Poco después de su fallecimiento por muerte súbita en 2024 se encontró en el ordenador de la artista y escritora una novela lista para su publicación. Publicamos las primeras páginas de ‘Anuncios’, la historia de un músico solitario observado por una espectadora muda Leer
Poco después de su fallecimiento por muerte súbita en 2024 se encontró en el ordenador de la artista y escritora una novela lista para su publicación. Publicamos las primeras páginas de ‘Anuncios’, la historia de un músico solitario observado por una espectadora muda Leer
Anuncios es una novela en la que ficción y performance se encuentran, chocan, se confunden. En sus páginas, un personaje es observado por una narradora que se declara desde el principio como la autora del libro. Él habla con ella, para ella, pero ella permanece en un silencio sostenido a lo largo de todo el relato, manteniéndose en un estar ausente y limitándose a presenciar los hechos sin intervenir, sin responder.. A través de su mirada muda, entre robótica y forense, se conocen las circunstancias de Don, el protagonista, que no es ni un Don Quijote, ni un Don Giovanni, ni un Don Trump, sino un don nadie que es progresivamente expulsado no sólo de la ciudad de Nueva York en la que vive, sino de un siglo XXI en el que se encuentra perdido y al que no pertenece. Sus dos cuerpos conviven, se tocan, comparten espacio y tiempo, pero las palabras van en una sola dirección.. Como si el monólogo de él, sólo interrumpido por las voces de otros, fuera una larga nota de voz grabada con el teléfono de ella, o registrado por una cámara de vigilancia puesto en su frente. Él dice y hace, ella escucha y ve, en una división de roles entre emisor y receptora, actor y espectadora, en un juego de espejos y reflejos con escenas secundarias que generan una polifonía incierta. Un método secretamente impuesto por ella, en el que todo consiste en participar sin hablar, donde se combina lo fantasmagórico con lo carnal, la figura del testimonio y la persistencia del stalker.. El título Anuncios se refiere al telón de fondo, a un paisaje inevitable donde los productos habitan escenarios, donde los algoritmos delimitan el horizonte de los individuos, ofreciendo servicios, marcas, ideales y referencias, pilotando la realidad. Este texto también podría titularse Masaje o Concierto para nadie en dos o tres actos y dos o tres intermedios. Una historia que se abre y se cierra con un masaje. El retrato de un músico que actúa en su apartamento para alguien que no interactúa y retransmite el show.. Primero un calentamiento, así, para que el cuerpo se acostumbre a las manos. El cuerpo dice hola, vale, continúa. Entonces lo empiezo a hacer más fuerte. Siempre improviso. ¿Por qué? Porque sí. Es como la música, cuando improvisas. No sabes a dónde vas. Me gusta no saber a dónde voy. Presionas aquí, vas por ahí, mueves los dedos así. ¿Por qué? Porque es bueno. Aquí están las cervicales. Esto es muy bueno. Tú también estás muy buena. Si no te gusta la persona, entonces es un problema. Pero si no te gusta la persona, no lo haces y se acabó el problema.. ¡En cambio! Si te gusta la persona, lo haces muy bien. Así, como yo. Haces un poco por aquí, por la espina dorsal, porque está conectada con todo. El punto principal está justo aquí. Ahora vas alrededor. ¡Expansión! Y lo repites al revés pero haciendo lo mismo. Esto es para el éxito. Para el éxito en la vida.. Don se ríe, se atraganta y tose.. -Entonces cambias. Pruebas un nuevo estilo. Una técnica diferente. Coges un trozo de carne de aquí y lo transfieres hasta allá. Bien. Esto va muy bien. Ahora haces círculos. Después haces círculos más