Cada época tiene su Safo: «décima musa» para Platón, bruja pagana en la Edad Media, ideal clásico en el Renacimiento, ‘femme fatale’ en el XIX y hoy icono feminista y LGBT. La filóloga clásica Laure de Chantal desmiente estereotipos y leyendas como la de su suicidio en la biografía ‘Las nueve vidas de Safo’ Leer
Cada época tiene su Safo: «décima musa» para Platón, bruja pagana en la Edad Media, ideal clásico en el Renacimiento, ‘femme fatale’ en el XIX y hoy icono feminista y LGBT. La filóloga clásica Laure de Chantal desmiente estereotipos y leyendas como la de su suicidio en la biografía ‘Las nueve vidas de Safo’ Leer
Homero le pedía a las musas que le cantaran la cólera de Aquiles o le narraran el largo extravío de Ulises después de arrasar Troya. Guiado por las musas olímpicas, Hesíodo consagró la génesis del universo y el nacimiento de los dioses en su Teogonía. Pero hubo una poeta que se erigió en musa inmortal: Safo de Lesbos. El mismísimo Platón la elevó como la «décima musa» y, cuenta una leyenda, que al morir el filósofo tenía una tablilla con los versos de Safo junto a su cama. Sócrates y Aristóteles también admiraron sus hermosos poemas pero, ante todo, su sabiduría, que desplegaba en fiestas y banquetes acompañada de su lira y el plectro, la púa musical que ella misma inventó según fuentes antiguas.. Un vaso ático del siglo V a. C., la época dorada de Pericles, cuando se construyó el Partenón y se pusieron por escrito los grandes poemas épicos de Homero y compañía, representa a Safo cual divinidad, una heroína coronada con laurel por sus gestas literarias. Conservada en el Museo Arqueológico de Atenas, Safo sostiene un papiro en el que microscópicamente se lee: «Dioses, yo creo versos de viento». Versos de viento sobre los que se ha cimentado toda la literatura occidental. ¿Y si el primer escritor en realidad fuera una escritora? ¿Y si la primera creadora, la primera que habló desde el yo y puso por escrito sus sentimientos hubiese sido una mujer? Esa es la tesis de la helenista francesa Laure de Chantal, autora de la apasionante biografía Las nueve vidas de Safo (Siruela).. «Homero y Hesíodo pertenecen a una tradición oral e invocan a las musas para contar las historias que circulan desde la noche de los tiempos. No son los propietarios del discurso, lo retranscriben. Es decir, no creaban, repetían. Safo crea sin la ayuda de las musas, habla en primera persona. Es la primera autora del mundo occidental en un sentido moderno. Y si no encontramos esta afirmación en ningún sitio es porque Safo es mujer y ha sido invisibilizada durante siglos», explica De Chantal después de dar una de sus clases en la Universidad de la Costa Azul, en Niza, donde es profesora de Letras Clásicas.. La helenista francesa Laure de Chantal.PHILIPPE MATSAS. Por supuesto, hubo otros poetas líricos antes de Safo, como Arquíloco de Paros, pero ninguno de su talla. Si no hubiésemos perdido los textos de Safo, si la cruzada monoteísta del primer cristianismo no los hubiera quemado con todo el saber clásico de la Biblioteca de Alejandría (apenas nos ha llegado el 1% de la literatura antigua), se calcula que el corpus de la autora sería de unos 12.000 versos, la misma extensión de La Odisea, mientras que La Ilíada llega a los 15.000. La autoría de un Homero ha sido cuestionada desde época arcaica: sus obras épicas serían el resultado de la tradición oral colectiva de los aedos, que los recitaron durante siglos por toda la Hélade.. De Safo tan solo quedan fragmentos. Pero su belleza nos basta. «Ya era muy conocida en la Antigüedad. En las escuelas se enseñaba a Homero y a Safo. Pero de su verdadera biografía no sabemos casi nada. Sus obras fueron destruidas de forma masiva. Todo lo politeísta era el enemigo. Sus libros fueron quemados durante más de diez siglos, hasta bien entrado el XIV… Safo era doblemente peligrosa: una mujer convertida casi en diosa, que escribe una ardiente poesía erótica, que ama tanto a hombres como a mujeres, a jóvenes y a mayores… Para los cristianos más fundamentalistas representaba el diablo en persona», cuenta De Chantal. Como muestra, las palabras que le dedicó el teólogo Taciano en el siglo II d. C. en su despiadado Discurso contra los griegos, una virulenta diatriba «contra la filosofía, la mitología y la ignorancia pagana». Converso recalcitrante, para Taciano la poeta era una «mujerzuela», una «ramera», que «cantó sobre su propia lujuria». Una imagen que caló durante los siglos de