Fue abogada laborista, pero escribió una novela negra en su baja de maternidad y triunfó: millón y medio de copias acumula con su serie del Puerto Escondido. Ahora publica ‘La cámara de las maravillas’, un ‘thriller’ sobre un ladrón de guante blanco Leer
Fue abogada laborista, pero escribió una novela negra en su baja de maternidad y triunfó: millón y medio de copias acumula con su serie del Puerto Escondido. Ahora publica ‘La cámara de las maravillas’, un ‘thriller’ sobre un ladrón de guante blanco Leer
María Oruña: «Jamás una IA va a crear una novela como lo hago yo» | Líderes Portada Portada Portada Saltar a navegación principal (Pulse Enter) Saltar a contenido (Pulse Enter) Portada Iniciar sesión LÍDERESAntonio Elorza, historiador «En la izquierda siempre hay una parte de frustración» Emilio Baena, ex trabajador de la Agencia Tributaria «Los ‘influencers’ son un perfil de riesgo para Hacienda» Para empezar el libro, una frase de Lupin. ¿Es una referencia o una trampa?Es un anuncio de que lo que vamos a ver es un juego, un juego de espejos, un juego literario. Pero en seguida escapo de Lupin y de Maurice Leblanc, su creador, porque, por muy romántico que sea, hace trampas. Es muy teatral, a veces soluciona una trama con un disfraz. Yo buscaba algo más creíble, más contemporáneo.Un ladrón de guante blanco siempre cae bien, haga lo que haga. A mí eso siempre me incomoda. Cuando leo novelas de ese tipo y el autor hace trampa, salgo de la historia. Además, el ladrón que presento aquí no es un Robin Hood: lo que gana es para su propio lucro. Aunque es verdad que aun así cae bien. ¿Por qué? Porque se está burlando de alguien que está en la punta de la pirámide. Porque va a incomodar.Si tuviera que escoger un ladrón de arte a lo largo de la historia sería…No he podido conocer a ninguno personalmente, pero he accedido a informes policiales, testimonios de ladrones que están en la cárcel, falsificadores que han escrito sus autobiografías… El que me hizo más gracia fue el Spiderman francés, que acabó entre rejas porque era incapaz de contenerse de decirle a la gente «fui yo». Lo decía un poco borracho en los bares y nadie le creía. Hasta que alguien le creyó y lo pillaron.Triunfó en la novela negra con la serie del Puerto Escondido. ¿Se arriesga al salir de ella?Entiendo que tienen que etiquetarme de alguna forma, pero yo no soy una escritora de novela negra. Cuando vi que en la faja de mi primera novela me llamaban «el nuevo descubrimiento de la novela negra» pensé: ¿Por qué de la novela negra? Si muere alguien durante la trama, ya está, ya es una novela negra. Yo escribo sencillamente lo que me sale. En mi escritura siempre hay una investigación, casi siempre hay un crimen que funciona como excusa y luego está lo que yo realmente quiero contar. En esta novela se abren debates sobre la belleza, la impunidad colonial a la hora de poseer arte. Aunque supongo que la etiqueta de novela negra me va a acompañar siempre.¿Cómo una abogada se convierte en escritora?No fue premeditado. Nunca soñé con ser escritora, no tenía manuscritos guardados en mis cajones ni había hecho cursos de escritura. Simplemente, dispuse de tiempo y surgió. Estuve ejerciendo diez años como abogada, los últimos seis en un bufete internacional que me llevaba muchísimas horas y, al ser madre, me puse a escribir durante la baja. Al principio hice un ensayo sobre abogacía, pero luego pensé: ¿Y si hago algo más para divert
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