grandes. Más círculos. Esto significa que vives y no sabes para qué. Entonces vas despacio. Muy despacio. Staccato. Uno, dos, tres. Aprietas mucho.. Sus manos se quedan quietas.. -Esperas. Un poco más. Más. Más pausa. ¡Más! Bien. Ahora haces una composición. Empiezas con un buen tempo. Ligero. Así. Escuchas un momento lo que dice esta zona y contestas. Das unos golpes. No importa si duele. ¡Percusión! Ahora paras, en seco, y vuelves a empezar desde cero. Sí. Para que funcione, hay que hacerlo otra vez. Entero. Con más intención y sin pensar en las notas. Si estuvieras desnuda sería mejor. ¿Por qué? Porque yo estaría más inspirado. Pero también me gusta así. La próxima vez. Sí. La próxima vez te desnudarás. Ahora vas hacia los pies. Sin perder el ritmo. Bajas. Es bueno bajar. Las células de tu cuerpo van más rápido ahora ¡Continuación! Entonces vuelves. Todo recto, hacia arriba, por las piernas. Haces así, subes lentamente y, por fin, llegas al culo. ¿De dónde lo has sacado? No, lo digo en serio. ¡Responde! Haces un acento en esta nota. ¿En cuál? ¡En las dos! Ta-ta. Bien. ¡Contrapunto! Muy bien. Pero desnuda. Sí, la próxima vez.. Se desliza por el suelo para alcanzar una botella de vino blanco, haciendo crujir los gruesos tablones de madera del parqué.. -Ahora es un buen momento para el intermedio. Señoras y señores, nosotros volvemos dentro de un rato pero ustedes pueden irse. ¡Váyanse! Y no hace falta que regresen. Adiós. No tengo papel. ¿Me das uno de tus Marlboros? Gracias.. Se frota la cabeza.. -¿Te gusta mi sombrero? Es el Stetson gris claro de Darrell Winfield, un cowboy famoso. El Marlboro Man. Pero ahora yo soy el Marlboro Man. A él lo descubrieron en un rancho de Wyoming. A mí me descubrieron por las calles de Nueva York. ¿Quieres saber más cosas sobre su vida? Yo no sé nada más sobre su vida. ¿Y quieres saber más cosas sobre la mía? Tampoco sé nada. Soy el nuevo Marlboro Man, eso es lo único que sé.. Enciende el cigarrillo mientras contempla el techo en pendiente de su pequeño apartamento. Google Maps sitúa el barrio de Brooklyn Heights exactamente en este edificio. Él vive en el último piso, en un espacio cuyo perímetro es del tamaño de una cama king y en el que no se puede estar de pie salvo en el marco de la puerta. A medida que se recorren los once pies de longitud de la buhardilla, el techo baja hasta juntarse con el suelo. Al entrar, hay que agacharse, luego, ponerse a gatas y, por último, estirarse.. -Me gusta este vino.. Hay muy pocos muebles. Un viejo escritorio de madera en el que se mezclan las páginas del borrador de una nueva partitura en la que lleva trabajando unos meses con una colección de cedés ordenados según un criterio indescifrable. Al lado, una rosa blanca de tela, oscurecida por el polvo, un paquete de cereales caducado, algún plato, tenedores, cucharas y un cuchillo. Debajo, en los cajones, está la poca ropa con la que Don se viste. En la esquina suele estar la silla, la única de la casa, pegada a un radiador de hierro antiguo. Todo lo demás está repartido por el suelo. Un ventilador de plástico, una nevera minibar, una cocina eléctrica portátil de una sola placa con los bordes oxidados, una radio casi siempre encendida, sintonizada en la misma emisora, un flexo y las diferentes partes de su batería. Una veintena de baquetas, un set de platillos de bronce, cinco o seis escobillas y el bombo, que se utiliza como mesa de comedor. El cenicero está encima de un bote de pintura vacío para paredes que sirve de mesa auxiliar. Don apaga el cigarrillo.. -¿Quieres un poco más?. En el centro está el delgado colchón de espuma sobre el que ha tenido lugar el