La televisión en directo tiene esa virtud -o esa condena- de desnudar las costuras del ser humano cuando la presión sobrepasa el límite del decoro profesional. Ocurrió anoche. Ocurrió en el plató de Malas Lenguas Noche (La 2), transformado de pronto en un anfiteatro romano donde las palabras no solo hirieron, sino que terminaron por quebrar a una de sus colaboradoras.
La tensión en Malas Lenguas Noche dinamita la pantalla tras el tenso debate sobre el discurso de Feijóo y el absentismo médico: «No me vas a volver a humillar»
La televisión en directo tiene esa virtud -o esa condena- de desnudar las costuras del ser humano cuando la presión sobrepasa el límite del decoro profesional. Ocurrió anoche. Ocurrió en el plató de Malas Lenguas Noche (La 2), transformado de pronto en un anfiteatro romano donde las palabras no solo hirieron, sino que terminaron por quebrar a una de sus colaboradoras. Marta Gómez Montero dijo basta. Anduvo el camino de la resistencia hasta que la dignidad dijo que ya no le cabía más menosprecio. Y lo dijo con esa crudeza descarnada de quien prefiere la intemperie antes que seguir tragando el orgullo en aras del bendito espectáculo. Es difícil saber qué ocurrió realmente, pues la reacción de Gómez Montero fue tan inesperada y tan de sopetón que para el espectador es difícil relacionar la causa y el efecto. Pero la colaboradora se sintió «humillada» por Jesús Cintora, y dijo ‘no agunto más’.Todo comenzó, cómo no, bajo el paraguas de la dialéctica política. Se analizaba la última intervención de Alberto Núñez Feijóo, sus palabras exactas, esos matices que los gabinetes de comunicación pulen con esmero tras el tropiezo del día anterior. Gómez Montero intentaba, con vehemencia casi numantina, salvar los muebles del líder de la oposición. «Hoy ha dicho que persigue el absentismo laboral fraudulento… Déjame terminar», le espetaba a Luis Arroyo, buscando ese milímetro de oxígeno verbal que en las tertulias nocturnas cotiza a precio de oro. Para ella, el matiz lo era todo. Feijóo ya no erraba el tiro confundiendo las bajas con el cáncer; hoy acotaba a los «caras duras». La defensa estaba armada.Pero el director de orquesta, Jesús Cintora, no estaba por la labor de conceder una tregua tan plácida. El periodismo de trinchera exige sangre o, al menos, contradicción. El presentador viró el timón hacia el concepto más espinoso del discurso del gallego: el «país subsidiado». «¿Tenemos un país subsidiado? Os pregunto», lanzó Cintora a la mesa, sabedor de que esa frase era un dardo y una afrenta para la trinchera defensora de Feijóo y del PP. Fue, probablemente, esa insistencia de Cintora tras las palabras de Gómez Montero lo que provocó la reacción posterior de la colaboradora. De hecho, en esta primera intervención ya se podía ver a una Gómez Montero muy tensa, con la voz temblorosa, subrayando con nerviosismo sus papeles. La tensión en el plató subió varios enteros cuando el programa reprodujo el ya controvertido vídeo de Feijóo. La analogía médica -comparar la situación del país con una patología aguda, con una cirugía de urgencia, con un «cáncer que no podemos pagar»- resonó en los monitores con el peso de una losa. «La ha cagao pero hasta el corvejón porque ha herido muchas sensibilidades», sentenció Javier Daroca con contundencia, pero esta vez sin aspavientos. Para Daroca, el líder del PP se había comportado como un «agradaor» de la patronal, desvelando de forma cruda lo que verdad
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