La juventud de los 90 no se entiende sin ‘Historia del Kronen’, la novela que puso en órbita a un chaval de 23 años que se encargó de hacer todo lo que no se debe hacer con el éxito. Hoy, habla del pasado y del presente con la calma de quien lo ha vivido todo Leer
La juventud de los 90 no se entiende sin ‘Historia del Kronen’, la novela que puso en órbita a un chaval de 23 años que se encargó de hacer todo lo que no se debe hacer con el éxito. Hoy, habla del pasado y del presente con la calma de quien lo ha vivido todo Leer
Si la juventud de los años 90 en España fuera una novela, esa novela sería Historias del Kronen (1994), el libro que reveló a los ingenuos padres que el descontrol no había acabado con la Movida. A José Ángel Mañas (Madrid, 1971) aquel debut le dio un éxito descomunal, una fama propia de una estrella del rock y una sombra eterna. El actual Mañas ya no es el veinteañero airado que quemó su momento «haciéndolo todo mal», sino un conversador excelente, convertido en estajanovista de la escritura (acaba de publicar nueva novela histórica, El enigma del Papa Luna, en La Esfera de los Libros, y ya remata otra de ciencia ficción), que lo vivió todo y siempre ha sabido contarlo.. Viene muy bien tu faceta histórica para una sección que intenta entender un poco qué es y qué pasa con España. Algo habrás aprendido.. Totalmente. Cuando empecé con la novela histórica la gente se sorprendía: «¿Cómo tú, que eres tan moderno, pasas de Historias del Kronen a Don Pelayo, Fernán González, Berenguela o el Papa Luna?». Yo siempre digo que son complementarios. Me gusta la realidad social en la que vivo, pero a veces la vida que ves de frente no es realista; hay que mirarla a través del retrovisor para entender el presente. Por ejemplo, con Berenguela, que fue la reina que unió Castilla y León, te metes en cómo se hace España y conectas directamente con el procés. Con el Papa Luna pasa algo parecido. Al final, todas las épocas se parecen. El siglo XIV fue muy bestia: la peste, el Cisma, la Guerra de los Cien Años… Es igual que ahora: nosotros tenemos nuestra pandemia y estamos asistiendo a una Tercera Guerra Mundial en directo. Ucrania fue como nuestra España del 36; arranca ahí y vamos yendo a más. Nos falta el Cisma, aunque con el Papa Francisco parecía que podía haber algo…. O sea que es mentira eso de que quien no conoce su propia historia está condenado a repetirla porque, aunque la conozcamos, estamos condenados igual.. [Risas] Eso es, todo es cíclico. Al final, la novela histórica es una manera de conectar con la actualidad. Incluso cuando escribo ciencia ficción lo hago. Tengo una serie sobre intercambio de cuerpos y la utilizo para hablar de la empatía. Imagínate: un maltratador metido una semana en el cuerpo de una mujer, utilizado como forma de terapia. O intercambiar a un soldado ruso con un ucraniano. La que voy a sacar en verano es sobre un grupo feminista que ocupa los cuerpos de hombres poderosos. ¿Cómo cambiaría todo si en el cuerpo de Trump o del Papa entra una mujer? Es otra manera de entender el presente. Lo que uno intenta es descifrar el zeitgeist, el espíritu de los tiempos. Suena pedante, pero es lo mismo que hacéis los periodistas a través de vuestras reflexiones. Los novelistas lo hacemos, con un poco más de pausa, a través de nuestras obras. Todos estamos intentando descifrar qué coño sucede.. ¿Y has llegado a alguna respuesta?. El momento actual es muy especial. Nunca ha habido tanta confusión a nivel ideológico. Se están cambiando conceptos como el de la «libertad». Históricamente, la libertad era algo muy de izquierdas frente a un Estado y un poder que normalmente se consideraban de derechas. De repente, eso ha pasado a ser todo lo contrario. Las ideas de izquierdas se convierten en predominantes y la extrema derecha se vuelve la respuesta libertaria. Conceptos