Para el autor, de la riqueza de aquel sueño de una noche de verano apenas queda nada en esta semiópera Leer
Para el autor, de la riqueza de aquel sueño de una noche de verano apenas queda nada en esta semiópera Leer
El Teatro Real continúa su serie de óperas en concierto, esta vez en la modalidad que llaman semiescenificada. A cargo del conjunto instrumental y vocal Vox Luminis, con dirección musical de Lionel Meunier, además de un grupo de artífices así anunciados: Concepto, escenografía y sombras; dramaturgia, textos, video, diseño de luces y asistencia técnica.. El resultado es una plúmbea sesión que degrada la música de Purcell utilizándola como pretexto para un probable pretendido homenaje, lánguido y pedantesco, que se pierde en una voraz monotonía capaz de engullir la vivacidad, lirismo y travesura del original.. Purcell logró insuflar vida al texto, confuso y esquemático de Dryden, que aprovechó mal el texto de Shakespeare. De la riqueza de aquel sueño de una noche de verano apenas queda nada en esta semiópera. El adverbio semi de nuevo asoma con su capacidad destructora, la maldad de la hibridez.. Henry Purcell quería componer óperas y parece que, en parte por la influencia del poeta John Dryden, solo le permitieron dramatizar los amores imposibles de Dido y del tránsfuga de Troya, el tal Eneas, que, aunque tal vez lo habría deseado, no pudo quedarse en Cartago con su guapa reina, porque tenía el encargo nada menos que de fundar Roma, una empresa que nada tenía de semi.. Son muy buenos los cantantes de Vox Luminis; de los instrumentistas cabe esperar mucho más, dirigidos con mayor nervio que el demostrado por Lionel Meunier. Del resto de responsables no cabe destacar nada, desde la enfática dramaturgia hasta la penumbra que envuelve una pantalla donde aparecen imágenes que nada tienen que ver con lo que se cuenta, sobre todo porque nadie cuenta nada, ni siquiera el actor, encargado de narrar una acción que no aparece.. Cabe pensar que la irrupción del semi, si es posible expresarlo así, se debe a muy varias razones, sintetizadas en la idea de que, ya que los tiempos no permiten representar más que un número reducido de óperas, vamos a ofrecer algunas de un modo más asequible y económico, que resulte menos arduo que la fórmula del concierto escueto. Pero ya hemos visto que es preciso un severo rigor teatral y musical, sin olvidar que no todas las obras se prestan a ser semirrepresentadas o semiescenificadas.
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