«No sé si soy un niño prodigio, pero lo que no soy es un juguete roto». Con esta frase arrancó la entrevista de Ana Milán a Juan José Ballesta. Podría haberse quedado la entrevista en esta frase, pues con ella el actor lo había dicho todo, pero Ana Milán quería ir más allá de un titular, o de varios; quería escuchar a un hombre que sí que fue un niño prodigio (ganó un Goya con 13 años) y al que la vida le ha dado desde lo más alto hasta lo más bajo. Juan José Ballesta se ha comido la vida, aunque todavía quedan muchos trozos de tarta.. Seguir leyendo
Juan José Ballesta llegó a Ex. La vida después con su eterna sonrisa, esa que camina más deprisa que él. Anoche, frente a Ana Milán, en un nuevo episodio de Ex. La vida después, esa sonrisa no le abandonó en ningún momento
«No sé si soy un niño prodigio, pero lo que no soy es un juguete roto». Con esta frase arrancó la entrevista de Ana Milán a Juan José Ballesta. Podría haberse quedado la entrevista en esta frase, pues con ella el actor lo había dicho todo, pero Ana Milán quería ir más allá de un titular, o de varios; quería escuchar a un hombre que sí que fue un niño prodigio (ganó un Goya con 13 años) y al que la vida le ha dado desde lo más alto hasta lo más bajo. Juan José Ballesta se ha comido la vida, aunque todavía quedan muchos trozos de tarta.. Empezó Ana Milán la entrevista, un día lluvioso en Sevilla, por lo difícil; mejor quitárselo de encima y dejar que el resto fuera «la verdad de Juan José Ballesta». Aquella acusación de agresión sexual, desestimada después por el juez porque no había nada de nada, no llevó a Juan José Ballesta a ningún pozo. Juan José Ballesta tiene dos manos y tiene claro que si no trabajaba como actor, si las teles le rechazaban, si el cine no le quería, él iba a seguir su vida actuando o colocando encimeras de mármol.. Lo aprendió de sus padres, dos currantes, y le protegieron ellos y sus amigos, los de toda la vida, los que siempre han estado, porque «lo que le pasa a uno, les pasa a ellos», y a la inversa. Juan José Ballesta no es un juguete roto porque la fama, las alfombras rojas, los programas de televisión son una parte de su vida tan válida como las pantallas LED que instalaba o las encimeras de mármol que ponía.. No negó que fue una temporada mala aquella en la que salía en los medios por un delito que no había cometido y no por su última interpretación. Pero anoche dio la sensación de que Juan José Ballesta lo asume, pese a solo tener 37 años, en que son las cosas de la vida. Un día estás arriba, otro estás abajo y en los dos sitios tienes que seguir siendo Juan José Ballesta, el chico de Parla, de su familia, de sus amigos, el macarra que conquistó a miles de personas. «Mi madre siempre me dice «lo raro es que no te ha pasado algo antes»». Frase de las que pesan, pero en Juan José Ballesta es un constante «quitarle hierro al asunto». Pasó, sí; no fue fácil, también, pero… «a mí nunca nadie me ha dejado de querer».. La vida de Juan José Ballesta recuerda un poco a aquellos rebeldes sin causa de la época dorada de Hollywood que absorbían la vida hasta que los pulmones no podían hincharse más. Ganador de un Goya, de la Concha de Plata, padre a los 18 años, en la cárcel «por movidas de no sé qué», casado, divorciado… «a ti la vida te lo está dando todo». Igual, por eso Juan José Ballesta rechaza y se revuelve gato panza arriba al oír eso de «juguete roto».. Aquel Bola que enamoró a la crítica, a los espectadores, a la Academia de Cine, nunca se ha arrepentido ni nunca ha renegado del personaje que le dio el trampolín para todo lo que vino después. Reconoció anoche que un niño no está preparado para ese éxito, pero que «todo depende de los pilares que tengas». Él tenía a sus padres y a lo que Ana Milán describió como «lealtad de barrio», los amigos de toda la vida, a los que hoy por hoy Juan José Ballesta sigue viendo, sigue ayudando, y a la inversa. Amigos que, según reconoció anoche, le han salvado la vida muchas veces.. Hubo una vez, según relató sin perder esa sonrisa eterna, la que llega antes que él, en la que no tuvo a sus amigos cerca para defenderle y acabó recibiendo una paliza «de gratis». La