que tenías integrados ahora son totalmente diferentes. Te encuentras con compañeros de viaje extremadamente singulares y hay una confusión terminológica muy bestia.. ¿Esto ha cambiado tu alineación ideológica?. Realmente, estoy confuso. Estoy en un momento en el que no lo sé. Como artista, la libertad de expresión siempre fue nuestra punta de lanza. Veníamos de Flaubert y su proceso por indecencia con Madame Bovary, de James Joyce con Ulises, de Baudelaire con Las flores del mal… Entonces, tú estabas en eso y la sociedad democrática estaba con los artistas. Ahora, de repente, conseguimos una libertad de expresión a ultranza, que es algo eminentemente bueno, pero se acaba convirtiendo en una excusa para cierta gente que la utiliza para insultar a gusto y sin complejos. Joder, no era eso, pero la reacción también es peligrosa.. ¿Recortar libertad de expresión en aras de la convivencia?. Claro. No es ya que se recorte sino que pueda haber represalias si algo que dices no gusta. Ese es el tipo de problemática en la que te encuentras hoy. Siempre hay una obra que define cada época, y ahora es Rinoceronte, de Ionesco. En una ciudad todos los habitantes se iban convirtiendo en rinocerontes, en animales fanáticos. Era una crítica al nazismo y ahora es igual: cada vez aparecen más rinocerontes por todas partes, gente que no esperabas defiende ideas de extrema derecha, salen trumpistas de debajo de las piedras…. Gente que conoces desde hace 30 años y nunca había tirado en esa línea. ¿Puede haber tanto de moda como de ideología?. Es posible. Hace diez o quince años, para mantener un discurso de extrema derecha había que ser valiente; hoy vas con la ola. Me recuerda mucho a lo que pasó con la izquierda en la Transición. Los de verdad venían de jugársela en el Partido Comunista, pero cuando llegó el PSOE, de repente todo el mundo se sacó el carnet, empezaron a proliferar y el socialismo se convirtió en otra cosa. Yo no comparto sus ideas, pero el que era de extrema derecha y lo decía hace 15 años me generaba cierto respeto: «Hostia, qué huevos tiene este tío». Hoy, en cambio, me provoca sólo pena. Es una extrema derecha mainstream, con un desacomplejamiento extraño y que defiende cosas absurdas que no están en su libreto tradicional por sabe dios qué intereses.. ¿Qué tipo de cosas?. Por ejemplo, les parece mal que los ricos paguen más impuestos. ¡Coño, digo yo que eso es lo mínimo! Y que haya votantes de clase media que te digan: «Es que eso no va a resolver nada, el problema es tan gordo que ya me da igual». Joder, es justicia social. Luego, los patriotas te dicen que se van a ir a Andorra o a cualquier paraíso fiscal. En fin, se ha mezclado todo, la extrema derecha con el neoliberalismo extremo. Hay un problema de fiscalidad mundial. Un mundo globalizado es una bañera y con que haya un solo agujero, se llame Gibraltar, Andorra, Liechtenstein o Irlanda, la bañera se jode. A esos países habría que ponerles una bomba porque crean en los demás unos boquetes tremendos. Cosas que en Europa parecían integradas, como la sociedad del bienestar, de repente se ponen en cuestión y volvemos a planteamientos que parecían superados, como la religión.. Sospecho que no viste venir este resurgir.. Es acojonante, sobre todo siendo europeos. Los americanos son otra cosa, pero la identidad europea se ha construido sobre el laicismo. Hay que entender que el laicismo no va contra la religión, sólo dice que ésta debe salir del espacio público: «En tu casa reza a quien te dé la gana, perfecto, pero en el espacio público, se aparta». Ahí está la diferencia entre Francia y otros países como Alemania o Inglaterra, que nunca han entendido el laicismo igual. Francia quitó las cruces de los colegios y ahora dice: «Coño, no vamos a meter el velo». En Alemania, como aún tenían las cruces, les da un poco igual. Pero incluso