El cantante estrena un documental de tres capítulos que desgrana su trayectoria: Cuando nadie me ve. Hay historias personales, amigos invitados e inesperadas aficiones: «Es muy liberador leer a autores como Bukowski» Leer
El cantante estrena un documental de tres capítulos que desgrana su trayectoria: Cuando nadie me ve. Hay historias personales, amigos invitados e inesperadas aficiones: «Es muy liberador leer a autores como Bukowski» Leer
No queda demasiado tiempo para que Alejandro Sanz vuelva por donde ha venido. Un iPad da la cuenta atrás. Son los últimos minutos de la última entrevista. «Me encanta este reloj de arena. Es mi aliado», bromea el cantante. Otro de nuestros cantantes universales. Promociona el documental Cuando nadie me ve (Movistar Plus+), un recorrido por su biografía, una primera meta volante. Hasta aquí podría darse por finalizada una etapa. «Aquí estamos siempre abriendo y cerrando etapas. Parecemos porteros de edificio. Las etapas alguien las cierra en un sitio y otros de los que están en tu entorno las cierran en otro. El documental sirve como recapitulación y también como álbum de fotos. Hay algunas cosas conocidas. Otras no tanto. Lo más interesante son las versiones que dan las personas involucradas en el proceso. Algunos viven en la inopia», dice de quienes van complementando su historia a lo largo de tres capítulos.. Alejandro Sanz es un tipo con Moratalaz diluido, andaluz por la manera de mirar lo que le rodea y latino por ósmosis. En su manera de pronunciar algunas palabras puede comprobarse su filiación al grupo de artistas errantes cuya nacionalidad es el estudio. Componer, grabar, sacar disco y promocionar son las rutinas. Habla un castellano con deje de ciudadano del mundo. «Mi relación con la actualidad es muy tóxica. Estoy leyéndome un libro de ajedrez que me está llamando la atención. Y leyendo a [Charles] Bukowski. Es lo mejor que puedes hacer en estos tiempos. Vivimos el circo de los extremos. Todo lo que te podrías encontrar en un circo ahora mismo está en el Parlamento sin ningún tipo de pudor», señala.. A Bukowski ha llegado a través de Pulp, la última novela del autor estadounidense. «Es sorprendente. No defrauda. Dudo mucho que hubiera podido escribir con esa libertad en estos tiempos». Alejandro Sanz fue una suerte de mediador entre Pablo Motos y David Broncano cuando ambos coincidieron en el ring del prime time. La anécdota sirve para catar la polarización. «Estoy agotado», advierte. «Escribí 12×8, una canción, hace tiempo. Decía la letra: ‘Dejen de informar a este pobre corazón’. Necesito descansar. La polarización es la herramienta de los poderosos. En definitiva es donde nos quieren llevar a todos. A estar polarizados. Así somos muy manejables. No hay sentido común. Sólo pasión. Tu compras un discurso o el otro. Y los que estamos enmedio somos lo peor. ¡Bueno! Somos unos extremistas», resuelve.. Aludir al menoscabo de la libertad de expresión, o de la libertad del artista, es un cliché. Un estribillo. ¿Estamos más atados ahora que antes? «Han cambiado muchas formas de hablar que se daban por hecho o eran válidas. El pensamiento se forma con estructuras de lenguaje. Es muy liberador, para los que hemos crecido en otra época, leer a escritores como Bukowski. Es un disparate, pero el arte debe tener ese lado de disparate y que se quedé ahí».. Viene botando la acusación a Julio Iglesias, archivada por la Fiscalía de la Audiencia Nacional. De todas formas, algunos de los vídeos protagonizados por el intérpete de Soy un truhán muestran el choque de civilizaciones. El pasado resulta muy pasado. «Se extrapola todo. Se crispa absolutamente todo. Todo debe ser política. Como en casos como el de Julio Iglesias. Dejen a la justicia hacer su trabajo y ya hablaremos. No puede instrumentalizarse todo. Creo en la democracia y en la justicia. Es el mejor modelo, con todos sus defectos», analiza.. Hay un enfado ambiental, algo chungo en el aire, una queja -no un quejido- repetido. «Alguien dijo en una entrevista que vivimos en el mejor momento de la Historia de la Humanidad. No sé si lo comparto, pero fue abrir una ventana. Me gusta pensar que sí. Todo nos parece poco. El otro día estábamos hablando con alguien que estaba donde hacen los cayucos en África. Decía que mucha de la gente que viene de allí no vive mal. Tienen una vida… Más o menos. Ellos vienen porque creen que van a estar mejor. Y se encuentran que aquí pues tampoco están tan bien. Extrapolado a nuestra situación, vivimos mucho mejor y no tenemos bastante. Todo genera una insatisfacción».. Aparece un poco cansado por la acumulación de preguntas. Bromea cuando identifica alguna repetida. Propicia cierta cercanía. Sabe camelar a su interlocutor a la vez que practica el escapismo. «Después de las vacaciones cuesta retomar el trabajo», resopla. «No, no he estado de vacaciones. Pero hay que cambiar el chip para las entrevistas. Eso de andar en casa todo el día en bata… Luego te tienes que poner aquí. A Paco de Lucía, que estaba todo el día en chanclas, le molestaban mucho los zapatos. Tienes que buscarte unas zapatillas redondas o unos zapatos redondos, le decía», comenta y se acomoda.. Ya no conserva ninguna manía. Es un hombre sin manías ni supersticiones. Aireado, al fin y al cabo. «Me las he quitado. Te lo juro. Es lo mejor. A un concierto voy a cantar. No quiero añadirme más presión». Acabó acumulando, entre otras cosas, muchísimas pulseras. «Me acuerdo de cuando me regalaban pulseritas al inicio de las giras. Si te va bien el concierto, la culpa es de la pulsera. Al final te hace falta otro brazo». Vuelve a reír.
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