Lentejuelas, 30 hits radiales, seis semanas de competición, una media de 2.700.000 espectadores por gala y más de 75.000 personas viviendo el espectáculo en directo en estadios de todo el país. Estos son los ingredientes con los que Suecia prepara cada invierno uno de sus rituales televisivos más emblemáticos: el Melodifestivalen. Un concurso en el que artistas consagrados, jóvenes promesas, compositores y discográficas se enfrentan por un único premio: llegar a Eurovisión. «Esto es como los Juegos del Hambre», indicó hace algunos días la pop star nórdica Alice Charter… y, de cierta forma, tiene razón.. Seguir leyendo
EL MUNDO ha acudido al Melodifestivalen, que se celebra en Estocolmo. Un espectáculo radicalmente diferente al Benidorm Fest, donde los niños son los protagonistas y los cantantes llegan a la final convertidos en verdaderas celebridades mediáticas
Lentejuelas, 30 hits radiales, seis semanas de competición, una media de 2.700.000 espectadores por gala y más de 75.000 personas viviendo el espectáculo en directo en estadios de todo el país. Estos son los ingredientes con los que Suecia prepara cada invierno uno de sus rituales televisivos más emblemáticos: el Melodifestivalen. Un concurso en el que artistas consagrados, jóvenes promesas, compositores y discográficas se enfrentan por un único premio: llegar a Eurovisión. «Esto es como los Juegos del Hambre», indicó hace algunos días la pop star nórdica Alice Charter… y, de cierta forma, tiene razón.. Por si nunca ha escuchado sobre este certamen, el Melodifestivalen es uno de los concursos musicales más longevos del mundo. Comenzó en 1959 y en 2026 ha celebrado su sexagésima sexta edición con una temporada de infarto. El 31 de enero, la cadena SVT dio inicio a la fase eliminatoria.. Durante cinco sábados consecutivos, seis propuestas se enfrentaron en cada gala durante dos horas de show. De cada programa, dos artistas lograron clasificarse directamente para la final, sumando así 10 finalistas. Sin embargo, el sistema no es del todo tajante: las candidaturas que quedaron en tercer lugar en cada gala pasaron a una repesca, celebrada el 28 de febrero, que otorgó dos plazas adicionales para la cita decisiva.. Pero, más allá del sistema de clasificación, en el Melodifestivalen no hay perdedores. Aquí ganan todos… y eso es algo de lo que debería aprender el Benidorm Fest. Durante un mes y medio, la tele pública sueca -y, por supuesto, los sellos musicales- hacen esfuerzos descomunales para que las canciones participantes se escuchen en todos lados: en los centros comerciales, en los aeropuertos y en el metro.. Incluso en las pantallas de algunos trenes se pueden ver juegos de preguntas relacionados con el certamen. Asimismo, las radios locales tocan los temas sin parar. Es más, mientras lee estas líneas, tres hits del festival lideran las listas de éxitos más tocados en las emisoras suecas.. Por otro lado, gracias al 70% y hasta 80% de share que tiene el concurso, los medios dan un lugar prioritario a los participantes y muchos de ellos consiguen transformarse en celebridades durante esta época. Por ejemplo, en esta ocasión, A*Teens -una de las bandas más icónicas del pop europeo durante la década del 2000- ha conseguido vivir una segunda ola de fama, mientras que Lilla Al-Fadji, un personaje humorístico interpretado por el chileno Felipe Leiva, se ha convertido en trending topic, gracias a su canción Delulu.. De igual manera, el dúo de moda Medina y el intérprete Greczula -quien es una mezcla entre Damiano David y Harry Styles- se han alzado como los grandes favoritos entre la juventud. Sobre todo, en un segmento etario que en España apenas se interesa por Eurovisión.. Hablamos de los adolescentes y los niños, que suelen llenar cada gala del Melodifestivalen. De hecho, en la final, celebrada el pasado sábado en Estocolmo, gran parte del público era infantil. Tan infantil, que parecía tratarse de un evento organizado por Clan TV.. Y aunque en nuestro país pueda parecer insólito, son precisamente los pequeños los que le dan un ambiente festivo al certamen: no dejan de bailar, agitan centenares de carteles y gritan hasta quedarse afónicos. Algo que se vio constantemente en la final del pasado sábado, mientras cantaba Felicia.. La triunfadora del Melodifestivalen 2026, quien cuenta con un look que seguramente dará que hablar en los próximos meses. ¿El motivo? La joven no enseña su rostro jamás.. Entre 2022 y 2025, la artista participó en un proyecto llamado Fröken Snusk, donde cantaba totalmente encapuchada… y, a pesar de que ahora canta presentándose con su nombre real, nunca expone su cara completa. O se tapa los ojos con gafas gigantes o utiliza una mascarilla que cubre el 50% de sus facciones.. Por supuesto, hay quienes piensan que esta enigmática apariencia podría hacer que Felicia -quien canta My System- se convierta en un icono eurovisivo, pero también hay quienes opinan que su imagen inquietante podría ser perjudicial para la misión que tiene la SVT: llevar, de nuevo, el festival a Suecia y darle el esplendor que ellos creen que merece.. Porque si hay algo que nos diferencia de los suecos, es que ellos piensan que Eurovisión debería ser solo un concurso musical y no político y, a raíz de ello, han adoptado una postura «neutral» en relación con Israel.. No obstante, su nueva estrella no opina lo mismo. «Ellos no deberían participar. Hay muchos asesinatos», ha comentado Felicia. Pese a ello, la cantante no cuenta con la posibilidad de declinar su invitación al certamen.
Televisión
