Ahora que la violencia no vino del lado de los amiguitos, solo ahora, parece que se hizo visible la indignación. El nombre de eso, camaradas, es indignación selectiva. Doble moral. Hipocresía Leer
Ahora que la violencia no vino del lado de los amiguitos, solo ahora, parece que se hizo visible la indignación. El nombre de eso, camaradas, es indignación selectiva. Doble moral. Hipocresía Leer
Maduro cayó. Esta vez no es IA, no es un bulo, está pasando. El mundo está trastornado con la noticia, una bomba de esas recién comenzando el año. Ocurre que, si muchos, ajenos al trending topic «Venezuela», están alterados apenas ahora, los venezolanos sufrimos de un aturdimiento crónico desde hace más de dos décadas. Tenemos escaras en la confianza, nos salieron callos en la esperanza. Es gravísimo lo que ocurrió y lo que pueda venir a ocurrir, pero no es más grave que lo que ha venido ocurriendo durante las últimas dos décadas en Venezuela. Es ese el punto que muchos no están logrando o no están queriendo ver.. Desperté a las 6 am con la noticia y, a eso de las 8 am, Brasil, donde vivo hace ya 13 años, comenzó a despertar y, en el pequeño muestreo que es mi Instagram, se desató una avalancha ciega de «apoyo y solidaridad con Venezuela». Yo quisiera, de verdad, ver esas reacciones y sentirme abrazada, contemplada, pero hablo en nombre de millones de venezolanos en la diáspora cuando digo que me siento avasalladoramente sola en lo que respecta a Venezuela. Qué tarde está llegando esa solidaridad, ¿no les parece?. Seamos claros: ese gesto que llega apenas este 3 de enero no es con el pueblo de Venezuela, sino con la idea romántica que muchos tienen de la revolución y que necesitan resguardar a todo costo. Lo que para los otros es un día más en la arena de las redes sociales, una causa más para postear y estar del lado correcto del story, para nosotros es nuestra historia.. Muchos de esos que hoy están indignados, nunca se han pronunciado contra los horrores de la dictadura, que algunos todavía tienen pudor de llamar por su nombre. Los ocho millones que dejaron el país; los miles de secuestrados, torturados y presos políticos sin derecho al debido proceso; la eliminación sistemática de los medios de comunicación; la asfixia de los partidos políticos y ONGs; la persecución y opresión diarias; el robo de las elecciones y un largo etcétera de atrocidades nunca merecieron esa solidaridad que hoy inunda mi feed. Ideas como «soberanía» y «derecho a la libre determinación de los pueblos» parecían no existir en el vocabulario de 2024, cuando el mundo entero vio cometerse un fraude electoral que la dictadura no se dio al trabajo de esconder. Ahora que la violencia no vino del lado de los amiguitos, solo ahora, parece que se hizo visible. El nombre de eso, camaradas, es indignación selectiva. Doble moral. Hipocresía.. Lula dice que los bombardeos en Venezuela y la captura de Maduro cruzaron una línea inaceptable. Yo me pregunto cuántas líneas inaceptables fueron aceptadas antes. Filósofos, políticos, escritores y periodistas que admiro de otros lugares no tuvieron ni siquiera la delicadeza de dejar que el foco fueran Venezuela y sus dolores. Demostraron sin pestañear que lo que les importa es su miedo egoísta y teórico -bien fundamentado, pero teórico al fin-, de que su país pueda ser la próxima víctima de la Doctrina Monroe reloaded. El sufrimiento venezolano, ese que no es teórico, no logró ser protagonista pleno ni siquiera ahora.. De uno de esos intelectuales leí que, en un panorama de ofensiva gringa como este, «que Maduro sea o no un dictador, ahora no hace la menor diferencia». Querido, tú, acostumbrado como estás a ejercer la crítica sin medias palabras, en la Venezuela de Maduro, ya estarías preso y tu familia estaría dividida entre la felicidad de que tal vez ahora te liberen y el terror de que el madurismo pueda asesinarte antes. Alguna diferencia hará.. Con los acontecimientos aún en desarrollo y millones de preguntas y miedos, tenemos, por lo pronto, la certeza de algunas fantasías derrumbadas: la del chavismo-madurismo y su supuesto apoyo popular, unidad interna y capacidad de resistencia; y la de María Corina, que fue a llorarle ayuda a su rey anaranjado y terminó apartada en la negociación, por lo menos por ahora. El discurso de Trump, en su ya conocida actitud de presidente del mundo, fue asqueroso. Nunca esperé que fuera diferente. Yo caí víctima de otras fantasías, pero no de esa, por lo menos. Lula dice que los bombardeos en Venezuela y la captura de Maduro cruzaron una línea inaceptable. Yo me pregunto cuántas líneas inaceptables fueron aceptadas antes, por él y por tantos -yo incluida- para que hoy tengamos este panorama agónico.. «Los problemas de los venezolanos deben ser resueltos por venezolanos», dicen los expertos, allegados a pleonasmos. Me van a disculpar, pero ustedes, o están muy desinformados, o se hacen los tontos, o están actuando de mala fe. Antes de llegar a este punto, los venezolanos intentamos de todo, pero parece que no dio mucho rating. Salir a la calle a protestar nos dejó cientos y cientos de muertos cada vez. Las mesas de diálogo y negociación fueron maniobras del Gobierno para ganar tiempo, sino pregúntenle a Noruega cómo le fue. Las sanciones, como bien lo ha probado la historia, son hambre para el pueblo y cosquillas para el Gobierno. La vía electoral es un chiste. El apoyo internacional brilló por su ausencia. Nadamos en un mar de reportes de organizaciones internacionales sobre las violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, papeles que solo servirán como acervo de nuestra deriva. Lo intentamos todo y nos dejaron solos.. La celebración en Venezuela no es por las bombas o una invasión militar gringa. Ni siquiera sobre una transición tutelada. Nadie quería que ocurriera así, solo queríamos que ocurriera. Para alguien que, como yo, se considera progresista y demócrata, es una tragedia que haya sido vía Donald Trump, el peor sujeto, de la peor manera. Toda su gesta salvadora gira en torno a nuestro petróleo y otros recursos naturales, lo sabemos, siempre lo supimos. Quienes crean que esto es novedad para nosotros, un país cuya historia moderna es la de la maldición del oro negro, una nación cuya economía y bienestar social dependen directamente del precio del petróleo, están hablando desde la arrogancia, una vez más. Que se entienda: lo sabemos y, aun así, sentimos alivio al ver a Maduro preso. Eso les debería dar una idea de la dimensión del sufrimiento que el pueblo venezolano ha soportado.. La novelista y guionista venezolana María Elena Morán, exiliada en Brasil, ganó el Premio Café Gijón en 2022 por Volver a cuándo (Ediciones Siruela).
Literatura // elmundo
