En la semana en la que entran unos 50.000 inmigrantes a una ciudad de 83.595 habitantes hay que agradecerle a Dios (o a quien le rece cada uno) que no haya pasado nada peor de lo que ya ha sucedido; de momento, más de setenta muertos, que serán más, y un pedazo de litoral con un lecho marino de cadáveres. Muertes por violencia, de momento, ninguna. Seguir leyendo
Cada día alguien prende una cerilla, y es normal que alguna cree un incendio
En la semana en la que entran unos 50.000 inmigrantes a una ciudad de 83.595 habitantes hay que agradecerle a Dios (o a quien le rece cada uno) que no haya pasado nada peor de lo que ya ha sucedido; de momento, más de setenta muertos, que serán más, y un pedazo de litoral con un lecho marino de cadáveres. Muertes por violencia, de momento, ninguna. Seguir leyendo
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