masaje, cubierto por dos viejas mantas. La más gruesa es de lana, de color rojo y hecha en Perú. La otra es sintética, de tonos verdosos, con el estampado de un bonsái flotando en un cielo lleno de nubes idénticas, hecha en Taiwán. El colchón es un sofá cuando está doblado, quedando la mitad en el suelo y la otra mitad apoyada en la pared, de respaldo. Cuando está extendido, como ahora, ocupa todo el ancho de la casa y se convierte en una cama de matrimonio. En el techo en pendiente hay imágenes pegadas con celo, chinchetas o clavos. El recorte de una revista donde aparece una pantera negra en un bosque mirando a cámara, un póster de Jimi Hendrix firmado e impreso en Inglaterra, una foto de Don con una boina roja dirigiendo una orquesta en un tejado y un retrato de su padre, fallecido hace años, sonriendo.. Falta la segunda mitad. Señoras y señores, esto se titula «masaje inacabado». Gracias.. La única ventana, que se abre y se cierra con una manivela del siglo xix, también está en el techo, entre la pantera negra y Jimi Hendrix. El baño está fuera del apartamento, en el pasillo, y lo comparte con Donato, el otro inquilino del séptimo piso, un joven pintor italiano al que también llaman Don.. -Señoras y señores, gracias por no venir.. Don hace una reverencia y cae de rodillas encima del colchón de espuma.. -Hoy he estado en el Antiguo Egipto. He viajado en el tiempo. Yo era un esclavo. ¿Y dónde estaba el faraón del imperio? No lo sé. Escondido. Por la tarde, las pirámides estaban iluminadas con luces de colores y el Nilo estaba lleno de cruceros. Barcos de todos los tamaños.. Habla con una botella de vino tinto pegada a la boca, como si fuera un micrófono.. -Hola, hola. Egipto. El viento desplazaba la arena dorada del desierto, perfilando ondas sobre las dunas, acariciando las patas de un camello. El animal contemplaba el horizonte. Sí, sí. Pero hagas lo que hagas, no importa. Eres un esclavo. En efecto, señoras y señores. Yo soy un esclavo, uno más. ¿Y vosotros? ¡También! Y la esfinge me mira todo el rato, como tú. Me controla.. Arquea el cuerpo hacia atrás y bebe de la botella. Dos delgados chorros de color granate recorren sus mejillas y su cuello, manchando su camiseta.. -¡A sus órdenes! Haré lo que me digan. Sí, de acuerdo.. Suspira con una mueca forzada.. -¿Ya lo sé. Hay que mantener una actitud positiva. Sí. Pero no es fácil.. El apartamento huele a sopa de lentejas, un plato que suele preparar y que lleva tres horas cocinándose en la pequeña placa eléctrica.. -Señoras y señores, no se preocupen. No se depriman. El día de hoy está a punto de terminar. Aguanten un poco más. Dentro de un rato, este terrible día habrá pasado. Y entonces ya está. Adiós Blue Monday. ¡Resistan!. Corta un trozo de papel higiénico.. -Vamos a convertir el peor día del año en la mejor noche. Hoy sorteamos este váucher para un hotel. No es un hotel cualquiera, es un hotel cinco estrellas. Para dos personas. Los ganadores podemos ser tú y yo. Y pasar una noche romántica juntos.. Arruga el trozo de papel, lo deja en el suelo y teclea algo en la tablet.. -¿Tú sabes quién es? Yo no lo sabía. Silencio, por favor. ¡Silencio!. Sube el volumen de la radio y desliza sus pulgares sobre la pantalla, repitiendo el movimiento con insistencia, tratando de ampliar una imagen. Tiene las manos aceitosas. La tablet no responde. Se limpia con la manta de lana y vuelve a intentarlo.. -Es el filósofo muerto. Bueno, todos están muertos. Quiero decir el que murió ayer. No, no murió de viejo. Se mató. Llevan un rato hablando de él en la radio.. Acerca la tablet a su cara y sube ligeramente el mentón, como mirándose al espejo.. Dicen que