allí hay una tradición laica. Es una diferencia fundamental con los americanos, que son religiosos desde el principio y tienen a Dios presente en todas partes. Pues nada, ahora resulta que también ahí vamos hacia atrás.. La izquierda también habrá desempeñado un papel en esa involución.. Claro, la nueva izquierda se orientó hacia las minorías de todo tipo y en ese viaje olvidó en buena medida al votante de la izquierda tradicional, que es la clase trabajadora. En Francia fue muy claro: barrios obreros que votaban en masa a la izquierda, incluso al Partido Comunista, se pasaron en bloque a la extrema derecha. Ha sido acción-reacción. La izquierda ha tenido esa deriva y ese abandono a la clase trabajadora ha existido. A las minorías hay que protegerlas, por supuesto, pero no pueden ser el único centro del debate. Ha sido un error de la izquierda como cuando abandonó el concepto de España y se lo regaló a la derecha. Es curioso, porque puedes ser nacionalista catalán o vasco y ser de izquierdas, como Esquerra o Bildu, pero eso no sucede con ser español. Si abandonas un terreno, el rival acaba copándolo y pasas a tener responsabilidad en lo que está sucediendo. Sin embargo, en lo que no creo tanto es en ese señalamiento a lo woke.. ¿Por qué?. Mira, el gran pensador detrás del momento actual es Foucault y sus teorías sobre la política ejercida en espacios cotidianos a través del lenguaje. No nos dábamos cuenta de dónde está el poder y esa conciencia que hemos ido adquiriendo nos ha obligado a reflexionar sobre cosas que antes dábamos por sentadas. Esa reflexión es positiva. Hemos aprendido un montón sobre las mujeres, las minorías y cómo empleábamos el lenguaje. Y si consigues que, por ejemplo, un estadio deje de insultar a un tío de modo racista u homófobo, es que el método es muy eficaz. Lo difícil es acotarlo. La base filosófica del wokismo es más endeble que nuestra Ilustración clásica y nuestros derechos humanos universales. El tema de las cuotas, por ejemplo, es complicado. ¿Dónde terminan? Yo soy zurdo, ¿por qué no hay una cuota de zurdos? Pero son medidas prácticas y se han corregido injusticias, aunque se creen otras nuevas.. Ahí es donde el hombre blanco heterosexual se ha sentido ofendido.. A mí me ayudó mucho leer a Michael Sandel para entender las ideas que hay detrás; una vez que lo entiendes, ya no te sientes tan agredido. A los hombres blancos heterosexuales nos ha tocado vivir en el privilegio y ha sido mucho tiempo y muchos no están dispuestos a cederlo y han reaccionado yendo al otro extremo. Estamos en pleno neomasculinismo y lo que nos queda por ver en este tema no va a ser bonito, creo.. Te hago la pregunta más obvia de todas, ¿se publicaría hoy Historias del Kronen?. Supongo que sí, pero tendríamos discusiones que nunca tuvimos en aquella época. Hay cosas que chirrían leídas con la mentalidad actual, sobre todo en cuanto a las mujeres, pero al mismo tiempo estás construyendo un personaje antipático, un tipo que no podía ser ni hablar de otra manera. En aquel entonces te parecía absolutamente normal decir ciertas burradas. Siempre pongo el ejemplo de cuando, en 1982, Almodóvar y McNamara salían en TVE cantando aquello de voy a ser mamá para enseñar al bebé a criticar y a ejercer la prostitución. Eso salía en la televisión pública como algo de vanguardia y hoy sería un escándalo. La sociedad ha cambiado tanto que hoy yo mismo no escribiría igual; le daría una vuelta más a todo. Seguramente llegaría al mismo punto, pero de otra manera. En los 90 éramos muy primarios.. En realidad, Historias del Kronen ya es una novela histórica. De un momento, una España y una generación.. Totalmente. Está escrita con mala leche para incomodar. Incomodó entonces y creo que sigue incomodando, con lo cual cumple su función.. Fue incómoda sobre todo para los padres. Los jóvenes ya sabíamos