La escritora, presentadora y periodista Sonsoles Ónega comenzó a escribir cuando tenía 14 años. No escribía en un diario, sino que todo lo que escribía lo publicaba. Años se pasó participando en decenas de concursos de distintas provincias. Lo hacía porque ella siempre quiso (y sigue queriendo) compartir lo que escribía. Ya desde entonces, a Sonsoles Ónega le gusta que sus libros tengan un principio y un final. Tal vez, dice, le viene por «deformación periodística». Casi todos sus libros, a excepción de su última novela, Llevará tu nombre, terminan. Punto final. Sin embargo, Las hijas de la criada, el libro con el que se alzó con el Premio Planeta 2023, no va a terminar. Atresmedia y Buendía Estudios Canarias le han dado una segunda vida, la serie, que se estrena este domingo en atresplayer, con la que doña Inés, Catalina, Clara, Renata y la Galicia de 1900 cobran vida.. Seguir leyendo
Sonsoles Ónega no escribió Las hijas de la criada -Premio Planeta 2023- pensando que su libro iba a terminar siendo uno de los grandes estrenos de Atresmedia de 2025. Dice la periodista y presentadora que ha sido «un aprendizaje» poder ver cómo sus mujeres, las protagonistas de su obra, han tomado vida
La escritora, presentadora y periodista Sonsoles Ónega comenzó a escribir cuando tenía 14 años. No escribía en un diario, sino que todo lo que escribía lo publicaba. Años se pasó participando en decenas de concursos de distintas provincias. Lo hacía porque ella siempre quiso (y sigue queriendo) compartir lo que escribía. Ya desde entonces, a Sonsoles Ónega le gusta que sus libros tengan un principio y un final. Tal vez, dice, le viene por «deformación periodística». Casi todos sus libros, a excepción de su última novela, Llevará tu nombre, terminan. Punto final. Sin embargo, Las hijas de la criada, el libro con el que se alzó con el Premio Planeta 2023, no va a terminar. Atresmedia y Buendía Estudios Canarias le han dado una segunda vida, la serie, que se estrena este domingo en atresplayer, con la que doña Inés, Catalina, Clara, Renata y la Galicia de 1900 cobran vida.. Siempre que la presentadora y periodista —antes lo hacía de noche, ahora no tiene fuerzas— escribe un libro no piensa en que su obra pueda llegar a ser adaptada a lo audiovisual. Con Las hijas de la criada le ocurrió y por eso se sorprendió cuando le comunicaron que el final del libro aún no se había escrito. Nos cuenta, para explicar ese «yo escribo sin ver», que le encanta acudir al club de lectura de la ONCE porque las personas invidentes que leen sus libros siempre le dicen que con sus libros no hace falta tener imágenes de lo que se está leyendo. Doble reto para Sonia Martínez, productora ejecutiva de la serie, y para Menna Fité y Alejo Flah, sus directores. «Me pasaron como muchas cosas leyéndolo, y una vez ya supe que estaba dentro de la serie, me llevó a un viaje increíble», asegura Carlota Baró, la actriz que da vida a Renata, la criada de Las hijas de la criada.. De hecho, Sonsoles Ónega es una escritora un poco fuera de lo común. Lo habitual, cuando la obra de algún escritor se adapta a la pequeña o gran pantalla, es que se involucre en el proyecto por aquello de la desconfianza, de si sabrán contar lo que se cuenta en las novelas, de si los personajes estarán bien elegidos o si de los guiones saldrá alguna burrada. Pues la presentadora, no. Se involucró lo justo y necesario, consciente de sus conocimientos en la industria audiovisual. Sí, se leyó de arriba a abajo todos los guiones y habló con las guionistas —más bien mantuvieron un cinefórum—. Ni más ni menos. Ni siquiera ha terminado de ver la serie.. De lo que ha visto y ha leído, la periodista y escritora tiene una cosa clara: «El espectador se va a encontrar con una cosa completamente distinta». Es decir, a excepción del primer capítulo, que «es muy fiel», a partir del segundo lo audiovisual se impone a lo literario porque, y lo explica sin pudor ninguno, pues