improvisadas fosas de violencia política. La escena, repetida por ambos bandos a lo largo del conflicto, constituye, aún hoy en día, uno de los episodios más sombríos de la historia contemporánea española.. Resulta difícil imaginar el impacto que aquellas dos muertes produjeron en Margarita Manso. En apenas seis semanas perdió a su marido y al amigo que había acompañado sus años de formación artística. La guerra le había arrebatado simultáneamente el presente y la memoria.. A partir de entonces, su trayectoria experimentó una transformación radical. La joven, que había encarnado la modernidad femenina de la década de 1920, fue desapareciendo lentamente de la escena artística. Como ocurrió con tantos supervivientes de aquella generación, el silencio se convirtió en un mecanismo de supervivencia. Su producción pictórica disminuyó, muchas de sus obras se dispersaron y su nombre quedó progresivamente borrado de los relatos de la historia del arte español.. Paradójicamente, mientras Federico García Lorca se convertía en un símbolo universal de la poesía y Alfonso Ponce de León permanecía relegado por las complejas lecturas ideológicas de su figura, Margarita Manso fue olvidada casi por completo.. Solo la reciente recuperación historiográfica de las Sin sombrero ha permitido devolverle a Margarita Manso el lugar que le corresponde como artista y como protagonista de una de las aventuras intelectuales más extraordinarias del siglo XX español.. Actualmente, la historia de estos tres nombres constituye mucho más que un episodio biográfico. Es la metáfora de una generación cuya creatividad desbordó todas las disciplinas artísticas y cuya destrucción fue igualmente total. Lorca murió asesinado por los sublevados; Alfonso Ponce de León fue ejecutado por los republicanos y Margarita Manso sobrevivió a ambos cargando el peso de la memoria.. Quizá por eso las biografías de todos ellos siguen interpelándonos con tanta fuerza. Porque en ellas convergen la libertad de las vanguardias, la amistad entre artistas, la complejidad de una España incapaz de preservar a sus mejores creadores y el inmenso vacío que dejó una guerra que convirtió el talento en sospecha y la cultura en un campo de batalla. La historia de Federico García Lorca, Margarita Manso y Alfonso Ponce de León no pertenece únicamente al pasado, pues continúa siendo una de las grandes tragedias culturales de la España contemporánea.. Su amistad, nacida de una convivencia cotidiana hecha de paseos, conversaciones, visitas a museos, proyectos artísticos y pequeñas provocaciones definió la identidad de toda una generación.
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