lo que había.. Totalmente. Fue curioso porque me llegaban cartas de chavales diciéndome: «¿Pero qué has hecho? ¡Ahora mis padres ya saben lo que hago los fines de semana! Me has jodido la vida, tío. Mi madre me mira de otra manera cuando llego con los ojos rojos» [risas]. Fui un traidor para mi generación.. Ahora se mira a los 90 con nostalgia, como si fuera la década en que España fue feliz.. Para mí, los 90 son el arranque de la crisis. El final del felipismo fue un poco el final del sueño. Hay una crisis potente y empieza una cierta negrura que anticipa lo que venía. El 92, con la Expo y Barcelona, fue el gran momento, pero luego empieza a cambiar. Llega una crisis institucional que fue la época gloriosa de El Mundo, en la que todo lo que publicaba tenía un aura de verdad absoluta y te desayunabas cada día un escándalo nuevo, perfectamente documentado, sobre el Gobierno de Felipe González. Se generó un clima de desconfianza en las instituciones del que ya no hemos salido. Esa felicidad la identifico más con los 80 y hasta el 92. Con la distancia se tiende a unificar, pero es como una fiesta que arranca lúdica y divertida, con Almodóvar y una rayita, y luego degenera. Los 90 son esa degeneración. La música se vuelve mucho más agresiva, la electrónica es bestial, escuchas a Nirvana… Hay un punto de cabreo que se nota.. Ahora la gente cree que el indie es Viva Suecia, pero el indie de verdad, el de Los Planetas, surge entonces y estaba siempre cabreado.. Exacto. Había un clima de negatividad que se palpaba, pero hay que reconocer que musicalmente moló mucho. Mi única pena es lo de cantar en inglés, fue una barbaridad. Por eso al final sólo ha quedado Jota. Había grupos con muy buen nivel musical, pero si no controlas el idioma no puedes comunicar matices. Pasa ahora con la educación. Por muy bueno que sea el docente, se pierden matices si da toda la materia en inglés. La calidad es menor. Mi hijo fue a la Carlos III y le daban Física todo en inglés. Creía que sería mitad y mitad, pero no. Con eso, estás comunicando que el español no puede ser un lenguaje vehicular del conocimiento científico. Me parece una barbaridad. Entiendo que así venden mejor la carrera para traer estudiantes del extranjero y hacer caja, pero se pierde mucho.. Otra cosa que sucedió en aquel panorama cultural de los 90 es que fuisteis la última generación de novelistas que se hinchó a vender y conectó con la gente joven como estrellas del rock.. Fue así porque todavía había espacio para la escritura. Ser novelista tenía un glamur que cada vez es menor. Sigue habiendo fenómenos aislados, como David Uclés, pero fíjate que triunfa con una historia sobre la Guerra Civil, no es una propuesta nueva sobre su propio tiempo. La figura del escritor ha perdido influencia. Un libro es una propuesta que lanzas a la sociedad y quieres una reacción cuanto más masiva, mejor. Eso ya casi no sucede. Historias del Kronen sí tuvo esa influencia: incidió y generó una reflexión sobre la juventud. Mira, Patria también la tuvo más tarde, dando voz a un sector de la sociedad vasca. Pero eso cada vez es menos habitual; ahora el debate público tira por lo audiovisual. Genera más debate social una serie como Querer, sobre una mujer que acusa a su marido de violarla sistemáticamente, que cualquier libro. No sé en qué medida puede haber ya una relectura de nuestro tiempo a través de la obra literaria.. Hablabas de David Uclés, que un escritor joven vuelva a ser carne de prime time y de debate es refrescante.. A mí me alegra su éxito. Me gusta mucho el personaje y lo que está haciendo y siempre está bien que haya nuevas voces, pero el aura de Vargas Llosa o García Márquez ya no existe. Quizá en Francia todavía tienen a un Houellebecq, que es capaz de generar un debate nacional con una novela como Sumisión, pero es cada vez menos habitual. Antes