«¡Sacadme de aquí!¡Sacadme de aquí!». Gema ya no quería ver más. No quería escuchar más. No quería saber más. Quería desaparecer de aquella hoguera, atravesar la playa, llegar hasta Rubén, preguntarle, gritarle, abrazarle, odiarle, quererle… quién sabe. En realidad, probablemente ni ella misma sabía qué quería hacer. Sólo sabía que no podía permanecer ni un segundo más sentada frente a aquella tablet. «Siento mucho odio», dijo. El odio lo sentimos todos al verla.
Gema se derrumbó tras descubrir la traición de Rubén y tuvo que ser atendida, pero regresó para no dejar sola a Paola. Segundos después, ella descubría el beso de Sergio e Irini y también salía corriendo: ni Sandra Barneda pudo contener una hoguera que rompió todas las reglas
«¡Sacadme de aquí!¡Sacadme de aquí!». Gema ya no quería ver más. No quería escuchar más. No quería saber más. Quería desaparecer de aquella hoguera, atravesar la playa, llegar hasta Rubén, preguntarle, gritarle, abrazarle, odiarle, quererle… quién sabe. En realidad, probablemente ni ella misma sabía qué quería hacer. Sólo sabía que no podía permanecer ni un segundo más sentada frente a aquella tablet. «Siento mucho odio», dijo. El odio lo sentimos todos al verla.. Gema corrió. Corrió como pocas veces se ha visto correr a alguien en La isla de las tentaciones, aunque parezca imposible. Detrás suya Paula, que parecía iba a ir a por ella, pero que en realidad se quería unir a ella para llegar hasta Kico. Ninguna llegó. Gema no pudo continuar. Cayó sobre la arena, dejando uno de los momentos más desgarradores de la historia de La isla de las tentaciones. No es exagerado.. Sandra Barneda esperó. Ya no corre. No tiene necesidad. Y Gema y Paula regresaron. La primera, completamente rota. Descompuesta. Sin saber dónde meterse ni qué hacer con todo lo que acababa de ver. Y entonces, en medio de semejante derrumbe, Gema volvió a pronunciar la palabra que mejor explica no sólo lo que ocurrió anoche en La isla de las tentaciones, sino seguramente buena parte de lo que le ha ocurrido durante demasiado tiempo con Rubén: «baby». «¡Baby de qué! ¿Acabas de ver lo que has visto y baby?». Bendita Sandra Barneda. Porque alguien tenía que decírselo.. Alguien tenía que hacer que Gema se escuchase. Alguien tenía que intentar meter una cuña entre Gema y esa dependencia emocional que la llevaba a seguir llamando «baby» al hombre al que acababa de ver traicionándola -otra vez-. Alguien tenía que recordarle, aunque fuera durante unos segundos y aunque ella en aquel momento fuese incapaz de asumirlo, que antes que Rubén está Gema. Gema tiene que quererse. Mucho. Muchísimo.. Tiene que quererse lo suficiente como para entender que querer a alguien no puede significar aceptar cualquier cosa. Que perdonar no puede convertirse en una condena. Que amar a una persona no obliga a dejar de amarse a una misma. Y que ninguna relación merece que acabes tirada en una playa suplicando que te saquen de allí mientras todavía llamas «baby» a quien te acaba de destrozar.. Ésa fue la verdadera brutalidad de la hoguera de anoche de La isla de las tentaciones 11. No los besos. No las carreras. No los gritos. Ni siquiera la concatenación de escenas que convirtieron la ceremonia más reconocible del programa en un absoluto descontrol. Lo brutal fue ver a una mujer descubrir delante de una pantalla aquello que seguramente llevaba demasiado tiempo temiendo volver a descubrir.. Porque Gema no llegó a República Dominicana desde una relación idílica que de repente se ha torcido. Llegó después de haber descubierto numerosas infidelidades de Rubén. Él aseguraba haber cambiado. Ella había decidido darle otra oportunidad. Entraron en La isla de las tentaciones para comprobar, precisamente, si Gema podía volver a confiar en él. Y Rubén volvió a hacerlo.. Por eso no era un beso más. Por eso Gema no estaba viendo