El autor de El Quijote convivió con diez féminas de su familia y publicó toda su obra mientras vivía rodeada de ellas Leer
El autor de El Quijote convivió con diez féminas de su familia y publicó toda su obra mientras vivía rodeada de ellas Leer
Muy pocas cosas de cuantas se han dicho hasta ahora de las mujeres que rodearon a Miguel de Cervantes son ciertas. Hasta hace bien poco muchos investigadores sostenían que las «cervantas», apelativo con el que se conocía a las abuelas, la madre, las hermanas, la esposa y la hija del autor de El Quijote, eran unas mantenidas, que vivían de los hombres de la casa y que incluso, en los peores momentos económicos de la familia, llegaron a prostituirse. El libro Las cervantas, de la antropóloga e historiadora jiennense Isabel Castro, editado en Crítica, desmonta esta sarta de mentiras y restituye la honorabilidad de un puñado de mujeres que, por el contrario, supieron salir adelante y mantuvieron con su talento y esfuerzo el buen nombre del apellido. «Este libro repara una injusticia histórica con documentos, no con opiniones», subraya Isabel Castro.. La investigadora recuerda que la imagen de «oscuras y busconas» procede de una declaración vecinal de 1605 y de lo que los cervantistas del siglo XIX añadieron por su cuenta. Frente a eso, Castro ha trabajado estos años con protocolos notariales, pleitos, testamentos, cartas dotales e inventarios de embargo, muchos apenas explorados.. «Esta no es una biografía más del autor de las Novelas Ejemplares: es la casa por dentro —dice Castro—. Cervantes convivió con diez mujeres de su familia y publicó toda su obra mientras vivía rodeada de ellas, desde los primeros poemas de 1568 hasta el Persiles, que sacó a la luz de su vida».. Cervantes muere en Madrid el 22 de abril de 1616, pero tres días antes dicta una carta dirigida al conde de Lemos que escribe su hija o su esposa y que entre otras cosas dice: «El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan». Hoy sabemos que el primer novelista de la literatura española murió rodeado del cariño de sus mujeres. El libro recorre la vida y obra de cada una de ellas.. Leonor de Cortinas fue su madre y sostuvo a la familia con el marido sordo y dos hijos cautivos en Argel. Su hermana mayor fue Andrea de Cervantes, maestra de taller frente al gremio textil de Madrid. Magdalena de Cervantes pleiteó contra quienes incumplieron promesa de matrimonio, mientras que Luisa de Cervantes, quizá la más inteligente y poderosa de todas, ingresó en el convento carmelita descalzo de Alcalá de Henares donde convivió con Santa Teresa de Jesús, llegando a ser priora hasta tres veces. Cervantes casó con Catalina de Salazar, más rica que él. Lo amó, lo siguió durante toda su vida y a su muerte publicó Los trabajos de Persiles y Sigismunda. E Isabel de Saavedra fue su hija, que vivió como una burguesa madrileña, con oratorio particular y reliquias muy solicitadas.. Isabel de Castro recuerda que Andrea de Cervantes dirigió un taller de labores blancas con aprendiza contratada a sueldo cuando la norma gremial reservaba esa dirección a las viudas, y facturaba a los marqueses de Villafranca. «Este hecho demuestra que las «cervantas» fueron mujeres independientes económicamente que, al contrario de lo que se creía, más de una vez salieron en auxilio de los hombres de la casa», asegura Isabel Castro.. De esta obra Juan Eslava Galán ha dicho: «Este libro devuelve a las «cervantas» su verdadero ser: el de unas mujeres de su tiempo que se abrieron camio en un mundo de hombres».
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