las opciones de ocio eran, exagerando un poco, la literatura o tocar el piano; ahora la oferta es abrumadora y las series son cronófagas, se lo comen todo. Han ocupado mucho espacio, aunque ahora parece que el auge de las plataformas también empieza a bajar.. Lo tuyo con Kronen, en el 94, fue mucho un fenómeno mucho más bestia.. Fue demasiado. Fui el que más lo reventó y el que más se la pegó. Mi singularidad es que tenía 23 años y no sabía nada. Ray [Loriga] y Lucía [Etxebarria], tenían cuatro o cinco años más que yo y eso se notó. No sabía jugar al juego y era un tipo tremendamente torpe. Mi trayectoria en los 90 es una recopilación de barbaridad tras barbaridad, el catálogo de todo lo que no se debe hacer si quieres ser un escritor profesional.. ¿Cuál fue el mayor error?. No aprovechar el momento. En cuanto tuve éxito, me fui. Reaccioné mal a la fama, no soportaba que la gente me parase o me gritase desde un coche y, como una manera de gestionar aquello, me metí en la noche con todo lo que implica. Whisky, drogas, tías, lo que fuera. Y para parar aquello, hui. Me largué de España, a vivir a Francia, y cuando volví la ola ya había pasado. Cuando tienes tu ola, hay que surfearla a fondo. En ese sentido lo hice todo mal, pero bueno, también es mi encanto como escritor. Manejábamos otros códigos: nosotros buscábamos una distancia con los lectores, justo lo contrario de lo que se busca ahora, que es la proximidad absoluta.. José Ángel Mañas, en 1996.JAVI MARTÍNEZ. La dictadura del estar presente.. Yo, como todo el mundo, descubrí las redes, me hice mi perfil y empecé a hacer el paripé, pero me he dado cuenta de que no puedo. No son nuestros códigos. Eso de estar subiendo una foto cada día… Me di cuenta de que rompía con la idea que nosotros teníamos del escritor: una figura más lejana. Si conoces demasiado a la persona, al final no te crees sus ficciones. El de las nuevas generaciones es un planteamiento de vida totalmente diferente al nuestro.. Pocos clichés más jodidos de soportar que el de «icono generacional». Primero, por la presión y, segundo, porque pretender meter a toda una generación en una caja suele ser absurdo.. Hombre, algo hay. Un poema decía: «La época quería y nosotros hicimos». La época manda mucho y la gente de tus años comparte un hilo, un ethos. Te pareces más a ellos que a tus padres, tienes referencias compartidas que condicionan tu manera de ver las cosas. De ahí a que alguien pueda ser representante de una generación… eso ya me cuesta y, aún más, conmigo. De eso hay que huir como Bob Dylan. Le decían que era la voz de su generación cuando empezó con el folk y ¿qué hizo? Enchufar la guitarra eléctrica y mandarlos a la mierda.. ¿Te has reconciliado ya con la sombra de Kronen, que a veces te ha pesado?. Es que no puedo hacer nada, es una novela que se sigue reeditando y vendiendo. Hace poco alguien me dijo que, cuando yo muera, solo quedará Historias del Kronen. Me hizo gracia porque yo siento que tengo todavía mucha energía y mucho que hacer. Sigo escribiendo y creo que mis últimos libros son muy buenos. Estoy escribiendo muy bien.. ¿Te gusta más el Mañas de ahora?. Entiendo mejor lo que hago. Cuando arranqué no tenía ni puta idea. Pero claro, lo que escribes al principio tiene el encanto de la autenticidad, es algo que llevas dentro y que luego pierdes porque ya te conoces y no te sorprendes. Ahora ya sé lo que es una novela y cómo funciona. Alguien me dijo una vez que mi mejor novela son las primeras 80 páginas del Kronen y es verdad que son muy buenas, pero creo sinceramente que estas últimas están muy bien.. Como padre, ¿has notado un gran cambio entre tu juventud y la actual?. Sí. Ahora viven bajo la tiranía de la vigilancia parental incesante. La nueva tecnología lo permite. Nosotros no éramos así. Éramos más salvajes y asilvestrados, más libres. No teníamos