La poeta y traductora Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) participa junto a Carlos Aganzo, Luis Alberto de Cuenca y José María Muñoz Quirós en una charla sobre la obra de San Juan de la Cruz en el Hay Festival de Segovia (del 10 al 13 de septiembre).. Seguir leyendo
La poeta y traductora Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) participa junto a Carlos Aganzo, Luis Alberto de Cuenca y José María Muñoz Quirós en una charla sobre la obra de San Juan de la Cruz en el Hay Festival de Segovia (del 10 al 13 de septiembre). Seguir leyendo
La poeta y traductora Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) participa junto a Carlos Aganzo, Luis Alberto de Cuenca y José María Muñoz Quirós en una charla sobre la obra de San Juan de la Cruz en el Hay Festival de Segovia (del 10 al 13 de septiembre).. ¿Cómo se encontró con San Juan de la Cruz? Lo encontré en casa, siendo niña, a través de la voz de mi madre. Ella ama la poesía. Y recitaba en voz alta, como un conjuro doméstico, la quinta estrofa del Cántico espiritual: “Mil gracias derramando, / pasó por estos sotos con presura, / y yéndolos mirando, / con sola su figura / vestidos los dejó de su hermosura.” Antes de entender el misticismo, entendí la música: esos versos se me quedaron dentro como una melodía que solo mucho después descifré en su hondura teológica y amorosa.. ¿Qué lectura le resulta más sanadora? Sin duda, la poesía. Ninguna otra forma de escritura concentra tanta verdad en tan poco espacio ni posee esa capacidad evocadora que convierte el lenguaje en experiencia. Un solo poema puede sostenerme un día entero, como un ancla de sentido en medio del ruido.. ¿Dónde se cruzan y dónde se separan los oficios de poeta y traductora? Se cruzan en el impulso de cantar y se separan en el sujeto de este impulso. La poeta crea, la traductora recrea; la poeta bucea dentro de sí misma, mientras que la traductora bucea dentro de otro ser humano creador con el que se identifica tanto que acaba confundiendo un poco consigo misma. Es un ejercicio de perspectiva distinto, pero igualmente exigente.. ¿Qué libro la convirtió en lectora? No fue uno solo: me han ido convirtiendo en lectora todos los libros que he leído a lo largo de la vida, en un proceso acumulativo e imparable. Pero fueron los libros de la infancia los que crearon la adicción, ese primer enamoramiento de las palabras del que ya no se regresa jamás.. ¿Y en poeta? También fueron todos los poemas y todos los libros, sumados unos a otros como estratos. Tengo, eso sí, un primer recuerdo muy nítido: la absoluta conmoción que me produjo la primera lectura de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, allá por mis ocho o nueve años. Fue el instante en que comprendí que el lenguaje generaba otra dimensión de la realidad. Años después, publiqué un poema titulado ‘Bécquer y el rock and roll’ en Croniria, que ilustraba esta vivencia iniciática.. ¿Qué libro ajeno le habría gustado escribir? Muchísimos: cualquiera de los que, al cerrarlos, dejan la sensación de haber tocado una verdad que ya estaba en nosotros, esperando ser nombrada. Ese es, para mí, el triunfo mayor que existe en literatura.. ¿Algún clásico que no haya podido terminar? No, soy una lectora muy disciplinada y suelo terminar cada libro que comienzo, aunque, en algunos pocos casos, haya sido para tratar de entender por qué son considerados clásicos. Creo que algunas grandes obras literarias exigen una disposición vital y un tiempo que no siempre coinciden con la época en que se emprende su lectura, pero eso no habla tanto del libro como del momentum lector.. ¿Con qué tres adjetivos definiría un poema perfecto? Iluminador, irremplazable, infinito.. ¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Que la gente recuerde algún verso de mis poemas, lo recite de memoria o lo postee sin recordar ya quién lo escribió. Ese es el más alto destino de la poesía.. ¿Y la más extravagante? Con esa inteligencia, ¿cómo se te ocurre dedicarte a la poesía?. ¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado? La anomalía, de Hervé Le Tellier. Me fascinó cómo el autor combina el artificio narrativo —esa premisa sobre la duplicación de un avión y sus pasajeros— con una reflexión profundamente filosófica sobre la identidad, el azar y lo que nos hace ser quienes somos. Hay algo en su estructura coral, en la