tenía un blog. Hablaba de música. Y, de repente, se hizo muy famoso. ¿Crees que me parezco a él? ¿Sí? ¿No? Pues yo creo que sí. Hay algo en el peinado. Pero yo todavía no soy famoso.. Se queda callado mirando la cara ampliada de Mark Fisher.. -Yo conozco a muchos muertos. Unos cincuenta. Tengo cincuenta años y conozco a cincuenta muertos. Cuando tenga setenta conoceré a setenta muertos, o a más.. Pone la tablet encima del colchón.. -No, a más. A muchos más. Cuando tenía treinta años no conocía a treinta muertos. Como mucho a una decena. ¿Y tú? ¿A cuántos muertos conoces? Esto se acelera.. Hace una pausa.. -Habría que encontrar la fórmula. La ecuación. Me gustan las matemáticas. ¿Cómo se llama? Lo que aumenta cada vez más rápido.. Cierra los ojos.. -Exponencial. Pero no. En realidad no es un crecimiento. Es lo contrario.. Levanta el brazo y dibuja una curva en el aire.. -Cada vez más rápido pero al revés. En bajada. Bueno, no. Tampoco es exactamente eso. Espera. A estas lentejas les falta muy poco. Tres minutos más.. Vuelve a mirar la foto en la tablet, con una expresión cada vez más seria.. -En realidad no importa. Ese filósofo está muerto y se parece a mí. Su pelo.. Enciende un cigarrillo y sube el volumen de la radio. El humo del tabaco se mezcla con el vapor espeso de las lentejas.. -Ok, sí. Estamos escuchando WKCR. Ya lo sabemos. Sí, 89.9 FM. No hace falta que nos lo repitas cada día.. Agita la radio como si fuera una coctelera.. -Por favor, dinos algo que no sepamos.. Añade susurrándole al altavoz.. -Por favor.. Deja la radio en el suelo y abre la ventana del techo. Don está sentado en la barra de un bar mirando su teléfono. La pantalla azulada le ilumina la cara.. -Son catorce dólares, man.. Dice el barman mientras rellena dos vasos, uno pequeño y uno grande, uno de bourbon y otro de cerveza. Don saca veinte dólares de su bolsillo sin apartar la mirada del dispositivo.. -Gracias, man.. El barman coge el billete y se aleja hacia la caja. Don lleva toda la noche en la misma posición, sosteniendo el teléfono, observándolo fijamente. Con una frecuencia regular, toca la imagen con el dedo índice para evitar que se atenúe y termine por apagarse. Es su cuarta ronda de bourbon y cerveza. Se abre la puerta y un soplo de aire enfría el local. Entra un grupo de cinco jóvenes ejecutivos. Hablan entre ellos gritando y se ríen sincronizados, unidos en una fuerza demostrativa, hacia afuera. Dejan los abrigos en el colgador de la entrada y se acercan a la barra, formando un estrecho círculo al lado de Don. Él continúa inmóvil, sin apartar la vista de su rectángulo de luz. A pesar del fuerte resplandor en su cara, parecen no verle. El barman sirve cinco vasos de cerveza que desbordan espuma.. -¡Aquí estamos! ¡Ahoo!. Exclaman con rabia, chocando los vasos en el aire, salpicando sus pantalones y sus camisas blancas. Don sigue sin inmutarse.. -¡Aahoooo, aaahoooooooo, aaahoooooooooooooo!. Los cinco aúllan en coro. Las voces de euforia se elevan por encima de la música y de los ruidos del bar, confundiéndose con gritos de dolor. Empiezan a saltar con los brazos levantados, desprendiendo un olor a desodorantes de distintas marcas mezclados con sudor. Sus movimientos bruscos contrastan con Don, que continúa estático.. -¡Aaaahooooooooooooooooooooooooooooooo!. Los ejecutivos aplauden con energía. Don levanta la mirada.. -¡Hemos venido para quedarnos!. Se ponen a saltar de nuevo, celebrándose a sí mismos. Don guarda el móvil en el bolsillo. Al desaparecer el brillo intenso de la pantalla, el bar recupera su oscuridad.. -Hasta mañana, man.. (LauÑa Rota). En librerías el 13 de abril.
Literatura // elmundo