toda la información del planeta al alcance de un clic, pero también parece que necesitábamos menos al psicólogo.. Se exagera con que ahora no beben ni se drogan, pero es evidente que son menos bestias que en los 90.. Es verdad. Nosotros nos metíamos seis o siete pelotazos, cogíamos el coche y nos íbamos a casa tan tranquilos, convencidos de que era lo normal. Ellos tienen más conciencia, pero también hay una cuestión económica: en nuestra época salir no costaba nada. El bonobús o los discos no eran un gasto que te frenara, podías cenar en un restaurante y luego tomarte cuatro copas en cuatro garitos. Hoy eso es inconcebible con sus sueldos y los nuevos precios. Por eso se juntan en casas o en parques. Lo sorprendente es que vas por Madrid y ves todos los bares y restaurantes llenos, pero es gente más de nuestra edad que chavales.. En los 90, veías a un tipo de 40 o 50 en un garito y te parecía fuera de sitio. Hoy, es la edad que domina en los bares.. Sí, es evidente que salimos mucho más y hay otro melón a abrir ahí que es que Madrid ha vivido un bum que ha cambiado totalmente la noche. Ha venido muchísima gente de Latinoamérica, que ha descubierto que aquí se vive muy bien y con una seguridad absoluta, y llenan los locales, condicionando qué tipo de bares o restaurantes se abren y triunfan. Es el nuevo Miami y los nuevos pijos son venezolanos o mexicanos. Los ricos de esos países nos dan mil vueltas; son cosmopolitas, tienen un ojo en Nueva York y el otro en Europa. Nosotros éramos muy paletos a su lado. Las cosas son como son, pero te sientes expulsado. El centro de Madrid ya no está previsto para ti, tú tienes tu barrio o tu pueblo. El centro es otro mundo, un circuito de privilegiados que genera cierta cólera social lógica.. Tras documentarte tanto para tus últimas novelas, ¿España tiene explicación?. Se entiende mejor, pero nunca se explica del todo.. ¿Estamos abocados al guerracivilismo o la polarización se ha convertido ya en un tópico vacío?. No es España, es el mundo. Estamos contagiados de un clima general que es bélico. El verano pasado estuve en Kiev, porque me tradujeron allí, y fue alucinante. Vas con la idea de un país destrozado y te encuentras a la gente trabajando como hormigas para reconstruir al día siguiente de un bombardeo. El parque móvil está impecable. Los hombres van al frente por turnos y la retaguardia, a 200 kilómetros, hace vida normal. Tienes una alarma en el móvil que te avisa si el ataque es balístico o de drones. Al principio, todos bajaban al metro cuando sonaba, pero ya la gente se queda en casa, entre dos muros y lejos de los cristales. Hay una cultura de la guerra que está en todas partes.. Pero nosotros ya estábamos peleados antes de que empezaran las guerras.. El cabreo interno español es un ciclo. El procés abrió una herida muy grande, un cuestionamiento identitario del que no hemos salido. Aquel pacto de silencio de la Transición funcionó un tiempo, pero al final te das cuenta de que los problemas, si no se afrontan, no desaparecen. Están ahí y, antes o después, estallan. Yo creo que ahora estamos en un proceso de curar esa herida, pero que la situación general del país no es preocupante ni el mal rollo será eterno. Lo que pasa es que se junta lo exterior con lo interior. Estamos en un momento tremendo de conflicto y polarización que acabará apaciguándose, porque siempre lo hace, pero ahora todo se mueve desde el conflicto.. En la política y en la sociedad.. Sí. Hay una cosa que me hace pensar. Nos hemos pasado toda la vida echando pestes de la hipocresía, diciendo a los malos: «¡Joder, quitaos la careta!». Y ahora que se la han quitado y estamos viendo lo que hay detrás, que es mucho peor de lo que pensábamos, dan ganas de decirles: «Por favor, poneos la careta otra vez». Hay que tener mucho cuidado con lo que se desea.
Literatura // elmundo
