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Si la contemporaneidad dio lugar a novelas sin eje, sin centro, desconfiguradas para el gusto tradicional…, la actualidad ha puesto en circulación novelas sin propósito, erráticas no por defecto sino a voluntad, casi arbitrarias en lo que se dice o no, porque se diga lo que se diga en ellas va a ser el lector quien tenga que completarlas.. Premio Café Gijón 2025. Siruela. 156 páginas. 17,95 € Ebook: 9,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Son siempre fragmentarias, ya que escamotean informaciones que hubieran sido imprescindibles para un novelista del siglo XIX: ¿quién habla?, ¿cómo ha llegado hasta allí y para qué?, ¿por qué hace lo que hace?, ¿qué es lo que se quiere decir, enseñar o denunciar con todo ello? Pero éstas son narraciones que no comienzan por el principio, se terminan pero no se abrochan, y se diría que, más que irrumpir e imponerse, suceden y se van. No crean un espacio sino que son estrellas fugaces. Y, por descontado, ofrecen muchas más sugerencias que significados, frecuentemente porque el autor no quería contar nada concreto, sólo merodear.. Parece que Las crines, de Marc Colell (Barcelona, 1975), es buen ejemplo de ello: un hombre ya maduro y catalán que pasó su primera infancia en un orfanato está en medio de la pampa argentina enviando cartas a una tal Juanita, que, no sabemos por qué, le recomendó desaparecer por allí una temporada. Contempla el paisaje, saca sapos de la casa, escribe y, poco a poco, se relaciona con los pocos vecinos que hay en muchos kilómetros, a uno de los cuales le pide un caballo viejo y manso (que parecía llamado a tener mucha importancia, pero al que se hace poco caso y que, como mucho, llegará a macabro símbolo no sólo del acabamiento sino de la corrupción, acaso de la falta de sentido).. En el capítulo más largo se quiere contar con humor un gran asado al que le invita el hacendado de la zona: cierto color del ambiente está bien retratado, pero, francamente, las horas pasadas junto a una anciana demenciada o unas adolescentes altivas no tienen ninguna gracia. Mejores son las secuencias hospitalarias (aunque con errores: si un hombre ha muerto hace tres días, entonces su habitación está ya ocupada) o, en fin, la descripción de los espacios: el colmado de los chinos, la pulpería, las chozas, las ciudades de la costa o, sobre todo, la inmensidad vacía, los esqueletos de las vacas: en esos paisajes estériles está lo subrayable de una novela no mucho más sustanciosa.
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