fama también tiene esto, pero Juan José Ballesta lo acepta. Mientras tomaba un café en un bar, un hombre le pidió que le acompañara a unos encierros de un pueblo porque su hijo era muy fan de él. Juan José Ballesta, que es así porque así se ha hecho, aceptó. Se fue a aquel pueblo y, estando en un bar, otro hombre se le acercó y le dijo «te voy a pegar yo y todos mis colegas». Y, efectivamente, se llevó una paliza de gratis porque la envidia a esa fama, a esos corrillos de chicas pidiendo fotos y autógrafos, también existe.. Cuando regresó a su barrio con el frenillo partido, con una lesión en el cóccix, que no le permitía ni sentarse, con una costilla medio rota, y le vieron así sus amigos (los de verdad) «se pusieron a llorar». «Liaron una que no veas». Resumiendo, que se fueron a aquel pueblo y devolvieron cada hostia que se había llevado Juan José Ballesta.. El día de la entrevista «toda mi familia está comiendo en casa de mi yaya», en Parla. «¿Quiénes son todos?», preguntó Ana Milán. «Mi madre, que está separada de mi padre, mi padre, mi hermana…». Ahora se entienden muchas cosas de Juan José Ballesta. Los pilares.. Porque, aunque esa sonrisa y su forma de entender la vida puede llevar a engaño, Juan José Ballesta no oculta que la vida no es todo de color de rosas. La diferencia es que Juan José Ballesta se adapta a las subidas y bajadas de la vida. Cuando vienen bien dadas se lo come todo y cuando vienen mal dadas también. Son varias las veces que ha dejado la interpretación por decisión propia porque «si yo estoy estresado no soy feliz». Y lo deja, y no le duelen prendas. «A mí me da igual el dinero, me da igual la fama y me da igual todo. Si yo soy más feliz trabajando poniendo mármol o montando pantallas de LED… Si yo no soy feliz siendo actor, a mí me da igual ser o no ser actor, lo importante es ser feliz».. La tristeza de Juan José Ballesta es la misma que le dio tantas alegrías, esa fama incontrolable, a la que Juan José Ballesta supo poner en su sitio. «Me sentía observado, me sentía vigilado por la gente, fotos, autógrafos, no podía salir de casa; es que Siete vírgenes fue un pelotazo. Es que iba a una discoteca y las chicas me rodeaban». Llegó un momento en el que Juan José Ballesta dijo «es mejor estar solo».. De cobrar 120.000 euros por su papel en Siete vírgenes se fue a poner mármol y a cobrar 700 euros. Así, sin más. Él era feliz. No había más discusión. «Ha habido gente que se ha aprovechado y yo me he dejado aprovechar», confesó Juan José Ballesta, porque dinero que le llegaba a las manos, dinero que salía para quien se lo pedía. «Son códigos que tenemos mis amigos y yo: si a ti te pasa, me pasa a mí».. «Eres una estrella absolutamente particular, ¿tienes amigos actores?», siguió Ana Milán. Y sí, los tiene, pero siempre «con unos códigos». Porque él no es una estrella, «soy una persona normal y corriente; me considero uno más». Pero la fama, hasta para las estrellas como Juan José Ballesta, cuesta y duele. «Pasé dos años horribles sin terapia». Se la podía pagar y no lo hizo «porque entré en un bucle depresivo cuando lo dejé con Vero (su exmujer) después de tantos años con ella. Éramos uña y carne. Y de repente un día se va y vas a comprar una barra de pan y ya no está. A ella se le acabó el amor. Lo pasé fatal. Entré en un bucle de llorar, de llorar, de llorar, que no sacaba ni a pasear a la oveja, aunque me lo dijera mi hija».. «Te das cuenta de que llevo 40 minutos con la boca abierta. ¿Te das cuenta?», soltó Ana Milán. No solo la tenía ella. Y no iba a conseguir cerrarla porque hay una cosa de Juan José Ballesta que va ligada a todo lo anterior, la sinceridad. Si vio droga siendo menor, lo dice y no le importa ni la causa ni el efecto. «Hombre, claro que la vi en los rodajes. Cuando no la ves es ahora. Ahora todo el mundo va con su tupper, su pollito, su dieta… Ha cambiado mucho (…) Antes había pollo atado y ahora hay pollo asado».. «La sonrisa más bonita del cine español» que regaló su Goya y lo recuperó años después. Cerró Ana Milán con un «nunca he estado con una persona tan auténtica». Para qué va a cambiar.
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