manera de entrelazar destinos tan distintos alrededor de un mismo enigma existencial, que me recordó por qué la buena literatura sigue siendo el territorio más fértil para pensar sobre la condición humana.. ¿El que tiene abierto ahora mismo en la mesilla de noche? El libro que tengo ahora mismo abierto en la mesilla de noche es The Map of Knowledge, de Violet Moller. Me acompaña porque traza, con una claridad deslumbrante, el viaje de las ideas a través de siete ciudades, mostrando cómo el conocimiento clásico se perdió, se ocultó y volvió a surgir en distintos momentos y culturas. Es una lectura que me resulta especialmente estimulante: en cada página asisto al esfuerzo secular de la humanidad por preservar la memoria de lo pensado. Ese mapa de ciudades e ideas dialoga de manera muy íntima con mi propio interés por la transmisión del saber y por la continuidad casi secreta entre los textos antiguos y los contemporáneos.. ¿Qué película ha visto más veces? Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore. Me conmueve profundamente esa historia de amor por el cine, por las raíces y por los afectos que nos construyen: la relación entre Totò y Alfredo, el descubrimiento de la sala como lugar de magia compartida y esa manera tan delicada de contar cómo la infancia se convierte en nostalgia sin perder del todo su luz. Cada visionado me devuelve no solo a la trama, sino a mi propia educación sentimental como espectadora y a la certeza de que las imágenes —como los poemas— pueden ser un refugio y una forma de resistencia frente al olvido.. ¿La última serie que vio de tirón? Ya me gustaría tener tiempo para ver series, ay…. Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería? Me identifico mucho con las Gymnopédies de Erik Satie. Adoro esa tenue simplicidad que esconde una arquitectura muy precisa, con su lentitud deliberada y esa melancolía luminosa que nunca cae en el drama, pero tampoco en la indiferencia. Son piezas que parecen suspender el tiempo, como si cada nota fuera una forma de respirar: esa mezcla de entusiasmo, introspección y extraña serenidad se parece, creo, a la manera en que entiendo la poesía y la vida.. ¿En qué museo se quedaría a vivir? Prácticamente en todos los que conozco, sobre todo aquellos en los que conviven el arte clásico y el contemporáneo, de manera que el diálogo entre épocas sea constante, como me gusta que ocurra en la literatura.. ¿Qué suceso histórico admira más? La invención de la escritura —aunque no es un momento, sino un largo proceso— cuando la humanidad logró fijar la voz en signos. Que los sonidos efímeros del lenguaje se convirtieran en trazos sobre arcilla, piedra o papel cambió para siempre nuestra relación con el tiempo: permitió que la memoria, el conocimiento y la imaginación atravesaran siglos y geografías, que dialogaran entre culturas alejadas y que un pensamiento individual pudiera convertirse en herencia común. Para alguien que vive en y desde la palabra, la aparición de la escritura es, más que un suceso histórico, el verdadero comienzo de nuestra conciencia compartida.. ¿Qué encargo no aceptaría jamás? No aceptaría nunca un encargo para escribir un artículo, un libro o un poema destinado a convencer de la irrelevancia de la poesía.. ¿Qué está socialmente sobrevalorado? El dinero. Y no lo digo desde una ingenuidad voluntarista, sino en el sentido de que es uno de esos frecuentes lapsus en que la humanidad confunde un medio con un fin. Esa confusión tiene además graves consecuencias vitales y ecológicas: degrada la calidad de nuestra existencia y acelera el deterioro del planeta, porque coloca el beneficio inmediato por encima de la responsabilidad con la vida compartida.. ¿A quién le daría el premio Cervantes? A todas las escritoras y escritores cuya obra explora con hondura el alma humana y el lenguaje como espacio de libertad y de verdad, sin ceder a las modas.. De no ser poeta le habría gustado ser… Imagino pocos destinos más satisfactorios que el de la poesía, pero me atrae profundamente la vida de los exploradores, los grandes aventureros, los descubridores: todos aquellos que han hecho de la aventura y la búsqueda de conocimiento su sentido vital. Toda forma de existencia dedicada a internarse en territorios desconocidos —geográficos, científicos o espirituales— y a ampliar los mapas de lo conocido me produce total admiración.
EL PAÍS