simplemente a su novio caer en la tentación de un reality. Estaba viendo cómo regresaba de golpe todo aquello que había intentado enterrar. Estaba viendo cómo se hacía añicos la promesa sobre la que había reconstruido su relación. Y probablemente estaba descubriendo algo mucho más doloroso que una infidelidad: que volver a confiar en alguien no sirve de nada cuando ese alguien vuelve a darte razones para no hacerlo.. Sandra Barneda había avisado de que aquella iba a ser una hoguera histórica. Lo fue. Aunque no exactamente por lo que uno podía imaginar.. En La isla de las tentaciones hemos visto prácticamente de todo. Hemos visto concursantes correr por la playa como si República Dominicana se acabara esa misma noche. Hemos visto a Montoya convertir una huida hacia Villa Playa en historia de la televisión. Hemos visto gritos, amenazas de abandono, colapsos, hogueras de confrontación, tablets volando y a Sandra Barneda ejerciendo en ocasiones de presentadora, psicóloga, policía de fronteras y guardiana del fuego. Pero lo de anoche rompió el propio ritual del programa.. Primero fue Nacho. El Borbón, mote inevitable, después de ver las imágenes de Náyades y Andrea, perdió completamente los papeles y echó a correr cuando ya estaba en su villa y sin que nadie de los presentes estuviera preparado para ese momento. Esta vez nadie consiguió frenarlo antes. Llegó hasta la hoguera de las chicas. Un hombre irrumpiendo por primera vez en el espacio que hasta ese momento había sido inexpugnable. Parecía que ése sería el momento de la noche. Qué equivocados estábamos.. Después llegó Gema. Rubén había avanzado con Nataly. El acercamiento se había convertido en beso. El beso, en algo más. Y todo aquello acabó delante de los ojos de Gema. Primero intentó resistir. Después dejó de poder hacerlo. Salió corriendo. Una carrera que rompió más de un corazón.. Y regresó. Quedaba el beso, el momento en el que Rubén volvió a hacer lo que parece siempre ha he hecho en esta relación. Gema se rompió en mil pedazos. Tirada en el suelo, abrazada por todas sus compañeras, mientras Sandra Barneda se contenía para no ser ella la quinta en unirse.. «¡Sacadme de aquí!». Una vez. Y otra. Y otra.. Sus compañeras intentaron ayudarla. No se podía. Sandra Barneda intentó detener aquel terremoto emocional. Gema quería marcharse. Quería ir a buscarle. Quería enfrentarse a él. Su cuerpo y su cabeza habían entrado en un lugar donde ya no existía el programa. Y ésa es una de las grandes diferencias entre aquella hoguera y tantas otras. Llegó un punto en el que dejó de importar el espectáculo.. Sandra Barneda se la llevó hasta la playa para que respirase. «Confía en ti». Qué dos palabras. Confía en ti. No en Rubén. No en lo que Rubén le prometió. No en lo que Rubén le pueda explicar cuando se encuentre con ella. No en que Rubén haya cambiado. No en que aquello haya sido producto de La isla de las tentaciones. En ti. En Gema. Porque esa debería ser su salida de esta historia. Y entonces llegó aquel «baby». «¡Baby de qué! ¿Acabas de ver lo que has visto y baby?».. Puede parecer una frase más de Sandra Barneda. Incluso puede sonar brusca sacada de contexto. No lo fue. Fue probablemente lo más necesario que alguien podía decirle en aquel momento. Gema necesitaba que alguien la zarandeara sin tocarla. Que alguien le recordara que no podía continuar preocupándose por cómo llamar a Rubén cuando quien estaba hecha pedazos era ella.. «Tranquila, que vas a ser atendida ahora mismo». Y ahí terminó su hoguera. O eso creíamos.. Sandra Barneda regresó junto a las chicas y les explicó que Gema estaba siendo atendida y que no iba a volver. Pero todavía quedaban imágenes de Rubén.. Y entonces La isla de las tentaciones hizo algo que no había hecho nunca. «Chicas, necesito que me echéis una mano para que suba su autoestima. Voy a hacer algo