Lo dicen los datos: los artistas que triunfaron en los 2000 vuelven a ser hoy ídolos juveniles. ¿Es la nostalgia hereditaria? «Cuando una canción conecta contigo, da igual cuándo salió», dicen los expertos Leer
Lo dicen los datos: los artistas que triunfaron en los 2000 vuelven a ser hoy ídolos juveniles. ¿Es la nostalgia hereditaria? «Cuando una canción conecta contigo, da igual cuándo salió», dicen los expertos Leer
Primero, le pareció raro. Llegado el momento, lo comprendió. Arturo Paniagua tuvo su particular momento eureka en pleno festival O Son Do Camiño hace un par de años. En el cartel, en días consecutivos, Melendi y La Oreja de Van Gogh. No le terminaba de encajar la mezcla de grupos modernos e históricos que encabezaban Greenday y J Balvin, para más remix temporal. ¿Es que alguien escucha ambas cosas? Pero en plena actuación de los donostiarras, todavía con Leire Martínez al frente y sin previsión de que dejara de ser así, sonó Rosas y el público explotó.. «Fue precioso. Había gente mayor y gente joven, padres e hijos entregadísimos en una especie de comunión intergeneracional», recuerda al teléfono. La siguiente noche, el público transversal repitió euforia con Melendi. Y entonces confirmó una sospecha que se venía gestando en su mente.. «Los festivales son los que mejor están explotando la nostalgia», analiza el periodista musical, que emprende cada lunes un viaje a los 90 y los 2000 en el morning showCuerpos especiales de Europa FM. Hasta ahí, todo en orden. Los millennials rememorando tiempos mejores dejaron de ser noticia hace tiempo. Lo curioso aquí es que esa nostalgia de la que habla Paniagua se ha filtrado hacia la generación posterior.. ¿Qué hacen los zetas viralizando canciones de Nena Daconte en TikTok o coreando, verso a verso, En un día de estos en que suelo pensar/ Hoy va ser el día menos pensado con Karol G y Amaia Montero sobre el escenario? ¿Por qué Judeline versiona La tortura de Shakira, o Lola Índigo se entrega al Corazón Partío de Alejandro Sanz? ¿Qué lleva a Melendi a estar «en conversaciones» con el rapero madrileño Al Safir, que tenía 10 años cuando España iba Caminando por la vida, como ha podido confirmar este periódico?. «Es todo una cuestión de emoción», alega Paniagua. ¿Será la nostalgia hereditaria?, nos preguntamos nosotros. Indaguemos.. «Melendi es el claro ejemplo del nuevo ídolo juvenil», confirma la agencia de management del asturiano. «Hemos visto a lo largo de los años cómo el público se ha ido transformando: sus seguidores han crecido con sus canciones y han sabido traspasarlo a la generación venidera. Nos encontramos con dos y tres generaciones de una misma familia en los conciertos y todos lo viven con la misma pasión».. Además de gestionar la carrera de Melendi, Riff Music representa a Manuel Carrasco, Malú o Joaquín Sabina y organiza las giras de La Oreja de Van Gogh y Dani Martín. Nadie mejor que ellos para ofrecer el retrato más fiel de la nostalgia compartida. Cuenta su director de comunicación, Armando Fernández, que cuando lanzaron la gira aniversario 20 años sin noticias fue cuando tomaron plena conciencia de lo que pasaba. «Lo denominamos efecto Melendi», recuerda, y reconoce que el mismo fenómeno lo encuentran entre el público de Manuel Carrasco. «En las próximas giras de ambos artistas, muy probablemente, habrá más público juvenil que veterano», avanza.. «Melendi, Estopa, El Canto del Loco, La Oreja de Van Gogh y, fuera del pop, exponentes rockeros como Fito y Fitipaldis, Extremoduro y Marea o artistas de pop flamenco como El Barrio o Fondo Flamenco», enumera Darío Manrique, editorial lead de España e Italia en Spotify, los nombres dosmileros más reclamados por los usuarios más jóvenes de su plataforma. La franja de edad mayoritaria del público de esos artistas es de 25 a 34 años (millennials tardíos o primeros Gen Z), pero algunos tienen un porcentaje considerable de público menor de 25 años.. «Encontramos dos y tres generaciones de una misma familia en los conciertos y todos lo viven con la misma pasión». Armando Fernández, dircom de la agencia de. management Riff. Veamos los datos