oscurantismo. «Safo condensa todo cuanto puede seducir del paganismo: el amor libre, la belleza, lo humano en todo su esplendor», defiende De Chantal.. Cada época tiene su Safo. Y Safo es el espejo de cada época: hoy se erige como un orgulloso icono feminista y LGTB pero ha tenido que arder en muchas hogueras para volver a ocupar el lugar que le corresponde en el Olimpo literario. De ahí el título de las nueve vidas de Safo: libidinosa bruja en la Edad Media, ideal clásico en el Renacimiento, símbolo político en plena Revolución Francesa (y durante la ola feminista de los años 70 del siglo XX) o una femme fatale a reprimir en pleno siglo XIX…. Laure de Chantal restituye los escasos datos sobre la poeta, lejos de fabulaciones como la leyenda de su supuesto suicidio desde un acantilado de Léucade por el amor no correspondido del bello Faón, popularizada por Ovidio. «No sabemos cómo murió», dice encogiéndose de hombros. Pero sí que nació en torno a la 42ª Olimpida de la época antigua [612-609 a.C.], en Mitilene, ciudad que, según el mito, fue fundada por la reina amazona que derrotó a los atlantes, Mirina, anterior a las más famosas Hipólita y Pentesilea.. ‘Safo y Erinna en un jardín de Mitilene’ (1864) de Simeon Solomon.TATE BRITAIN. ¿Qué se sabe de Safo con exactitud? Lo que ella misma escribió, sumado a las referencias de sus contemporáneos. Su primera biografía, firmada por Camaleón de Heraclea, filósofo peripatético y discípulo de Aristóteles, se perdió y hasta el siglo X la magna enciclopedia bizantina conocida como Suda no la puso por escrito en una breve entrada con datos algo «discutibles»: habían pasado 1.600 años desde su nacimiento. «Gana un marido y un hermano extra», expone De Chantal. Sí tuvo una hija, Cleis, a la que dedicó algunos de sus más hermosos versos. Y dos hermanos, sobre los que también escribió: Charaxos, un comerciante que solía viajar a Egipto y le traía papiros (Safo le reprocha que dilapide su fortuna en cortesanas) y el cadete Larichos, escanciador de vino -actividad reservada a jóvenes aristócratas- en el pritaneo de Mitilene (vendría a ser el ayuntamiento). También sabemos parte de su lista de sus amantes: Atthis, Andrómeda, Anactoria, Mnasidika, Gyrinno, Adonis, Gorgo, Gongyla, Abanthis… No hay rastro de un marido en sus poemas.. Los banquetes griegos eran distintos a los de hoy: simposios que mezclaban la tertulia filosófica, la música y el vino (dependiendo de la profundidad del tema a tratar el vino se escanciaba con más o menos agua). «El saber y la cultura no se transmiten solo en los libros o los pupitres, también en las reuniones festivas, cuando compartir la comida y la amistad desata las lenguas e invita a beber las palabras de los demás. El intelecto forma parte del banquete», explica De Chantal sobre el zeitgest griego. Uno de los diálogos más conocidos de Platón es, precisamente, El banquete.. Safo era la protagonista de las fiestas con sus poemas, especialmente de las bodas, para las que componía bellísimos epitalamios, cantos de celebración del amor. Pasó de ser admirada, de ser considerada el equivalente femenino de Sócrates (Máximo de Tirodixit) y de que se acuñaran monedas con su efigie a ser «borrada, deformada, mutilada, plagiada [Catulo la copió sin pudor], pasada de mano en mano, tocada y retocada», lamenta De Chantal.. La leyenda de su suicidio empezó con una obra de teatro perdida, pero Ovidio, que admiraba a la poeta, la convirtió en una literaria tragedia en su colección de cartas ficticias, las Heroidas, donde una Safo desesperada tras ser abandonada por su amante Faón expresa su destino fatal de saltar al vacío para lanzarse a las olas leucadias. «Su obra pervive pero no sufre más que traiciones. En cuanto a la biografía, se borra lentamente, transformada según el capricho de las épocas y sus fantasías», añade la filóloga.. Incluso en el siglo XV, el erudito Demetrio Calcocondidas, que tras la caída de Constantinopla en 1453 ayudó a la difusión de los textos clásicos, relató cómo había visto a sacerdotes en Atenas encendiendo hogueras con los libros de Safo. Pero en el Renacimiento, Bocaccio y Petrarca iluminaron a una nueva Safo; y Rafael la sublimó en su fresco El Parnaso del Vaticano.. En Francia, Christine de Pizan (1364-1430), considerada la primera mujer profesional de las letras en Europa, aunque tristemente olvidada (cómo no) y reivindicada en las Olimpiadas de París de 2024, comenzó el rescate desde el punto de vista feminista en La ciudad de