Ónega sabe muy bien qué y cómo escribe, «porque mis personajes son muy líricos: se desmayan, sufren tremendas calamidades emocionales, pierden el apetito… Y eso de audiovisual tiene muy poco». Pone como ejemplo cómo escribe las escenas sexuales en Las hijas de la criada y cómo las va a ver el espectador en la serie. En el libro el affaire del señor con la guardesa Renata es una noche a la que la mala suerte dejó plantada la semilla; en la serie es lujuria, pasión, obsesión, sudor, faldas remangadas, paredes, libros cayendo…. «Yo no sabría escribir con esa desnudez que da lo audiovisual (…) Me di cuenta de que mi participación iba a ser la de observadora». Sonsoles Ónega, escritora. «Yo no sabría escribir con esa desnudez que da lo audiovisual. O sea, lo que he entendido es que los lenguajes son distintos y que necesariamente tienen que ser distintos», afirma la escritora, la cual confiesa que cuando le comunicaron que iban a hacer la serie dudó. La desconfianza del escritor, decíamos antes, pero en este caso es la desconfianza de Sonsoles Ónega. «Soy desconfiada por naturaleza, pero ahora se ha desarrollado un monstruo que habita en mis arterias», dice entre risas. Un monstruo que desapareció cuando fue consciente —no tardó mucho— de que esto iba en serio y «que mi participación iba a ser la de observadora».. La ficción, para quien no se haya leído el libro, ha sido grabada en localizaciones de Galicia, Madrid y Canarias. Es un drama ambientado a principios del siglo XX, un retrato de la época a través de la saga familiar de los Valdés. Se sitúa en un pazo gallego y en una Cuba de pasado colonial, y aborda temas como los amores prohibidos, traiciones, la lucha de clases, envidias, rencores y secretos. Recuerda a cuando Víctor Hugo empezó a publicar Los Miserables por capítulos en un diario francés, hasta que después se convirtió en una de las obras literarias más grandes de la historia. Un folletín en la superficie, que oculta, sin escarbar demasiado, realidades y emociones que aún hoy en día tenemos todas las mujeres.. Para entender esas realidades y emociones que Sonsoles Ónega dibuja en unos personajes tan complicados como excepcionales hay que saber de qué va Las hijas de la criada. Sitúese en la Galicia de 1900. En el pazo de Espíritu Santo. La misma noche llegan al mundo dos niñas, Clara y Catalina. La primera pertenece a la criada, Renata, mientras que la segunda es hija de los Valdés, don Gustavo y doña Inés. Una venganza inesperada, el odio y la supervivencia sacudirán la vida de esas niñas y de todos ellos, y harán que doña Inés tenga que sobrevivir al desamor y al dolor del abandono. Y también a las luchas de poder para convertir a su verdadera hija en la heredera de un imperio, en una época en la que a las mujeres no se les permitía ser dueñas de sus vidas.. Carlota Baró (Renata) y Alain Hernández (Gustavo) en una escena de Las hijas de la criada.. Verónica Sánchez es doña Inés, una mujer que, en palabras de la actriz, es «muy fuerte, muy moderna, cero conformista». Lo que más le gustó de interpretar a doña Inés es, además de «sus contradicciones», que «tiene una gran conciencia social y es una mujer que lucha por las mujeres, por los derechos de las mujeres de su pueblo». Sánchez, acostumbrada a interpretar a mujeres valientes e inconformistas, asegura que quiere pensar que a doña Inés le mueve «el amor» y no la venganza, que «no es un sentimiento muy noble».. Su alter ego en la serie, al igual que en el libro, es Renata, la guardesa. Interpretada por Carlota Baró, se trata de un papel tan complicado como el personaje al que da vida Sonsoles Ónega en el libro. Aun siendo Sánchez y Baró las actrices que dan vida a dos personajes en las antípodas, Baró también cree que lo que mueve a Renata es «el amor», pese a lo que llega a hacer por ese amor.. «El motor de la ficción es el amor», dice Baró. «Porque el amor en sus dificultades, en sus negativas, en