agregados de algunas de estas estrellas, según la plataforma de análisis de la industria musical Chartmetric: un 33,8% de los oyentes de Melendi tiene entre 18 y 24 años (son, sobre todo, mujeres), La Oreja de Van Gogh alcanza un notable 57,8% de fans en la generación Z y Extremoduro, un nada desdeñable 25%: uno de cada cuatro oyentes de la banda de Robe Iniesta tiene menos de 25 años.. «Obviamente, hay diferentes niveles de apego nostálgico porque muchos se han mantenido activos y relevantes hasta el presente editando música nueva, pero incluso entre ellos, las más demandadas siguen siendo sus canciones antiguas», añade Manrique, y apoya su afirmación en los datos: «De entre las diez canciones más escuchadas de La Oreja de Van Gogh en el último año en Spotify, nueve pertenecen a la década de los 2000; ocho, en el caso de Estopa y otras ocho, en el de Fito y Fitipaldis».. «Hay diferentes niveles de apego nostálgico porque muchos artistas se han mantenido activos, pero incluso para ellos, las más populares son sus canciones antiguas». Darío Manrique,. editorial lead de España e Italia en Spotify. El algoritmo, dice Manrique, tiene poco o nada que ver con esta segunda juventud de la música de los 2000. «Primero llega la nostalgia y, después, las playlist que responden a esa demanda. Es algo orgánico que resulta muy difícil de prever». Sí se aventura, en cambio, a vaticinar el próximo gran vuelco generacional en base al carácter cíclico de la nostalgia: «La recuperación de la música de los 2010 será una realidad a principios de la próxima década para la generación Alfa». Calienta, Vetusta Morla, que sales.. A la espera de saber si la bola de cristal de Spotify está en lo cierto, vale la pena hacer un alto en el camino para preguntarnos por qué. ¿Qué tienen los temazos dosmileros que tanto gustan a quienes prácticamente ni habían nacido en los 2000? La respuesta, como para casi todo, la tiene la ciencia.. El equipo del Centro de Investigación de la Experiencia Subjetiva de la Universidad de Durham, en el noroeste de Inglaterra, se encontraba estudiando cómo funcionan los recuerdos vinculados a la música cuando dieron con un dato curioso. El experimento contó con casi 500 participantes entre 18 y 82 años. A cada uno se le mostraron los títulos y autores de 111 canciones sacadas de las listas de éxitos entre 1950 y 2015, y se le pidió que calificara el grado de recuerdos autobiográficos que evocaba dicha canción, además del grado de familiaridad y de afinidad que le generaba.. La mayoría colocó entre sus favoritos los temas que coparon las listas de éxitos en su adolescencia, en consistencia con lo que en Psicología se conoce con el término inglés reminiscence bump, que puede traducirse como pico de reminiscencia, el fenómeno por el cual tendemos a recordar con más claridad los eventos ocurridos durante nuestra adolescencia y primera edad adulta. Pero ah, los sujetos más jóvenes manifestaban un gusto especial por los temas que sonaban en la radio durante la adolescencia de sus padres. Maravillados, los investigadores bautizaron su hallazgo como cascading reminiscence bump. Habían demostrado que la nostalgia es hereditaria.. «Lo entendimos como una forma de herencia cultural», explica la profesora Kelly Jakubowski, autora principal del estudio, codirectora del centro de investigación y jefa de su Laboratorio de Psicología Musical. «Igual que transmitimos a nuestros descendientes enseres familiares y recetas, también podemos transmitir canciones favoritas y los recuerdos personales asociados a ellas de una generación a otra. La música es menos tangible que otras herencias, pero eso la convierte en un legado maravilloso: puedes perder un collar de tu abuela, pero el acceso prácticamente ilimitado que tenemos hoy a la música te permite encontrar y escuchar su canción favorita en cualquier momento».. «Es una forma de herencia cultural, una herramienta para compartir recuerdos». Kelly Jakubowski, investigadora en Psicología Musical. Sugiere la investigadora ir más allá de la mera canción en esta herencia sonora. «Son los recuerdos asociados a esos temas los