las damas, señalando la misoginia y reconociendo a Safo como la antepasada de todas.. «Entre el feminismo y la mitología existe una relación particular, una evidencia que, sin embargo, la tradición ha invisibilizado. Las diosas griegas encarnan una infinidad de role models femeninos, con valores extremadamente progresistas. Hay que comprender que la sociedad griega era politeísta, lo que implica pluralidad y ambivalencia, algo esencial para la reflexión. El universo monoteísta funciona de forma binaria: sí/no, blanco/negro, bien/mal…», explica De Chantal, que ha escrito varios ensayos que releen la mitología en clave moderna, como Libre comme une déesse grecque aunque no se hayan traducido en nuestro país. Es heredera de las grandes helenistas francesas como Jacqueline de Romilly (especialmente admirada por Borges) o Marguerite Yourcenar, autora de Memorias de Adriano, a la que dedica su último libro. Yourcenar fue la primera mujer en ingresar en la Académie Française; De Romilly, la segunda.. El 22 de frimario del año III según el calendario revolucionario (o 12 de diciembre de 1794), el Théâtre des Amis de la Patrie estrenó la obra Sapho de Constance Pipelet (1767-1845), que acabaría siendo la futura princesa de Salm. En pleno régimen del Terror y contra todo pronóstico se convirtió en un éxito teatral, con más de un centenar de representaciones en París y una gira de dos años en provincias. «Safo vivió dos tiranías en Lesbos [las de Mirsilo y Pítaco], revueltas y un destierro a Sicilia», apunta De Chantal, aunque poco se sabe del exilio a Siracusa. Con astucia, Pipelet usó su figura como modelo para burlar la férrea censura y denunciar la represión y los excesos de la Revolución que, el año anterior, 1793, ya había prohibido a las mujeres participar en las asambleas. Sí, el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad nació un poco como la democracia ateniense: solo para una parte de la población. Habría que esperar al siglo XX para que realmente fuera universal.. Así que Pipelet escribió una «tragedia antigua», un entretenimiento musical aparentemente ligero sobre los amores de Safo y Faón, con el final fatal del suicidio, presentado como un ejercicio de libertad. «En cada acto Safo se rebela contra la autoridad y el orden establecido», señala De Chantal y nos descubre que el estudio más reciente y detallado sobre el alcance político de la obra de Pipelet viene de Irán. En 2015, la académica Maryam Sharif, profesora en la universidad Kharazmi de Teherán, publicó una lectura política de Sapho en la que también desliza una reflexión sobre las condiciones de las mujeres autoras.. Safo salvó a Pipelet de la censura, pero no a Charles Baudelaire. De hecho, hasta 1949 su magno poemario Las flores del mal no se publicó de forma íntegra: le faltaban seis poemas «impíos». En 1857, Baudelaire fue acusado de ultraje a la moral pública por las «monstruosidades» y «demencias del espíritu» de varios poemas, entre ellos, los dedicados a Safo, a una sensual mujer vampiro y al goce del amor lésbico tras el éxtasis de Delfina e Hipólita. «Lo que realmente se estaba juzgando en el juicio era el placer femenino. No se trataba tanto de las escenas eróticas sino de un erotismo femenino liberado de la dominación masculina», incide De Chantal.. El siglo XIX reprimió una vez más su erotismo liberado, pero el siglo XX la sacaría definitivamente del armario como icono lésbico y feminista. En 1976, Monique Wittig y Sande Zeig publicaron el canónico Borrador para un diccionario de las amantes, una oda al amor sáfico traducido al español por Cristina Peri Rossi en 1981 y recientemente reeditado con ilustraciones de Carla Berrocal y prólogo de Sara Torres. En la S de Safo, Wittig y Zeig dejan una simbólica página en blanco. No hay definición para ella, ni biografía, solo el blanco que dejaron sus versos cortados. Pero como si fuera el alfa y el omega, todo empieza y acaba con ella. Incluso en Lesbos, que hace una década se convirtió en el campo de refugiados más grande de Europa. «Siempre ha sido una isla-refugio y una isla de exilio. La historia no deja de repetirse… Safo escribió sobre los peligros del mar, sobre la angustiosa espera de su hermano… Ella misma sufrió el exilio en Sicilia», compara De Chantal, que nos ha devuelto a la Safo platónica, a la décima musa.. Traducción de Susana Prieto. Siruela. 200 páginas. 19,95 € Ebook: 9,99 €. Puedes comprarlo aquí.
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