La más grande, la serie documental dirigida por Alexis Morante para Movistar Plus, no pretende añadir un capítulo más a la interminable bibliografía sentimental de Rocío Jurado. Su ambición es otra: devolverle la palabra. En una época en la que prácticamente todo se ha contado sobre la cantante -y, sobre todo, se ha contado sin ella-, el documental propone un ejercicio poco habitual en la televisión contemporánea: construir un relato en primera persona de alguien que ya no está.
Movistar Plus ha estrenado La más grande, una radiografía de cuatro episodios dirigida por Alexis Morante que huye del chisme periférico y se apoya en una autobiografía inédita y en la «terapia de choque» de Rocío Carrasco
La más grande, la serie documental dirigida por Alexis Morante para Movistar Plus, no pretende añadir un capítulo más a la interminable bibliografía sentimental de Rocío Jurado. Su ambición es otra: devolverle la palabra. En una época en la que prácticamente todo se ha contado sobre la cantante -y, sobre todo, se ha contado sin ella-, el documental propone un ejercicio poco habitual en la televisión contemporánea: construir un relato en primera persona de alguien que ya no está.»No la cuenta nadie. La cuenta ella», resume Rocío Carrasco. La frase, pronunciada casi como una declaración de principios, explica mejor que cualquier nota de prensa cuál era el objetivo del proyecto.Durante décadas, Rocío Jurado ha sido un personaje público colonizado por las versiones ajenas. La artista. La esposa. La madre. La mujer enamorada. El icono popular. El fenómeno televisivo. La estrella internacional. Cada etapa de su vida ha sido reinterpretada, discutida y convertida en patrimonio colectivo hasta el punto de que, paradójicamente, la persona terminó desapareciendo detrás del personaje. La serie intenta invertir ese proceso.»Se sabía mucho del personaje, pero no se había tratado la dimensión que tiene la persona»Alexis Morante, director»No se conoce realmente», sostiene Alexis Morante. «Se sabía mucho del personaje, pero no se había tratado la dimensión que tiene la persona».No es una diferencia menor.Porque Morante -uno de los documentalistas españoles que mejor ha entendido cómo dialogar con el archivo audiovisual, como ya demostró en trabajos sobre Camarón, Bunbury o Alejandro Sanz- evita la tentación de construir un monumento. Lo que busca es una biografía cinematográfica donde las imágenes hablen tanto como las entrevistas y donde el tiempo no se ordene únicamente mediante fechas, sino mediante emociones.Para conseguirlo, el documental mezcla material de archivo, entrevistas olvidadas, animaciones, reconstrucciones visuales, narración en off e incluso una autobiografía audiovisual dispersa que Rocío Jurado fue dejando durante décadas en innumerables conversaciones televisivas.»No había una narrativa cinematográfica construida», explica el director. «Había que coger todas las piezas y hacer que ella misma contara su historia.»No era sencillo.Porque Rocío Jurado pertenece a esa generación de artistas cuya existencia quedó registrada hasta el exceso. Cantó, concedió entrevistas, protagonizó especiales de televisión, actuó dentro y fuera de España y convirtió cada aparición pública en un acontecimiento. El problema nunca fue la ausencia de imágenes. El problema era encontrar el relato.Durante años, el sobrenombre de «La más grande» ha terminado funcionando casi como una cárcel narrativa. Resulta difícil hablar de Rocío Jurado sin recurrir al mito. Pero el documental intenta desplazar el foco hacia una mujer que empezó a construir su carrera cuando España seguía viviendo bajo el franquismo y que
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