que marcan la diferencia. La música es un estímulo tremendamente eficaz para evocar personas y periodos concretos de nuestras vidas. Cuando escuchas una canción que fue importante para tu padre en su juventud puede devolverte recuerdos de cuando eras niño y él la cantaba en la cocina mientras preparaba la cena», propone. «Además, la gente suele utilizar la música como una herramienta para compartir sus propios recuerdos con los miembros más jóvenes de su familia, y eso significa que es un vehículo perfecto para descubrir cómo eran nuestros abuelos o nuestros padres cuando sólo eran hijos o nietos».. «Me acuerdo de escuchar Corazón partío con mis padres. A mi madre le encanta Alejandro Sanz. Escuchábamos muchas veces este tema en el coche y me sabía la letra entera», reconocía Lola Índigo cuando eligió versionar el clásico de finales de los 90 para su Spotify Single la pasada primavera. Tenía cinco años cuando aquel tema sonaba en la radio, pero lo había hecho suyo. Ahí radica, para Arturo Paniagua, la clave musical detrás de la nostalgia hereditaria. No tanto en el qué sino en el cómo. «Los chavales descubren canciones que tienen una hechura, que cuentan cosas de una manera que ya no se encuentra hoy, cuando la música más escuchada aspira más al entretenimiento que a la conexión profunda», explica. «Para la gente más joven, descubrir música es un caos. Se publican 100.000 temas nuevos cada semana, y en medio de todo ese ruido, cuando encuentras una canción que conecta con el momento de la vida en el que estás, da igual quién la cante ni cuándo salió, esa canción es tuya y habla de ti».. «Si lo bajas mucho a tierra, todo habla de emociones, de cómo la música te habla y te hace sentir cosas», continúa, y su análisis se une a la nostalgia de la que hablamos al apostillar: «Estas canciones estaban hechas desde un lugar muy distinto a desde donde nacen el pop o la música urbana hoy».. «Si la nostalgia millennnial ha traído de vuelta a Oasis, qué no traerá la nostalgia hereditaria. Para Paniagua, la respuesta es… a Oasis. «Tiene mucho que ver con cómo se consume la música hoy en día. Si muestras cierta curiosidad por el rock, el algoritmo te acabará llevando a Extremoduro; si te gustan los ritmos más rumberos, llegarás a Melendi», arranca, y va más allá: «Pero también volverás a los 2000 a través de bandas más jóvenes: si llegas a Arde Bogotá irremediablemente volverás a Héroes del Silencio. Lo que vi en el concierto de Olivia Rodrigo fueron hordas de niñas adolescentes con sus madres disfrutando del mismo pop punk que hacía Avril Lavigne». ¿No ha vuelto Avril Lavigne? Pues eso.. «El pop de los 2000 tiene una aspiración emocional mayor a la de ahora, que apela al puro entretenimiento». Arturo Paniagua, periodista musical. El retorno de los hermanos Gallagher añade, para él, un «hito generacional» con un componente más tangible: «Mucha gente ha descubierto a esta banda sin tener la oportunidad de verlos en directo pero sí con una experiencia mucho más física. Si no has conocido los tiempos de los discos, los carteles, los clubes de fans, es muy emocionante y muy exótico».. Vista la oportunidad de convertir en ídolos juveniles a quienes ya lo fueron, el gran reto de la industria musical es ser capaz de capitalizarlo. «Nosotros trabajamos mucho en base al dato, claro, y según nuestros estudios la nostalgia goza de buena salud y se está contagiando de forma perdurable a las nuevas generaciones, en las que también opera el componente FOMO», asegura el director de comunicación de Riff, en referencia al miedo a perderse algo tan arraigado en la cultura digital, el famoso fear of missing out. «Hay que ir donde están los jóvenes, escucharlos y aprender de ellos. Mucho», añade.. La espontaneidad de las nuevas tendencias, surgidas muchas veces de la casualidad, hace imprevisible el nuevo éxito dosmilero que hará furor entre quienes prácticamente ni habían nacido entonces. Lo que sí está claro es que los carteles intergeneracionales en los festivales han llegado para quedarse. Melendi ha contagiado su efecto.
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