todas sus versiones, creo que al final es el que hace que pasen cosas y surjan otras emociones, como venganzas, rencores, pero nacen desde el amor. Si hay algo bonito en toda esta historia es que lo que viven los personajes o les pasa a los personajes es real (…) Es esa llama que mantiene a los personajes latiendo todo el rato, o sea, el amor hacia tus hijos, el amor hacia tu pareja, el amor hacia tus hermanos, el amor en diferentes formas. Pero, al fin y al cabo, el amor», asegura.. Explica Sonsoles Ónega que siempre ha pensado «que todos los cambios empiezan por un metro cuadrado y empiezan en los hogares, en tu casa, con el tipo con el que te acuestas y te levantas cada día, o con los hijos que has parido». Es esto lo que uno encuentra en Las hijas de la criada, que da a la novela y la serie un valor que va más allá de un relato. «Estoy segura de que doña Inés podría haber intentado llegar a ser presidenta del Gobierno, pero ¿lo habría conseguido? No. En cambio, sí que modificó una fábrica, la forma en la que se trataba a las mujeres de la época, la forma de trabajar», asegura.. «Al final, debajo de todo, de esa punta del iceberg, están mujeres tratando de cambiar las cosas, o, al menos, no se quieren ir de este mundo sin intentarlo». Carlota Baró, actriz. «Son dos mujeres, cada una tratando de rebelarse contra unos tiempos muy difíciles para las mujeres en general, socialmente muy convulsos, políticamente muy difíciles también», añade Baró sobre la situación de doña Inés, de Renata y de todos los personajes femeninos de Las hijas de la criada. «Son dos mujeres intentando cambiar un poco el mundo o al menos las circunstancias de ese mundo tan injusto».. «Es una novela y es una serie que habla de las mujeres en general», continúa la actriz, especificando que es «de mujeres tratando de sobrevivir constantemente». Las dos actrices no querían que sus personajes y su interpretación se quedasen en que hay un hombre que les ha amargado la vida. Ese es «el detonante», un hombre que les quiebra la vida en dos. «Al final es un hombre que no se puede hacer cargo ni de una ni de otra», dice Baró. «Las acciones de ese hombre las modifican, las llenan de rabia, de rencor, de venganza, de amor, de pasión, de muchas cosas. Pero creo que eso es como la punta del iceberg. Creo que al final, debajo de todo, de esa punta, están mujeres tratando de cambiar las cosas, o al menos no se quieren ir de este mundo sin intentarlo».. Que Clara conduzca, que doña Inés gobierne su casa y su fábrica sin un marido al lado, que se haga respetar en un mundo de hombres, que sufra el dolor del abandono, de la falta del cariño de los suyos, que se reponga, «son los pequeños gestos con los que se avanza, aunque lento, pero se avanza». Porque Sonsoles Ónega, y así se lee en el libro y se ve en la serie, está convencida de que el cambio «tiene que ir de dentro a fuera».. Y vuelve al presente: «No es un problema de las leyes, porque tenemos leyes, pero nos siguen matando. ¿Por qué nos siguen matando o cuántas tías renuncian a su carrera profesional o cuántos inputs siguen existiendo? Si tú no cambias lo de tu casa, de nada sirve lo demás». Doña Inés, Clara, incluso los personajes de peor condición social —las criadas, Renata, Isabel, las conserveras— empiezan cambiando lo que hay en «un metro cuadrado» para luego cambiar lo demás. Tal vez sea por esto que Las hijas de la criada, un libro (ahora también serie) «muy reivindicativo y muy peleón», comienza a construir «un universo alternativo a mi vida».. Confiesa Sonsoles Ónega que es un universo «al que invito a todos a participar» sin exigencias ni obligaciones. «Yo tengo este universo, pero a lo mejor tú recibes la novela de otra manera, pero podemos todos habitar ahí, y si es un universo de mujeres que pueden inspirar o que yo busco que inspiren, mejor». El universo de Las hijas de la criada ha comenzado…
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