El piloto rojo se apaga y, con él, la contención. El plató de televisión es un ecosistema frío, diseñado para la frialdad del oficio, un armazón de luces LED, croma, focos abrasadores, pantallas de última generación y teleprompters que avanzan impasibles al ritmo que dictan los cronómetros de realización. En ese cuadrilátero tecnificado, donde todo está milimétricamente ensayado para dar la apariencia de un aplomo inquebrantable, la emoción humana suele ser vista como una anomalía técnica, una fisura en la pared. Sin embargo, cuando la emoción irrumpe de verdad -sin guion previo, sin artificios de postproducción ni lágrimas impostadas-, el medio recupera de golpe toda la verdad que la rutina diaria le arrebata. María Casado ha demostrado durante sus dos años al frente de los informativos de Telecinco de fin de semana que sabe muy bien como romper esa pared. En su adiós no iba a ser diferente.
La periodista quiso cerrar su última edición con la misma discreción con la que ha trabajado estos dos años, pero no pudo contener las lágrimas en el momento de despedirse de los espectadores
El piloto rojo se apaga y, con él, la contención. El plató de televisión es un ecosistema frío, diseñado para la frialdad del oficio, un armazón de luces LED, croma, focos abrasadores, pantallas de última generación y teleprompters que avanzan impasibles al ritmo que dictan los cronómetros de realización. En ese cuadrilátero tecnificado, donde todo está milimétricamente ensayado para dar la apariencia de un aplomo inquebrantable, la emoción humana suele ser vista como una anomalía técnica, una fisura en la pared. Sin embargo, cuando la emoción irrumpe de verdad -sin guion previo, sin artificios de postproducción ni lágrimas impostadas-, el medio recupera de golpe toda la verdad que la rutina diaria le arrebata. María Casado ha demostrado durante sus dos años al frente de los informativos de Telecinco de fin de semana que sabe muy bien como romper esa pared. En su adiós no iba a ser diferente.Ocurrió anoche al término de la edición de fin de semana de Informativos Telecinco. María Casado, profesional bregada en mil batallas televisivas, curtida en el directo, en los informativos matinales, en las mesas de debate y en los platós donde el reloj no perdona, se disponía a cerrar la emisión. Tenía apenas unas pocas palabras calculadas, un puñado de segundos para despedirse de la audiencia. Sin embargo, lo que prometía ser una despedida aséptica y ejecutiva terminó convirtiéndose en uno de los instantes más auténticos y humanos que se han visto recientemente en la pequeña pantalla. «Bueno, yo qué les digo hoy… Nada, voy a ser muy breve», comenzó diciendo la periodista con una sonrisa que ya delataba cierta fragilidad en los cimientos. Vestida con una chaqueta gris, erguida tras la mesa del plató de los informativos de Mediaset, María Casado intentó articular el mensaje que probablemente llevaba ensayando en la cabeza durante una semana, desde que el lunes pasado anunció su salida de Informativos Telecinco por «motivos personales»: «Quisiera despedirme diciéndoles que espero que pronto nos volvamos a ver. Gracias por todo y, lo más importante, les dejo en muy buenas manos».Apenas 13 segundos. Ni discursos grandilocuentes, ni recopilatorios de mejores momentos, ni autopromoción. Pero al pronunciar ese «les dejo en muy buenas manos», el mecanismo de contención se quebró por completo. María Casado se llevó apresuradamente las manos a la boca, intentando contener un sollozo sofocado que amenazaba con salir a la superficie. La voz se le rompió, los ojos se le llenaron de agua en un instante y, sin poder añadir una sola palabra más, inclinó la cabeza, tomó sus papeles y se levantó de la mesa mientras las cámaras abrían el encuadre y la sintonía del informativo comenzaba a sonar con la puntualidad de los programas en directo.En la gran pantalla de Informativos Telecinco apareció una imagen de la comunicadora sonriente, sosteniendo un cartel en el que se podía leer un optimista «¡hasta pronto!». U
Noticias de Televisión