que no he hecho nunca. Gema tenía más imágenes, pero depende de vosotras si queréis verlas o no». Ellas decidieron que sí.. La imagen era la esperada, pero no por ello menos devastadora por todo lo que significaba: Gema ya no podía mirar su propia historia y tuvieron que mirarla sus compañeras por ella. No sé si existe una metáfora más perfecta de lo que había ocurrido.. Ellas vieron lo que Gema ya no podía soportar. Ellas recibieron el golpe que a ella ya no le cabía dentro. Ellas se quedaron frente a la pantalla mientras su compañera intentaba recomponerse lejos del fuego. Y entonces llegó Paola. Y regresó Gema.. «No puedo hablar mucho, pero no quiero dejar sola a Paola». Ahí estaba de nuevo. Rota. Sin apenas poder hablar. Después de necesitar asistencia médica. Después de pedir que la sacaran de allí. Después de descubrir que el hombre al que había vuelto a entregar su confianza la había vuelto a traicionar. Y regresó porque otra persona podía necesitarla. Si sólo por eso Gema no entiende lo mucho que vale, que vuelva a mirar esa escena.. Porque mientras ella era incapaz de quererse lo suficiente como para dejar de llamar «baby» a Rubén, sí fue capaz de reunir las fuerzas que no tenía para acompañar a una amiga. Eso también es Gema. Y debería agarrarse mucho más a esa Gema que a la que sale corriendo desesperada buscando a Rubén.. Paola se sentó frente a la tablet. Lo suyo con Sergio tampoco llegaba limpio a La isla. Los celos, las heridas anteriores, Irini, una historia que ya existía entre ellos durante una ruptura… Todo estaba preparado para estallar. Y estalló. Sergio e Irini se besaron. Paola lo vio. Y salió corriendo. Otra vez.. Otra carrera. Otro derrumbe. Otra vez Sandra Barneda abandonando la hoguera. Otra vez la sensación de que aquello se había ido definitivamente de las manos.. Resultaba casi difícil procesarlo como espectador. Nacho había irrumpido en la hoguera. Gema había escapado. Había regresado. Había vuelto a romperse. Había necesitado ser atendida. Sus compañeras habían visto sus imágenes por ella. Gema había regresado para apoyar a Paola y Paola había acabado corriendo después de ver a Sergio besándose con Irini. No quedaba hoguera. Quedaban los restos.. Y ésa fue probablemente la razón por la que la de anoche puede considerarse una de las hogueras más brutales que ha emitido La isla de las tentaciones. No porque hubiera más sexo, más infidelidades o más carreras que nunca. Sino porque por primera vez pareció que el formato era incapaz de contener lo que él mismo había provocado. La mecánica saltó por los aires.. Sandra Barneda dejó de preguntar para consolar. Las imágenes dejaron de mostrarse a su protagonista para enseñárselas a sus compañeras. Una concursante tuvo que abandonar para ser atendida. Regresó únicamente para sostener a otra. Y esa otra terminó huyendo. Todo en una misma hoguera.. Pero entre semejante apocalipsis emocional, entre carreras, lágrimas, besos y gritos, la frase que debería permanecer no es «sacadme de aquí». Es «confía en ti». Ojalá Gema la escuche.. Porque Rubén podrá darle mil explicaciones. Podrá decir que se dejó llevar, que La isla es una burbuja, que estaba confundido, que Nataly, que la convivencia, que las imágenes, que la distancia. Podrá llegar una hoguera de confrontación y podrán decirse absolutamente de todo. Pero nada de eso debería estar por encima de una certeza.. Gema entró en La isla de las tentaciones para comprobar si podía volver a confiar en Rubén. Quizá salga habiendo aprendido que la persona en la que primero tenía que volver a confiar era en ella misma. Y, sobre todo, que tiene que quererse.. Porque después de lo que vimos anoche, el mayor desafío de Gema ya no debería ser recuperar a Rubén. A Rubén que le den morcillas. Debería ser recuperarse a ella.
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