La escritora española, descrita como la mejor poeta de su generación, construye en ‘Joi’ una primera novela que habla de la noche, la enfermedad, la diferencia y, sobre todo, la importancia de lo que no existe Leer
La escritora española, descrita como la mejor poeta de su generación, construye en ‘Joi’ una primera novela que habla de la noche, la enfermedad, la diferencia y, sobre todo, la importancia de lo que no existe Leer
Pocas veces me ha ocurrido eso que, no sé con cuánta credibilidad, cuentan muchos lectores, y que consiste en que «deseaba que ese libro no se acabara nunca, estaba encandilado y no quería que terminase»… Debo de ser un lector impaciente, o acaso es que siempre ha habido muchos libros esperando, pero yo suelo leer no deprisa, pero sí un poco urgido, mirando de reojo a lo siguiente.. La uÑa RoTa. 300 páginas. 19 €. Con Ángela Segovia no me pasa. Sus libros sí que tienen ese poder de mecerme de forma indefinida, y suelo esperar a momentos adecuados para leerla porque sé que sus poemas, sus narraciones, sus híbridos… van a conseguir eso, que no quiera salir de ahí, y no precisamente porque sean mundos felices, pero sí son mágicos, y además muy detallistas en su magia.. No me gusta mucho que se esté diciendo que Joi es su primera novela, porque lo que sí me gustó mucho fue Las vitalidades, un libro que supongo que ahora consideran una nouvelle, un cuento largo, un primer experimento con la narrativa. Ángela Segovia (Las Navas del Marqués, Ávila, 1987) es la mejor poeta española de su tiempo (y, para decirlo con mayor exactitud, la persona que ha escrito los mejores poemas de su generación, la que ha fundado un mundo más seguro y más legítimo) y, aunque ya había relatos en sus poemas, allá pudimos encontrar su mirada expandida, desarrollada de verdad, entregada a un argumento…, camino en el cual ahora, en efecto, se avanza de forma celestial.. Cualquier lector de literatura antigua sabe que cuando un personaje ha de atravesar un bosque, el que sale de allí ya no es el mismo que ha entrado: se cuenten o no, en la espesura y en lo salvaje han sucedido cosas transformadoras, iniciáticas, irreversibles. Y ese tópico, con un tratamiento especialmente misterioso y aun desazonante, es el punto de partida de Joi: una niña reaparece tras haberse perdido durante dos años, desde que tenía doce, en el bosque, y por su actitud, por su comportamiento, por su silencio, incluso sus padres llegan a preguntarse si de verdad es su hija, si sigue siendo ella, si no hay en ella algo más, si no hay con ella alguien más.. Lo genial es que todo eso se cuenta desde el punto de vista, aparentemente inocente, de la niña, que no confiesa nada de lo que ha ocurrido en ese tiempo desaparecida pero asiste al terror de sus padres, al miedo de quienes se cruzan con ella, a la curiosidad de los médicos. «Las niñas son mucho más valientes que los hombres», piensa ella misma.. Más que una niña salvaje («la verdadera educación es coger amapolas»), es ya una niña poeta (que después conocerá a Face, quien vive la poesía de otro modo). O, quizá mejor, lo que sucede es que ya era indómita, parte de la naturaleza, desde mucho antes de perderse entre los árboles (y qué hermosa es esa idea de que éstos produzcan más resina cuando ella se va, como si llorasen de ese modo su regreso a la ciudad).. El libro, muy a voluntad, se va convirtiendo en otra cosa y revelando algunos puntos (no muchos: si algo ha demostrado de un modo deseablemente definitivo la poesía es que no hay que hablar de más, que los secretos son sagrados), haciendo excursiones a otros sitios e incluso cambiando de lenguajes, pero el tono del comienzo perdura, algo así como una extrañeza elemental, o una reivindicación de lo profundamente libre y de lo distinto en un mundo apagado por culpa de las convicciones equivocadas. Los temas de Joi son la noche, la enfermedad, la diferencia, la importancia de lo que no existe o, mejor, de lo que no se ve. Y quien entra aquí no sale.
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